La economía argentina, la Odisea y los cantos de sirenas

Mientras la economía navega por aguas inmóviles, Milei conduce atado al mástil

Diego Dequino, 25/05/2024

(también en Milei como Ulises moderno en La Voz)


El gobierno argentino tomó el 10 de diciembre de 2023 una decisión irrenunciable, reducir la participación del Estado en la economía.

Desde ese momento, entre medidas previsibles y acciones repentistas, se dió a la tarea de dejar de gastar sin importar demasiado las formas y sostener los recursos fiscales a como dé lugar.

El enfoque adoptado es el de la sindicatura cuando se hace cargo de una empresa concursada: no pagar a nadie al inicio, hacer caja para tener algo de espalda financiera y luego administrar las presiones de los acreedores mientras se diseña el futuro.

La duda siempre en un concurso de acreedores es si la empresa será rescatada para volver a crecer; o si ineluctablemente deberá ser liquidada antes de quebrar.

Cuando revisamos las acciones de la política económica en curso, predomina la idea que la economía argentina será rescatada para volver a crecer, al margen de los sectores dañados en el camino.

Pero al prestar atención a la retórica política del gobierno, aparecen dudas que nos llevan a pensar que la economía argentina se administra para ser liquidada como mal menor antes de la quiebra.

Debemos comprender que la Argentina durante este año 2024 se moverá con pocos argumentos tecnocráticos sobre la economía y lejos de la sintonía fina, para sostener su trayectoria solo por tensión entre la pura convicción de algunos versus la desesperanza de otros.

Desde la tempestad a la quietud del estanque

En el final de 2023 la Argentina alcanzaba un déficit fiscal incontenible del 15% del PBI, que combinado con la devaluación del 118% con quita de subsidios y liberación de precios regulados, produjeron una llamarada inflacionaria cercana al 1.500% anual.

Cinco meses después la inflación viaja al 90% anual y con pronóstico de seguir descendiendo.

El peso argentino pasó de ser una moneda de fuga, a ser la unidad de cuenta indexada -con CER o UVA- más requerida para atesoramiento a plazos inferiores a tres años y para préstamos a más de cinco años.

Mientras tanto la economía argentina entró en modo stand by, con una caída estimada del 6% del PBI en el primer cuatrimestre, que se suma al -1,6% en 2023.

Los efectos sobre el consumo y la inversión tanto pública como privada, son palpables.

La Argentina al igual que en el relato de la Odisea, mientras Ulises estaba en tránsito hacia Ítaca para volver con su amada Penélope, hubo un determinado momento en que los vientos se transformaron en quietud inmóvil.

Remar para seguir avanzando

La retórica del gobierno al afirmar “no hay plata”, insta a los ciudadanos a ponerse en “modo ahorro” o stand by, en una concepción austera tanto del Estado como de la sociedad.

Las claves económicas de los próximos años están cifradas en torno a la estabilidad monetaria, la desregulación de la actividad económica, achicar el Estado con reducción de la presión fiscal, el regreso del crédito interno para el sector privado y el retorno a los mercados internacionales de créditos.

Los pilares del crecimiento económico seguirán ligados a nuestro sector más competitivo que es el complejo agroexportador, al cuál se sumarán la producción de energía convencional y no convencional, la minería y los sectores blandos de la innovación y la tecnología digital.

Lamentablemente la infraestructura y la construcción deberán esperar que exista claridad sobre los anteriores pilares para sumarse al envión de crecimiento.

Los aumentos en las tarifas de los servicios públicos combinados con un freno en la evolución de los salarios, la reducción de las jubilaciones, el aumento de la informalidad laboral está produciendo un fenómeno de igualación hacia abajo en gran parte de la población.

Cartografía con forma de U

Mientras los ciudadanos subsistimos como trabajadores, desempleados, estudiantes o retirados deberemos seguir aguantando con estoicidad los cantos de sirenas que nos invitan a abandonar el viaje.

Evitar que la población renuncie a los esfuerzos económicos extraordinarios en volumen e inéditos en alcance que está afrontando, es una llave crítica para que el plan económico del gobierno no se dilapide en la mitad del proceso.

El final de la inmovilidad económica comenzará cuando los nuevos precios relativos se consoliden, allí será el final -cada vez más ansiado- en la caída de la economía.

La recuperación económica, esperada a partir del segundo semestre, dependerá de cuán rápidos prendan los créditos al consumo y la inversión que incipientemente comenzaron a ofrecer las entidades bancarias.

Esta recuperación con forma de U solamente se consolidará si el gobierno es capaz de encontrar una solución al cepo sobre el dólar, simple y comprensible para todos.

La vuelta al crecimiento

Los argentinos fuimos seducidos reiteradas veces y de variadas formas, incluso de manera poco ética, para convencernos de que la política era capaz de conducir a la economía a un mejor lugar.

Milei, visto a sí mismo como un Ulises moderno, quiere demostrar que superaremos las adversidades, liderados por su temple y astucia.

Intenta convencernos de que se preparó debidamente para enfrentarse al peor de los escenarios, guiándonos para salvarnos de la muerte segura por hiperinflación.

Pero también nos muestra a alguien impulsivo y temerario, que incluso se pone a sí mismo en peligro con tal de lograr su propósito.

Como Ulises, Milei viaja atado al mástil para resistir la tentación de conducirnos a un nuevo estancamiento económico, mientras todos los ciudadanos remamos con fuerza aceptando no escuchar los cantos de sirenas que buscan atraernos a las calmadas costas de bellas islas con el fin de ahogarnos.

Si bien el relato es narrado con éxito en la Odisea, no siempre se tiene la misma suerte que Ulises.

 

En cien días Milei presidente asoma un cambio de época

 La economía argentina ante un cambio de época

Diego Dequino, 21/03/2024

especial para La Voz del Interior

https://www.lavoz.com.ar/negocios/la-economia-argentina-ante-un-cambio-de-epoca/


Los estados nacionales, provinciales y municipales avanzaron sin cesar sobre el sector privado en materia de presión fiscal desde el año 2006, agravando la situación desde 2012 porque la economía argentina dejó de crecer.

Los tres niveles de gobierno deberían como mínimo quitar 4% del PBI de presión fiscal, es decir USD 20 mil millones anuales menos de impuestos, para desandar la contradicción de que lo único que crece es el estado.

Los ingresos fiscales de cada nivel del estado deberían bajar entre 10% y 15%, dependiendo del punto de partida, mientras que los gastos deben caer más para tener equilibrio fiscal.

El gobierno nacional parece haberse tomado en serio esta tarea ya que en el bimestre enero-febrero 2024 los ingresos fiscales bajaron 6% y los gastos cayeron 38%, ambos en términos reales. 

Existen nexos causales sutiles, no explícitos, en la retórica del gobierno que dan cuenta de que detrás de la afirmación “no hay plata”, se está instando a la sociedad a ponerse en “modo ahorro”.

La concepción austera en la gestión de los recursos públicos, sumado a un conjunto de medidas de política cuyos resultados comienzan a expresarse, constituyen los primeros rasgos definidos de un cambio de época.

Cien días de motosierra y licuadora

  1. Anticipando el fin del cepo al dólar

Los pesos y las reservas en el Banco Central durante 2020-2023 se sometieron a una emisión desmesurada, sin metas cuantitativas de ningún tipo.

No obstante, al analizar el período de los últimos 200 días, el cambio de tendencia es elocuente.

Cuando se comparan los últimos 100 días del gobierno de Fernandez y los primeros 100 días del gobierno de Milei, si bien la cantidad de dinero emitida ajustada por inflación fue similar, la diferencia en la evolución de las reservas brutas es notable: pasaron de caer 25%, a subir 32%.

Para resumir la magnitud en el cambio de expectativas: pasamos de quemar 70 mil millones de pesos por día para comprar dólares, a capturar diariamente esa misma cantidad de pesos vendiendo dólares.

Mientras tanto la tasa de interés en pesos bajó fuerte de apenas positiva a negativa, forzando un reacomodamiento brutal de las carteras que facilitó al Tesoro Nacional comenzar a adecuar la enorme curva de deuda en pesos.

  1. El plan Bonex que no fué

Antes de ponerse en marcha la convertibilidad en abril de 1991 hubo una apropiación compulsiva desde el estado de los depósitos a plazo en dólares, a cambio de un bono a diez años: Bonex 89.

Las necesidades financieras del gobierno nacional en 2023 se estimaron en treinta billones de pesos según el presupuesto, ese número quedó viejo rápidamente por la inflación creciente.

Cuando el ministro Massa decidió impulsar el plan llamado platita, incluyendo la irracional eliminación del impuestos a las ganancias en cuarta categoría, las reales necesidades financieras dejaron de ser un dato relevante siendo reemplazadas por el monto de los vencimientos de deuda en pesos y su calendario semanal.

Los canjes voluntarios de deuda durante 2024 por cincuenta billones de pesos o dos veces las reservas del Banco Central, estiraron plazos a más de veinticuatro meses, impusieron tasas de interés negativas y se libraron de pagar servicios.

Ello permitió que el gobierno vuelva a disponer del recurso más valioso de la planificación financiera, el tiempo, mientras retiró una enorme cantidad de pesos que semana a semana azuzaban el fuego inflacionario.

  1. Las jubilaciones en la licuadora

Más de la mitad de los actuales jubilados cobran como si hubieran aportado de manera regular durante treinta años, aunque lo hicieron parcialmente o no lo hicieron. 

Esta situación es independiente de si trabajaron o cuánto lo hicieron a lo largo de su vida laboral, pero ayuda a explicar porqué el 90% de ellos cobra la jubilación mínima.

En números duros existe un desfase negativo de 3% del PBI entre lo aportado por el colectivo de trabajadores durante su vida activa, respecto del colectivo de jubilados actuales. 

Desde la aceleración inflacionaria de diciembre de 2023, la fórmula de movilidad jubilatoria vigente desde el año 2021 se transformó en el mecanismo automático de ajuste horizontal que licúa a todos los jubilados por igual. 

  1. Un PAMI de rutas que no se hicieron

Cada vez que cargamos combustibles pagamos un impuesto que recauda 0,5% del PBI, con un promedio superior a los USD 3 mil millones año.

El 20% aproximadamente corresponde a la tasa al gasoil y GNC que desde el año 2001 se reserva para apalancar proyectos de infraestructura de transporte vial y ferroviaria.

Estos fondos recaudados fueron USD 10 mil millones más rentas e intereses, por lo cual por sí solos deberían haber sido suficientes para incorporar aproximadamente 10 mil km de autopistas, pero no fue así.

Mientras la infraestructura vial del país se deterioró, los gobiernos eligieron subsidiar los servicios públicos de transporte de pasajeros, a través de un complejo modelo de gestión plagado de intermediarios cuyos beneficiarios fueron las empresas privadas que componen al sistema de infraestructura de transporte.

La decisión de suspender el giro de estos fondos cortó un mecanismo de pobres resultados en materia de infraestructura (0,1% del PBI) por un monto mayor a la asistencia anual que el gobierno asigna al PAMI.

Un cambio de época para que la economía crezca

Las claves del plan económico parecen cifrarse en torno a sostener un esquema de superávits gemelos, donde el comercio exterior provee las divisas para la economía, mientras el resultado fiscal permite monetizar los dólares sin riesgos inflacionarios.

Logrando los cometidos enunciados, la recuperación de la economía será en forma de U, con un caída vertical que aún no termina pero que se atenuará en el segundo trimestre.

Durante la segunda mitad del año comenzará el recorrido del segundo tramo de la U donde la velocidad de recuperación se irá acelerando progresivamente.

Es necesario señalar que los ganadores serán diferentes a los que protagonizaron los últimos veinte años, debido al cambio en la nube de precios relativos y la quita de prebendas del estado.

Los superávits gemelos implican ahorrar, por lo cual sostenerlos exigirá mantener controlado el conflicto social mientras se encienden los motores apuntados para el crecimiento de la economía: exportaciones e inversiones.

En una sociedad acostumbrada a monitorear desde hace décadas solamente el consumo como medida de éxito de la economía, mientras la infraestructura se cae a pedazos, este enfoque diferente con un gobierno ocupado de implementarlo expresa sin dudas un cambio de época.

En cien días Milei presidente asoma un cambio de época

 La economía argentina ante un cambio de época

Diego Dequino, 21/03/2024

especial para La Voz del Interior

https://www.lavoz.com.ar/negocios/la-economia-argentina-ante-un-cambio-de-epoca/


Los estados nacionales, provinciales y municipales avanzaron sin cesar sobre el sector privado en materia de presión fiscal desde el año 2006, agravando la situación desde 2012 porque la economía argentina dejó de crecer.

Los tres niveles de gobierno deberían como mínimo quitar 4% del PBI de presión fiscal, es decir USD 20 mil millones anuales menos de impuestos, para desandar la contradicción de que lo único que crece es el estado.

Los ingresos fiscales de cada nivel del estado deberían bajar entre 10% y 15%, dependiendo del punto de partida, mientras que los gastos deben caer más para tener equilibrio fiscal.

El gobierno nacional parece haberse tomado en serio esta tarea ya que en el bimestre enero-febrero 2024 los ingresos fiscales bajaron 6% y los gastos cayeron 38%, ambos en términos reales. 

Existen nexos causales sutiles, no explícitos, en la retórica del gobierno que dan cuenta de que detrás de la afirmación “no hay plata”, se está instando a la sociedad a ponerse en “modo ahorro”.

La concepción austera en la gestión de los recursos públicos, sumado a un conjunto de medidas de política cuyos resultados comienzan a expresarse, constituyen los primeros rasgos definidos de un cambio de época.

Cien días de motosierra y licuadora

  1. Anticipando el fin del cepo al dólar

Los pesos y las reservas en el Banco Central durante 2020-2023 se sometieron a una emisión desmesurada, sin metas cuantitativas de ningún tipo.

No obstante, al analizar el período de los últimos 200 días, el cambio de tendencia es elocuente.

Cuando se comparan los últimos 100 días del gobierno de Fernandez y los primeros 100 días del gobierno de Milei, si bien la cantidad de dinero emitida ajustada por inflación fue similar, la diferencia en la evolución de las reservas brutas es notable: pasaron de caer 25%, a subir 32%.

Para resumir la magnitud en el cambio de expectativas: pasamos de quemar 70 mil millones de pesos por día para comprar dólares, a capturar diariamente esa misma cantidad de pesos vendiendo dólares.

Mientras tanto la tasa de interés en pesos bajó fuerte de apenas positiva a negativa, forzando un reacomodamiento brutal de las carteras que facilitó al Tesoro Nacional comenzar a adecuar la enorme curva de deuda en pesos.

  1. El plan Bonex que no fué

Antes de ponerse en marcha la convertibilidad en abril de 1991 hubo una apropiación compulsiva desde el estado de los depósitos a plazo en dólares, a cambio de un bono a diez años: Bonex 89.

Las necesidades financieras del gobierno nacional en 2023 se estimaron en treinta billones de pesos según el presupuesto, ese número quedó viejo rápidamente por la inflación creciente.

Cuando el ministro Massa decidió impulsar el plan llamado platita, incluyendo la irracional eliminación del impuestos a las ganancias en cuarta categoría, las reales necesidades financieras dejaron de ser un dato relevante siendo reemplazadas por el monto de los vencimientos de deuda en pesos y su calendario semanal.

Los canjes voluntarios de deuda durante 2024 por cincuenta billones de pesos o dos veces las reservas del Banco Central, estiraron plazos a más de veinticuatro meses, impusieron tasas de interés negativas y se libraron de pagar servicios.

Ello permitió que el gobierno vuelva a disponer del recurso más valioso de la planificación financiera, el tiempo, mientras retiró una enorme cantidad de pesos que semana a semana azuzaban el fuego inflacionario.

  1. Las jubilaciones en la licuadora

Más de la mitad de los actuales jubilados cobran como si hubieran aportado de manera regular durante treinta años, aunque lo hicieron parcialmente o no lo hicieron. 

Esta situación es independiente de si trabajaron o cuánto lo hicieron a lo largo de su vida laboral, pero ayuda a explicar porqué el 90% de ellos cobra la jubilación mínima.

En números duros existe un desfase negativo de 3% del PBI entre lo aportado por el colectivo de trabajadores durante su vida activa, respecto del colectivo de jubilados actuales. 

Desde la aceleración inflacionaria de diciembre de 2023, la fórmula de movilidad jubilatoria vigente desde el año 2021 se transformó en el mecanismo automático de ajuste horizontal que licúa a todos los jubilados por igual. 

  1. Un PAMI de rutas que no se hicieron

Cada vez que cargamos combustibles pagamos un impuesto que recauda 0,5% del PBI, con un promedio superior a los USD 3 mil millones año.

El 20% aproximadamente corresponde a la tasa al gasoil y GNC que desde el año 2001 se reserva para apalancar proyectos de infraestructura de transporte vial y ferroviaria.

Estos fondos recaudados fueron USD 10 mil millones más rentas e intereses, por lo cual por sí solos deberían haber sido suficientes para incorporar aproximadamente 10 mil km de autopistas, pero no fue así.

Mientras la infraestructura vial del país se deterioró, los gobiernos eligieron subsidiar los servicios públicos de transporte de pasajeros, a través de un complejo modelo de gestión plagado de intermediarios cuyos beneficiarios fueron las empresas privadas que componen al sistema de infraestructura de transporte.

La decisión de suspender el giro de estos fondos cortó un mecanismo de pobres resultados en materia de infraestructura (0,1% del PBI) por un monto mayor a la asistencia anual que el gobierno asigna al PAMI.

Un cambio de época para que la economía crezca

Las claves del plan económico parecen cifrarse en torno a sostener un esquema de superávits gemelos, donde el comercio exterior provee las divisas para la economía, mientras el resultado fiscal permite monetizar los dólares sin riesgos inflacionarios.

Logrando los cometidos enunciados, la recuperación de la economía será en forma de U, con un caída vertical que aún no termina pero que se atenuará en el segundo trimestre.

Durante la segunda mitad del año comenzará el recorrido del segundo tramo de la U donde la velocidad de recuperación se irá acelerando progresivamente.

Es necesario señalar que los ganadores serán diferentes a los que protagonizaron los últimos veinte años, debido al cambio en la nube de precios relativos y la quita de prebendas del estado.

Los superávits gemelos implican ahorrar, por lo cual sostenerlos exigirá mantener controlado el conflicto social mientras se encienden los motores apuntados para el crecimiento de la economía: exportaciones e inversiones.

En una sociedad acostumbrada a monitorear desde hace décadas solamente el consumo como medida de éxito de la economía, mientras la infraestructura se cae a pedazos, este enfoque diferente con un gobierno ocupado de implementarlo expresa sin dudas un cambio de época.

En cien días Milei presidente asoma un cambio de época

 La economía argentina ante un cambio de época

Diego Dequino, 21/03/2024

especial para La Voz del Interior

https://www.lavoz.com.ar/negocios/la-economia-argentina-ante-un-cambio-de-epoca/


Los estados nacionales, provinciales y municipales avanzaron sin cesar sobre el sector privado en materia de presión fiscal desde el año 2006, agravando la situación desde 2012 porque la economía argentina dejó de crecer.

Los tres niveles de gobierno deberían como mínimo quitar 4% del PBI de presión fiscal, es decir USD 20 mil millones anuales menos de impuestos, para desandar la contradicción de que lo único que crece es el estado.

Los ingresos fiscales de cada nivel del estado deberían bajar entre 10% y 15%, dependiendo del punto de partida, mientras que los gastos deben caer más para tener equilibrio fiscal.

El gobierno nacional parece haberse tomado en serio esta tarea ya que en el bimestre enero-febrero 2024 los ingresos fiscales bajaron 6% y los gastos cayeron 38%, ambos en términos reales. 

Existen nexos causales sutiles, no explícitos, en la retórica del gobierno que dan cuenta de que detrás de la afirmación “no hay plata”, se está instando a la sociedad a ponerse en “modo ahorro”.

La concepción austera en la gestión de los recursos públicos, sumado a un conjunto de medidas de política cuyos resultados comienzan a expresarse, constituyen los primeros rasgos definidos de un cambio de época.

Cien días de motosierra y licuadora

  1. Anticipando el fin del cepo al dólar

Los pesos y las reservas en el Banco Central durante 2020-2023 se sometieron a una emisión desmesurada, sin metas cuantitativas de ningún tipo.

No obstante, al analizar el período de los últimos 200 días, el cambio de tendencia es elocuente.

Cuando se comparan los últimos 100 días del gobierno de Fernandez y los primeros 100 días del gobierno de Milei, si bien la cantidad de dinero emitida ajustada por inflación fue similar, la diferencia en la evolución de las reservas brutas es notable: pasaron de caer 25%, a subir 32%.

Para resumir la magnitud en el cambio de expectativas: pasamos de quemar 70 mil millones de pesos por día para comprar dólares, a capturar diariamente esa misma cantidad de pesos vendiendo dólares.

Mientras tanto la tasa de interés en pesos bajó fuerte de apenas positiva a negativa, forzando un reacomodamiento brutal de las carteras que facilitó al Tesoro Nacional comenzar a adecuar la enorme curva de deuda en pesos.

  1. El plan Bonex que no fué

Antes de ponerse en marcha la convertibilidad en abril de 1991 hubo una apropiación compulsiva desde el estado de los depósitos a plazo en dólares, a cambio de un bono a diez años: Bonex 89.

Las necesidades financieras del gobierno nacional en 2023 se estimaron en treinta billones de pesos según el presupuesto, ese número quedó viejo rápidamente por la inflación creciente.

Cuando el ministro Massa decidió impulsar el plan llamado platita, incluyendo la irracional eliminación del impuestos a las ganancias en cuarta categoría, las reales necesidades financieras dejaron de ser un dato relevante siendo reemplazadas por el monto de los vencimientos de deuda en pesos y su calendario semanal.

Los canjes voluntarios de deuda durante 2024 por cincuenta billones de pesos o dos veces las reservas del Banco Central, estiraron plazos a más de veinticuatro meses, impusieron tasas de interés negativas y se libraron de pagar servicios.

Ello permitió que el gobierno vuelva a disponer del recurso más valioso de la planificación financiera, el tiempo, mientras retiró una enorme cantidad de pesos que semana a semana azuzaban el fuego inflacionario.

  1. Las jubilaciones en la licuadora

Más de la mitad de los actuales jubilados cobran como si hubieran aportado de manera regular durante treinta años, aunque lo hicieron parcialmente o no lo hicieron. 

Esta situación es independiente de si trabajaron o cuánto lo hicieron a lo largo de su vida laboral, pero ayuda a explicar porqué el 90% de ellos cobra la jubilación mínima.

En números duros existe un desfase negativo de 3% del PBI entre lo aportado por el colectivo de trabajadores durante su vida activa, respecto del colectivo de jubilados actuales. 

Desde la aceleración inflacionaria de diciembre de 2023, la fórmula de movilidad jubilatoria vigente desde el año 2021 se transformó en el mecanismo automático de ajuste horizontal que licúa a todos los jubilados por igual. 

  1. Un PAMI de rutas que no se hicieron

Cada vez que cargamos combustibles pagamos un impuesto que recauda 0,5% del PBI, con un promedio superior a los USD 3 mil millones año.

El 20% aproximadamente corresponde a la tasa al gasoil y GNC que desde el año 2001 se reserva para apalancar proyectos de infraestructura de transporte vial y ferroviaria.

Estos fondos recaudados fueron USD 10 mil millones más rentas e intereses, por lo cual por sí solos deberían haber sido suficientes para incorporar aproximadamente 10 mil km de autopistas, pero no fue así.

Mientras la infraestructura vial del país se deterioró, los gobiernos eligieron subsidiar los servicios públicos de transporte de pasajeros, a través de un complejo modelo de gestión plagado de intermediarios cuyos beneficiarios fueron las empresas privadas que componen al sistema de infraestructura de transporte.

La decisión de suspender el giro de estos fondos cortó un mecanismo de pobres resultados en materia de infraestructura (0,1% del PBI) por un monto mayor a la asistencia anual que el gobierno asigna al PAMI.

Un cambio de época para que la economía crezca

Las claves del plan económico parecen cifrarse en torno a sostener un esquema de superávits gemelos, donde el comercio exterior provee las divisas para la economía, mientras el resultado fiscal permite monetizar los dólares sin riesgos inflacionarios.

Logrando los cometidos enunciados, la recuperación de la economía será en forma de U, con un caída vertical que aún no termina pero que se atenuará en el segundo trimestre.

Durante la segunda mitad del año comenzará el recorrido del segundo tramo de la U donde la velocidad de recuperación se irá acelerando progresivamente.

Es necesario señalar que los ganadores serán diferentes a los que protagonizaron los últimos veinte años, debido al cambio en la nube de precios relativos y la quita de prebendas del estado.

Los superávits gemelos implican ahorrar, por lo cual sostenerlos exigirá mantener controlado el conflicto social mientras se encienden los motores apuntados para el crecimiento de la economía: exportaciones e inversiones.

En una sociedad acostumbrada a monitorear desde hace décadas solamente el consumo como medida de éxito de la economía, mientras la infraestructura se cae a pedazos, este enfoque diferente con un gobierno ocupado de implementarlo expresa sin dudas un cambio de época.

Balotaje presidencial 2023 y la economía argentina

¡Escuchá! Muchachos nos volvimos a ilusionar

Diego Dequino, 17/11/2023


La Argentina se prepara para disputar su propia copa, al margen de quienes integren el equipo que ingrese al campo de juego el próximo 10 de diciembre.

La fase grupos la sortearemos cuando vayamos al supermercado sabiendo cuánto valen los productos antes de subirlos al carrito.

Superar la ronda eliminatoria consistirá en volver a guardar un poco de dinero, durante algunas semanas, sin la angustia de saber que cada día vale menos. 

Pasar las semifinales será comprar en cuotitas fijas de 24 o 36 meses una heladera, una tele, una computadora, los materiales del quincho.

Si ganamos la copa, es porque logramos comprar un auto, un departamento, una casa o un terreno en cuotas pagables a lo largo de 15 o 20 años.

Recién en ese momento podremos pasar a disputar las ligas mayores del crecimiento sostenido, de la mejora permanente en el poder adquisitivo, de ser referencia en el desempeño económico, y ¿por qué no? lograr que la Argentina sea el lugar que todos con alegría elijamos para prosperar.

El primer partido, la inflación

El próximo año será duro y complejo en materia económica. Los errores no forzados que puedan cometerse en materia del plan económico nos expondrá al riesgo de dejarnos sin moneda, sin precios relativos y sin dólares.

La inflación de diciembre se acelerará independientemente de si el ganador del balotaje es “dolarizador” o “pesificador”, porque aumentará la cobertura de los sectores debido a inevitables medidas de corrección del tipo de cambio y de precios ancla de la economía.

El año 2023 concluirá con una inflación anual próxima al 170%, valor que casi duplica la inflación del año 2022, que a su vez casi duplicó la inflación del año 2021.

La inflación seguirá su curso hacia valores cercanos al 300% anual, a menos que se produzcan cambios significativos entre los precios relativos del dólar, las tarifas y los ingresos fijos; se cierre la monetización permanente para financiar déficit fiscal y cuasifiscal; y comience la recuperación del crédito para familias y empresas.

Rodando pesos o dólares

El primer gran interrogante que se comienza a desvelar este domingo es la moneda de referencia que utilizaremos en los meses venideros, ello servirá para saber si el calendario de la contienda económica se jugará en un campo signado por el peso o por el dólar.

El feriado del próximo lunes otorga 24hs para reflexionar sobre cómo podrían desarrollarse los meses venideros, aprovechemos e imaginemos los probables escenarios.

Si jugamos en pesos

Con un Massa ganador y su programa de sostener el peso como única moneda de curso legal, es probable que se intente ordenar el mercado de cambios en torno a tres tipos de dólares.

Un dólar de comercio exterior para importaciones, que será el dólar oficial actual con una actualización diaria más acelerada que la inflación. 

Un dólar de comercio exterior para exportaciones con un esquema similar al actual del mix entre 70% valor oficial importador y 30% CCL, que arroja un valor hoy de quinientos treinta pesos aproximadamente.

Un tipo de cambio para cancelar el resto de los contratos (financieros, turismo, atesoramiento, etc) arbitrado contra bonos del tesoro, como el dólar MEP y el dólar CCL, cuyos precios hoy rondan los novecientos pesos.

En tal caso la apuesta será apurar la corrección del tipo de cambio de importación y seguir ralentizando la suba del arbitrado con bonos, para buscar converger a un tipo de cambio único en dieciocho o más meses.

El éxito de esta estrategia dependerá de la evolución de las reservas, donde el gobierno quiere cambiar la ecuación del ingreso-salida de divisas mediante recomponer el saldo exportador neto para el año 2024 en unos USD2 mil millones mensuales promedio; basado en un mejor resultado sostenido por energía y agroexportables.

Si jugamos en dólares

Con un Milei ganador y su programa de dolarización de la economía, es probable que durante al menos los primeros ocho meses tengamos dos tipos de cambio.

Un tipo de cambio comercial para comercio exterior, que seguramente será un valor cercano a los quinientos cincuenta pesos en el inicio.

Un tipo de cambio de libre acceso, con amplia condonación para ofertar dólares atesorados por la población, para todo tipo de operaciones (financieras, ahorro, giro de divisas, servicios personales incluyendo el turismo, etc), con un valor de partida que pondrá el mercado, difícil de predecir aunque por mera intuición podría ser el doble que el anterior.

En este programa la apuesta principal más probable será fortalecer la oferta interna de dólares billetes y dólares bancarios, hoy inexistente, a través de facilitar la cancelación de contratos de la economía en dicha moneda. 

Es previsible entonces que se intente la convergencia de ambos mercados durante esos meses a un valor intermedio. 

En este esquema de una dolarización progresiva de la economía, será importante comprender si el Banco Central será solo regulador del sistema bancario, o también será organizador de la oferta de dinero de la economía.

Todos a alentar

Inflación, déficit fiscal, presión impositiva, normalización cambiaria, recuperación del crédito para la gente, crecimiento del empleo privado, frenar la sangría de informalidad en las relaciones económicas; serán entre otros los partidos del calendario que la economía argentina disputará en 48 meses.

El próximo 10 de diciembre cultores del juego estilizado de Menotti, adherentes al resultadismo de Bilardo y amantes del fútbol champagne de Scaloni, estaremos todos juntos alentando al equipo que la gente decida que dispute el fixture para lograr que la Argentina recupere la moneda y el crédito.

La economía argentina debe dejar de ser el talismán de la frustración permanente para convertirse en una parábola de nuestro fútbol, incluso si perdemos el partido debut como ocurrió en el último mundial.

Balotaje presidencial 2023 y la economía argentina

¡Escuchá! Muchachos nos volvimos a ilusionar

Diego Dequino, 17/11/2023


La Argentina se prepara para disputar su propia copa, al margen de quienes integren el equipo que ingrese al campo de juego el próximo 10 de diciembre.

La fase grupos la sortearemos cuando vayamos al supermercado sabiendo cuánto valen los productos antes de subirlos al carrito.

Superar la ronda eliminatoria consistirá en volver a guardar un poco de dinero, durante algunas semanas, sin la angustia de saber que cada día vale menos. 

Pasar las semifinales será comprar en cuotitas fijas de 24 o 36 meses una heladera, una tele, una computadora, los materiales del quincho.

Si ganamos la copa, es porque logramos comprar un auto, un departamento, una casa o un terreno en cuotas pagables a lo largo de 15 o 20 años.

Recién en ese momento podremos pasar a disputar las ligas mayores del crecimiento sostenido, de la mejora permanente en el poder adquisitivo, de ser referencia en el desempeño económico, y ¿por qué no? lograr que la Argentina sea el lugar que todos con alegría elijamos para prosperar.

El primer partido, la inflación

El próximo año será duro y complejo en materia económica. Los errores no forzados que puedan cometerse en materia del plan económico nos expondrá al riesgo de dejarnos sin moneda, sin precios relativos y sin dólares.

La inflación de diciembre se acelerará independientemente de si el ganador del balotaje es “dolarizador” o “pesificador”, porque aumentará la cobertura de los sectores debido a inevitables medidas de corrección del tipo de cambio y de precios ancla de la economía.

El año 2023 concluirá con una inflación anual próxima al 170%, valor que casi duplica la inflación del año 2022, que a su vez casi duplicó la inflación del año 2021.

La inflación seguirá su curso hacia valores cercanos al 300% anual, a menos que se produzcan cambios significativos entre los precios relativos del dólar, las tarifas y los ingresos fijos; se cierre la monetización permanente para financiar déficit fiscal y cuasifiscal; y comience la recuperación del crédito para familias y empresas.

Rodando pesos o dólares

El primer gran interrogante que se comienza a desvelar este domingo es la moneda de referencia que utilizaremos en los meses venideros, ello servirá para saber si el calendario de la contienda económica se jugará en un campo signado por el peso o por el dólar.

El feriado del próximo lunes otorga 24hs para reflexionar sobre cómo podrían desarrollarse los meses venideros, aprovechemos e imaginemos los probables escenarios.

Si jugamos en pesos

Con un Massa ganador y su programa de sostener el peso como única moneda de curso legal, es probable que se intente ordenar el mercado de cambios en torno a tres tipos de dólares.

Un dólar de comercio exterior para importaciones, que será el dólar oficial actual con una actualización diaria más acelerada que la inflación. 

Un dólar de comercio exterior para exportaciones con un esquema similar al actual del mix entre 70% valor oficial importador y 30% CCL, que arroja un valor hoy de quinientos treinta pesos aproximadamente.

Un tipo de cambio para cancelar el resto de los contratos (financieros, turismo, atesoramiento, etc) arbitrado contra bonos del tesoro, como el dólar MEP y el dólar CCL, cuyos precios hoy rondan los novecientos pesos.

En tal caso la apuesta será apurar la corrección del tipo de cambio de importación y seguir ralentizando la suba del arbitrado con bonos, para buscar converger a un tipo de cambio único en dieciocho o más meses.

El éxito de esta estrategia dependerá de la evolución de las reservas, donde el gobierno quiere cambiar la ecuación del ingreso-salida de divisas mediante recomponer el saldo exportador neto para el año 2024 en unos USD2 mil millones mensuales promedio; basado en un mejor resultado sostenido por energía y agroexportables.

Si jugamos en dólares

Con un Milei ganador y su programa de dolarización de la economía, es probable que durante al menos los primeros ocho meses tengamos dos tipos de cambio.

Un tipo de cambio comercial para comercio exterior, que seguramente será un valor cercano a los quinientos cincuenta pesos en el inicio.

Un tipo de cambio de libre acceso, con amplia condonación para ofertar dólares atesorados por la población, para todo tipo de operaciones (financieras, ahorro, giro de divisas, servicios personales incluyendo el turismo, etc), con un valor de partida que pondrá el mercado, difícil de predecir aunque por mera intuición podría ser el doble que el anterior.

En este programa la apuesta principal más probable será fortalecer la oferta interna de dólares billetes y dólares bancarios, hoy inexistente, a través de facilitar la cancelación de contratos de la economía en dicha moneda. 

Es previsible entonces que se intente la convergencia de ambos mercados durante esos meses a un valor intermedio. 

En este esquema de una dolarización progresiva de la economía, será importante comprender si el Banco Central será solo regulador del sistema bancario, o también será organizador de la oferta de dinero de la economía.

Todos a alentar

Inflación, déficit fiscal, presión impositiva, normalización cambiaria, recuperación del crédito para la gente, crecimiento del empleo privado, frenar la sangría de informalidad en las relaciones económicas; serán entre otros los partidos del calendario que la economía argentina disputará en 48 meses.

El próximo 10 de diciembre cultores del juego estilizado de Menotti, adherentes al resultadismo de Bilardo y amantes del fútbol champagne de Scaloni, estaremos todos juntos alentando al equipo que la gente decida que dispute el fixture para lograr que la Argentina recupere la moneda y el crédito.

La economía argentina debe dejar de ser el talismán de la frustración permanente para convertirse en una parábola de nuestro fútbol, incluso si perdemos el partido debut como ocurrió en el último mundial.

Balotaje presidencial 2023 y la economía argentina

¡Escuchá! Muchachos nos volvimos a ilusionar

Diego Dequino, 17/11/2023


La Argentina se prepara para disputar su propia copa, al margen de quienes integren el equipo que ingrese al campo de juego el próximo 10 de diciembre.

La fase grupos la sortearemos cuando vayamos al supermercado sabiendo cuánto valen los productos antes de subirlos al carrito.

Superar la ronda eliminatoria consistirá en volver a guardar un poco de dinero, durante algunas semanas, sin la angustia de saber que cada día vale menos. 

Pasar las semifinales será comprar en cuotitas fijas de 24 o 36 meses una heladera, una tele, una computadora, los materiales del quincho.

Si ganamos la copa, es porque logramos comprar un auto, un departamento, una casa o un terreno en cuotas pagables a lo largo de 15 o 20 años.

Recién en ese momento podremos pasar a disputar las ligas mayores del crecimiento sostenido, de la mejora permanente en el poder adquisitivo, de ser referencia en el desempeño económico, y ¿por qué no? lograr que la Argentina sea el lugar que todos con alegría elijamos para prosperar.

El primer partido, la inflación

El próximo año será duro y complejo en materia económica. Los errores no forzados que puedan cometerse en materia del plan económico nos expondrá al riesgo de dejarnos sin moneda, sin precios relativos y sin dólares.

La inflación de diciembre se acelerará independientemente de si el ganador del balotaje es “dolarizador” o “pesificador”, porque aumentará la cobertura de los sectores debido a inevitables medidas de corrección del tipo de cambio y de precios ancla de la economía.

El año 2023 concluirá con una inflación anual próxima al 170%, valor que casi duplica la inflación del año 2022, que a su vez casi duplicó la inflación del año 2021.

La inflación seguirá su curso hacia valores cercanos al 300% anual, a menos que se produzcan cambios significativos entre los precios relativos del dólar, las tarifas y los ingresos fijos; se cierre la monetización permanente para financiar déficit fiscal y cuasifiscal; y comience la recuperación del crédito para familias y empresas.

Rodando pesos o dólares

El primer gran interrogante que se comienza a desvelar este domingo es la moneda de referencia que utilizaremos en los meses venideros, ello servirá para saber si el calendario de la contienda económica se jugará en un campo signado por el peso o por el dólar.

El feriado del próximo lunes otorga 24hs para reflexionar sobre cómo podrían desarrollarse los meses venideros, aprovechemos e imaginemos los probables escenarios.

Si jugamos en pesos

Con un Massa ganador y su programa de sostener el peso como única moneda de curso legal, es probable que se intente ordenar el mercado de cambios en torno a tres tipos de dólares.

Un dólar de comercio exterior para importaciones, que será el dólar oficial actual con una actualización diaria más acelerada que la inflación. 

Un dólar de comercio exterior para exportaciones con un esquema similar al actual del mix entre 70% valor oficial importador y 30% CCL, que arroja un valor hoy de quinientos treinta pesos aproximadamente.

Un tipo de cambio para cancelar el resto de los contratos (financieros, turismo, atesoramiento, etc) arbitrado contra bonos del tesoro, como el dólar MEP y el dólar CCL, cuyos precios hoy rondan los novecientos pesos.

En tal caso la apuesta será apurar la corrección del tipo de cambio de importación y seguir ralentizando la suba del arbitrado con bonos, para buscar converger a un tipo de cambio único en dieciocho o más meses.

El éxito de esta estrategia dependerá de la evolución de las reservas, donde el gobierno quiere cambiar la ecuación del ingreso-salida de divisas mediante recomponer el saldo exportador neto para el año 2024 en unos USD2 mil millones mensuales promedio; basado en un mejor resultado sostenido por energía y agroexportables.

Si jugamos en dólares

Con un Milei ganador y su programa de dolarización de la economía, es probable que durante al menos los primeros ocho meses tengamos dos tipos de cambio.

Un tipo de cambio comercial para comercio exterior, que seguramente será un valor cercano a los quinientos cincuenta pesos en el inicio.

Un tipo de cambio de libre acceso, con amplia condonación para ofertar dólares atesorados por la población, para todo tipo de operaciones (financieras, ahorro, giro de divisas, servicios personales incluyendo el turismo, etc), con un valor de partida que pondrá el mercado, difícil de predecir aunque por mera intuición podría ser el doble que el anterior.

En este programa la apuesta principal más probable será fortalecer la oferta interna de dólares billetes y dólares bancarios, hoy inexistente, a través de facilitar la cancelación de contratos de la economía en dicha moneda. 

Es previsible entonces que se intente la convergencia de ambos mercados durante esos meses a un valor intermedio. 

En este esquema de una dolarización progresiva de la economía, será importante comprender si el Banco Central será solo regulador del sistema bancario, o también será organizador de la oferta de dinero de la economía.

Todos a alentar

Inflación, déficit fiscal, presión impositiva, normalización cambiaria, recuperación del crédito para la gente, crecimiento del empleo privado, frenar la sangría de informalidad en las relaciones económicas; serán entre otros los partidos del calendario que la economía argentina disputará en 48 meses.

El próximo 10 de diciembre cultores del juego estilizado de Menotti, adherentes al resultadismo de Bilardo y amantes del fútbol champagne de Scaloni, estaremos todos juntos alentando al equipo que la gente decida que dispute el fixture para lograr que la Argentina recupere la moneda y el crédito.

La economía argentina debe dejar de ser el talismán de la frustración permanente para convertirse en una parábola de nuestro fútbol, incluso si perdemos el partido debut como ocurrió en el último mundial.

COYUNTURA INFLACIONARIA – IPC agos-23 12,4%

 

Opinión sobre
la coyuntura inflacionaria

Diego Dequino

06/09/2023

     
La inflación minorista en agosto
nacional seguramente arrojará valores cercanos al 12%. Dicho valor casi duplica
la inflación del mes anterior julio y eso es un salto significativo en los
precios que no se puede soslayar.

     
Los valores de inflación en
septiembre seguramente seguirán en porcentajes similares, pero en octubre al
ser el mes de las elecciones es muy probable que algunos precios se disparen
aún más. Algunos sectores de actividad económica intentarán cubrirse antes del
resultado de la elección del 22-oct.

     
Si agosto y septiembre fueran
meses típicos de una serie anual, estaríamos ya en 300% anual de inflación.

     
No obstante lo más probable es que
-si no hay una corrida furibunda contra el peso-, la inflación de este año 2023
termine en valores cercanos al 170%-180%.

     
En cuanto a la composición de la
medición de inflación en precios regulados (20% de la canasta), estacionales
(10% de la canasta) y núcleo (70% de la canasta) tienen asimetrías mes a mes,
aunque en la tendencia anual suelen equipararse. No obstante existe una
latencia que por la nominalidad exagerada pasa desapercibida: en el gobierno de
A. Fernandez los precios regulados contienen un atraso en su valor de ajuste
del 25% medido respecto del nivel general de precios, aunque ese retraso es
mayor (40% aprox) si se toma como referencia los precios relativos de los años
2018-2019. Una adecuación de esos precios relativos tendrá un impacto en todo
el resto de los precios, empujando aún más la inflación (similar a cómo operan
las devaluaciones del dólar oficial sobre el resto de los precios de la
economía).

COYUNTURA INFLACIONARIA – IPC agos-23 12,4%

 

Opinión sobre
la coyuntura inflacionaria

Diego Dequino

06/09/2023

     
La inflación minorista en agosto
nacional seguramente arrojará valores cercanos al 12%. Dicho valor casi duplica
la inflación del mes anterior julio y eso es un salto significativo en los
precios que no se puede soslayar.

     
Los valores de inflación en
septiembre seguramente seguirán en porcentajes similares, pero en octubre al
ser el mes de las elecciones es muy probable que algunos precios se disparen
aún más. Algunos sectores de actividad económica intentarán cubrirse antes del
resultado de la elección del 22-oct.

     
Si agosto y septiembre fueran
meses típicos de una serie anual, estaríamos ya en 300% anual de inflación.

     
No obstante lo más probable es que
-si no hay una corrida furibunda contra el peso-, la inflación de este año 2023
termine en valores cercanos al 170%-180%.

     
En cuanto a la composición de la
medición de inflación en precios regulados (20% de la canasta), estacionales
(10% de la canasta) y núcleo (70% de la canasta) tienen asimetrías mes a mes,
aunque en la tendencia anual suelen equipararse. No obstante existe una
latencia que por la nominalidad exagerada pasa desapercibida: en el gobierno de
A. Fernandez los precios regulados contienen un atraso en su valor de ajuste
del 25% medido respecto del nivel general de precios, aunque ese retraso es
mayor (40% aprox) si se toma como referencia los precios relativos de los años
2018-2019. Una adecuación de esos precios relativos tendrá un impacto en todo
el resto de los precios, empujando aún más la inflación (similar a cómo operan
las devaluaciones del dólar oficial sobre el resto de los precios de la
economía).

COYUNTURA INFLACIONARIA – IPC agos-23 12,4%

 

Opinión sobre
la coyuntura inflacionaria

Diego Dequino

06/09/2023

     
La inflación minorista en agosto
nacional seguramente arrojará valores cercanos al 12%. Dicho valor casi duplica
la inflación del mes anterior julio y eso es un salto significativo en los
precios que no se puede soslayar.

     
Los valores de inflación en
septiembre seguramente seguirán en porcentajes similares, pero en octubre al
ser el mes de las elecciones es muy probable que algunos precios se disparen
aún más. Algunos sectores de actividad económica intentarán cubrirse antes del
resultado de la elección del 22-oct.

     
Si agosto y septiembre fueran
meses típicos de una serie anual, estaríamos ya en 300% anual de inflación.

     
No obstante lo más probable es que
-si no hay una corrida furibunda contra el peso-, la inflación de este año 2023
termine en valores cercanos al 170%-180%.

     
En cuanto a la composición de la
medición de inflación en precios regulados (20% de la canasta), estacionales
(10% de la canasta) y núcleo (70% de la canasta) tienen asimetrías mes a mes,
aunque en la tendencia anual suelen equipararse. No obstante existe una
latencia que por la nominalidad exagerada pasa desapercibida: en el gobierno de
A. Fernandez los precios regulados contienen un atraso en su valor de ajuste
del 25% medido respecto del nivel general de precios, aunque ese retraso es
mayor (40% aprox) si se toma como referencia los precios relativos de los años
2018-2019. Una adecuación de esos precios relativos tendrá un impacto en todo
el resto de los precios, empujando aún más la inflación (similar a cómo operan
las devaluaciones del dólar oficial sobre el resto de los precios de la
economía).