Inflación, blanqueo, fuga de divisas y un probable cisne negro

La inflación cero, el blanqueo antifuga y un cisne negro en el horizonte

Diego Dequino, 08 de agosto de 2024

También en La Voz del Interior 11-08-2024

La Argentina atacó con determinación el déficit fiscal y la emisión descontrolada de pesos en la primera mitad del año.

En la segunda mitad deberá despejar dos dudas que afectan las chances de volver a crecer. 

La primera es lograr estabilizar la inflación en valores inferiores a la devaluación programada del 2% mensual sobre dólar oficial.

La segunda es desarmar progresivamente el cepo al dólar, para desanudar los múltiples corsés que distorsionan el valor del peso argentino.

Pero esta semana apareció una tercera duda, que tiene las características de un cisne negro aleteando en el horizonte.

La inflación cero y el cepo al dólar

El gobierno puso como objetivo la inflación cero, lo cual es posible, aunque las preguntas más importantes son cómo se llega a esa inflación cero y cómo continuará la economía el día después.

Como el mercado de cambios tiene actualmente un “cepo al dólar”, que técnicamente es una segmentación de la demanda y la oferta, entonces las dudas son si llegaremos a la inflación cero con ó sin cepo al dólar; con ó sin ajuste en el valor del dólar.

La economía real crecerá solamente con precios relativos estables y anclados, para que el crédito productivo pueda prender entre las empresas para apalancar el crecimiento, y ser tomado por las familias para expandir su consumo.

Los precios relativos estables implica como condición necesaria que la inflación no supere el 12% anual, y para ello el gobierno junto con el Banco Central deberán atender la recuperación tanto de la demanda de pesos como de la oferta de dólares, porque no alcanza con controlar solamente la oferta de pesos y la demanda de dólares.

Los precios relativos anclados implica estabilidad entre los salarios de cada sector de actividad, en las tarifas de los servicios públicos, en los márgenes empresarios, en la tasa de interés, en la incidencia de los impuestos, de manera tal que quienes producen y consumen puedan planificar su vida económica a cinco, siete o diez años como mínimo.

Pero los precios relativos no podrán anclarse mientras exista el cepo, ya que el desarbitraje entre los múltiples valores del dólar, genera bolsones de renta financiera que afectan negativamente al clima de negocios.

Un blanqueo que debe evitar la fuga

Los bolsones de renta financiera cuando están desligados del proceso productivo, permiten ganar o perder dinero en porcentajes altos de forma rápida, sin analizar ni apalancar negocios de la economía real. 

Cuanto más grandes sean las ganancias y pérdidas así producidas, mayor será el entorpecimiento en las decisiones de inversión y consumo planificado.

La historia Argentina indica que si los estímulos sobre las decisiones de inversión no se alinean de manera rápida, aquellos que ganaron mucho y rápido optan por resguardar sus activos fuera del territorio nacional. 

Quien ganó poco o no ganó, quiebra si la actividad económica en general no crece. 

El capital de inversión solamente retorna cuando hay una quita muy fuerte en el precio de los activos argentinos, algo que no ocurrió porque equivale a la crisis que el gobierno logró evitar.

El éxito en el blanqueo de capitales puede ser la llave para facilitar esa conexión rápida, comprimiendo el calendario, descontando los días que pasan y que hacen que sea cada vez más costoso desarticular los estímulos que frenan las decisiones de inversión.

Un fino mecanismo de relojería financiera y de estímulos sobre la inversión serán claves para el desenlace.

Un cisne negro aletea en el horizonte

El lunes 5 de agosto los mercados financieros globales cayeron de manera abrupta. Para sacar conclusiones debemos esperar: puede ser una corrección puntual del mercado o el puntapié de una crisis más profunda y extendida, como ocurrió en otros momentos de crisis globales.

Si bien la explicación de las circunstancias en las que ocurrió excede esta columna, se pueden resumir en los siguientes puntos: primero, el jueves el principal productor mundial de microchips (Intel) presentó un balance trimestral horrible que puso sombra sobre ese rubro, muy ligado al desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial.

Luego, se conoció el dato de desempleo en Estados Unidos que sembró indicios de recesión de su economía y ese mismo lunes, de manera relativamente sorpresiva, el Banco Central de Japón decidió interrumpir una política de dos décadas de tasa de interés cero o negativa, produciendo la revaluación fuerte del yen con relación al dólar.

Esta combinación gatilló un reacomodamiento de carteras de inversión que estaban apalancadas en créditos muy baratos denominados en yenes, golpeando otros mercados del mundo en donde se desarmaron posiciones de inversión especulativa, con probable link al sector de las tecnológicas.

Las magnitudes de carteras que ajustan se estima entre cinco y diez billones de dólares, equivalentes a un PBI de Japón (cuarta economía mundial) o un tercio del PBI de USA.

Si bien la coordinación de los gobiernos desarrollados y sus bancos centrales ha mejorado progresivamente, la presión sobre los mercados financieros será grande de continuar esta situación.

En tal caso, los próximos noventa días serán críticos para la Argentina porque estos cisnes negros, cuando impactan, tienen resago temporal tal como ocurrió en 2000, en 2008 y en 2018. 

Ello encuentra a la Argentina con pros y contras, diferenciales.

En los pro, un resultado fiscal positivo que evita la necesidad inmediata de apalancamiento al gobierno, y una oferta de pesos muy contenida por la política restrictiva del Banco Central.

En los contras, una economía en caída desde hace 18 meses, y niveles de pobreza extraordinariamente altos en términos históricos.

Inflación, blanqueo, fuga de divisas y un probable cisne negro

La inflación cero, el blanqueo antifuga y un cisne negro en el horizonte

Diego Dequino, 08 de agosto de 2024

También en La Voz del Interior 11-08-2024

La Argentina atacó con determinación el déficit fiscal y la emisión descontrolada de pesos en la primera mitad del año.

En la segunda mitad deberá despejar dos dudas que afectan las chances de volver a crecer. 

La primera es lograr estabilizar la inflación en valores inferiores a la devaluación programada del 2% mensual sobre dólar oficial.

La segunda es desarmar progresivamente el cepo al dólar, para desanudar los múltiples corsés que distorsionan el valor del peso argentino.

Pero esta semana apareció una tercera duda, que tiene las características de un cisne negro aleteando en el horizonte.

La inflación cero y el cepo al dólar

El gobierno puso como objetivo la inflación cero, lo cual es posible, aunque las preguntas más importantes son cómo se llega a esa inflación cero y cómo continuará la economía el día después.

Como el mercado de cambios tiene actualmente un “cepo al dólar”, que técnicamente es una segmentación de la demanda y la oferta, entonces las dudas son si llegaremos a la inflación cero con ó sin cepo al dólar; con ó sin ajuste en el valor del dólar.

La economía real crecerá solamente con precios relativos estables y anclados, para que el crédito productivo pueda prender entre las empresas para apalancar el crecimiento, y ser tomado por las familias para expandir su consumo.

Los precios relativos estables implica como condición necesaria que la inflación no supere el 12% anual, y para ello el gobierno junto con el Banco Central deberán atender la recuperación tanto de la demanda de pesos como de la oferta de dólares, porque no alcanza con controlar solamente la oferta de pesos y la demanda de dólares.

Los precios relativos anclados implica estabilidad entre los salarios de cada sector de actividad, en las tarifas de los servicios públicos, en los márgenes empresarios, en la tasa de interés, en la incidencia de los impuestos, de manera tal que quienes producen y consumen puedan planificar su vida económica a cinco, siete o diez años como mínimo.

Pero los precios relativos no podrán anclarse mientras exista el cepo, ya que el desarbitraje entre los múltiples valores del dólar, genera bolsones de renta financiera que afectan negativamente al clima de negocios.

Un blanqueo que debe evitar la fuga

Los bolsones de renta financiera cuando están desligados del proceso productivo, permiten ganar o perder dinero en porcentajes altos de forma rápida, sin analizar ni apalancar negocios de la economía real. 

Cuanto más grandes sean las ganancias y pérdidas así producidas, mayor será el entorpecimiento en las decisiones de inversión y consumo planificado.

La historia Argentina indica que si los estímulos sobre las decisiones de inversión no se alinean de manera rápida, aquellos que ganaron mucho y rápido optan por resguardar sus activos fuera del territorio nacional. 

Quien ganó poco o no ganó, quiebra si la actividad económica en general no crece. 

El capital de inversión solamente retorna cuando hay una quita muy fuerte en el precio de los activos argentinos, algo que no ocurrió porque equivale a la crisis que el gobierno logró evitar.

El éxito en el blanqueo de capitales puede ser la llave para facilitar esa conexión rápida, comprimiendo el calendario, descontando los días que pasan y que hacen que sea cada vez más costoso desarticular los estímulos que frenan las decisiones de inversión.

Un fino mecanismo de relojería financiera y de estímulos sobre la inversión serán claves para el desenlace.

Un cisne negro aletea en el horizonte

El lunes 5 de agosto los mercados financieros globales cayeron de manera abrupta. Para sacar conclusiones debemos esperar: puede ser una corrección puntual del mercado o el puntapié de una crisis más profunda y extendida, como ocurrió en otros momentos de crisis globales.

Si bien la explicación de las circunstancias en las que ocurrió excede esta columna, se pueden resumir en los siguientes puntos: primero, el jueves el principal productor mundial de microchips (Intel) presentó un balance trimestral horrible que puso sombra sobre ese rubro, muy ligado al desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial.

Luego, se conoció el dato de desempleo en Estados Unidos que sembró indicios de recesión de su economía y ese mismo lunes, de manera relativamente sorpresiva, el Banco Central de Japón decidió interrumpir una política de dos décadas de tasa de interés cero o negativa, produciendo la revaluación fuerte del yen con relación al dólar.

Esta combinación gatilló un reacomodamiento de carteras de inversión que estaban apalancadas en créditos muy baratos denominados en yenes, golpeando otros mercados del mundo en donde se desarmaron posiciones de inversión especulativa, con probable link al sector de las tecnológicas.

Las magnitudes de carteras que ajustan se estima entre cinco y diez billones de dólares, equivalentes a un PBI de Japón (cuarta economía mundial) o un tercio del PBI de USA.

Si bien la coordinación de los gobiernos desarrollados y sus bancos centrales ha mejorado progresivamente, la presión sobre los mercados financieros será grande de continuar esta situación.

En tal caso, los próximos noventa días serán críticos para la Argentina porque estos cisnes negros, cuando impactan, tienen resago temporal tal como ocurrió en 2000, en 2008 y en 2018. 

Ello encuentra a la Argentina con pros y contras, diferenciales.

En los pro, un resultado fiscal positivo que evita la necesidad inmediata de apalancamiento al gobierno, y una oferta de pesos muy contenida por la política restrictiva del Banco Central.

En los contras, una economía en caída desde hace 18 meses, y niveles de pobreza extraordinariamente altos en términos históricos.

Lunes negro en los mercados financieros

 Un cisne negro asoma en el horizonte financiero

Diego Dequino, 05 de Agosto 2024

Especial para Comercio y Justicia – Columna

La caída significativa en los mercados financieros globales de ayer fue producto de un conjunto de circunstancias. El jueves se produjo un anticipo, con datos negativos en el último balance que presentó la empresa Intel en función de las regulaciones que tiene en el mercado que cotiza, que es el de Nueva York. Este indicador produjo una caída del orden de 25% del valor de esta tecnológica y ello, si bien representa un dato muy específico, en rigor puso una sombra sobre todo el mercado de la producción de microchips, muy ligado al desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial.

Luego, el viernes se conoció el dato de desempleo en Estados Unidos que, a contramano de lo que se imaginaba, aumentó por encima de lo previsto y esto puso una presión sobre la decisión que ya había tomado la Reserva Federal de no bajar las tasas para el mes de septiembre. 

¿Esto qué significa? Que esta suba en el desempleo, ligada a una métrica que se utiliza para seguir el resultado la macroeconomía estadounidense, sugiere serios indicios de que EEUU podría estar entrando en una recesión, con lo cual iría a contramano de la visión que venía teniendo la Reserva Federal, que no veía riesgo inminente de una recesión y había postergado la baja de tasa de interés para fortalecer la liquidez de los mercados financieros. Y -en tercer término- de manera relativamente sorpresiva este lunes el Banco Central de Japón decidió interrumpir una política de más de dos décadas de tasa de interés que era cero o negativa, subiendo 0,25% porcentual. Esto en sí no fue sorpresivo pero sí la manera en que ocurrió, porque no estaba previsto por los mercados. La decisión produjo una revaluación del yen con relación al dólar del orden de 20 por ciento, aproximadamente, y el efecto colateral que produjo esta medida es que está anticipando que esta política de ir subiendo la tasa de interés sería una política en marcha pero es un dato muy diferente al que venía ocurriendo desde hace más de dos décadas, con lo cual todo el financiamiento que había otorgado Japón a través de esta política monetaria muy laxa empezaría un proceso de corrección. Esto lo que ha hecho es que muchos fondos de inversión que estaban apalancados en yenes hayan tenido que recalcular su rentabilidad y sus planillas, con lo cual empezaron a desarmar muchas posiciones especialmente en las zonas de inversión especulativa y ahí se linkea al sector de las tecnológicas ligada a esta novedad que es el desarrollo de los chips y la inteligencia artificial.

Esta suba en la tasa de interés de Japón, como mencionaba en el párrafo anterior, ha comenzado a “secar” el apalancamiento barato que se obtenía de la emisión laxa que tenía o la política laxa monetaria que tenía el Banco Central de Japón y esto ha ocurrido de forma relativamente rápida, lo que produjo una caída muy fuerte en muchos papeles que cotizan en otras bolsas del mundo. Corregir el valor del yen, entre otros, ha tenido que rehacer sus posiciones de caja progresivamente para reducir esa deuda para que le cierren sus planillas del prorrateo financiero de la inversión.

El orden de la magnitud del ajuste es muy grande porque en el caso de Japón tiene una monetización líquida de alrededor de entre quince billones y veinte billones de dólares y, en el caso de las tecnológicas, en los últimos veinte meses han acumulado ganancias que están en el orden de los tres billones o cuatro billones de dólares, con lo cual estos movimientos son de una magnitud muy significativa y han producido esta baja en los mercados.

En el caso de Argentina es muy posible que en los próximos 90 días nuestra economía esté muy agredida y muy sometida a estrés porque este tipo de cisnes negros suelen tener este efecto en en las economías reales en tiempo que van de los noventa a cien días.

Por último, Argentina -en situación de estrés financiero- con este cisne negro se enfrenta con dos condiciones diferenciales respecto a situaciones anteriores, con un resultado fiscal contenido, situación que no le genera una necesidad inmediata de apalancamiento y, por otro lado, la oferta de peso está muy contenida por la política muy restrictiva el Banco Central. Las contras son dos: por un lado, la economía está en recesión y -además- con niveles de pobreza sumamente altos.

Lunes negro en los mercados financieros

 Un cisne negro asoma en el horizonte financiero

Diego Dequino, 05 de Agosto 2024

Especial para Comercio y Justicia – Columna

La caída significativa en los mercados financieros globales de ayer fue producto de un conjunto de circunstancias. El jueves se produjo un anticipo, con datos negativos en el último balance que presentó la empresa Intel en función de las regulaciones que tiene en el mercado que cotiza, que es el de Nueva York. Este indicador produjo una caída del orden de 25% del valor de esta tecnológica y ello, si bien representa un dato muy específico, en rigor puso una sombra sobre todo el mercado de la producción de microchips, muy ligado al desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial.

Luego, el viernes se conoció el dato de desempleo en Estados Unidos que, a contramano de lo que se imaginaba, aumentó por encima de lo previsto y esto puso una presión sobre la decisión que ya había tomado la Reserva Federal de no bajar las tasas para el mes de septiembre. 

¿Esto qué significa? Que esta suba en el desempleo, ligada a una métrica que se utiliza para seguir el resultado la macroeconomía estadounidense, sugiere serios indicios de que EEUU podría estar entrando en una recesión, con lo cual iría a contramano de la visión que venía teniendo la Reserva Federal, que no veía riesgo inminente de una recesión y había postergado la baja de tasa de interés para fortalecer la liquidez de los mercados financieros. Y -en tercer término- de manera relativamente sorpresiva este lunes el Banco Central de Japón decidió interrumpir una política de más de dos décadas de tasa de interés que era cero o negativa, subiendo 0,25% porcentual. Esto en sí no fue sorpresivo pero sí la manera en que ocurrió, porque no estaba previsto por los mercados. La decisión produjo una revaluación del yen con relación al dólar del orden de 20 por ciento, aproximadamente, y el efecto colateral que produjo esta medida es que está anticipando que esta política de ir subiendo la tasa de interés sería una política en marcha pero es un dato muy diferente al que venía ocurriendo desde hace más de dos décadas, con lo cual todo el financiamiento que había otorgado Japón a través de esta política monetaria muy laxa empezaría un proceso de corrección. Esto lo que ha hecho es que muchos fondos de inversión que estaban apalancados en yenes hayan tenido que recalcular su rentabilidad y sus planillas, con lo cual empezaron a desarmar muchas posiciones especialmente en las zonas de inversión especulativa y ahí se linkea al sector de las tecnológicas ligada a esta novedad que es el desarrollo de los chips y la inteligencia artificial.

Esta suba en la tasa de interés de Japón, como mencionaba en el párrafo anterior, ha comenzado a “secar” el apalancamiento barato que se obtenía de la emisión laxa que tenía o la política laxa monetaria que tenía el Banco Central de Japón y esto ha ocurrido de forma relativamente rápida, lo que produjo una caída muy fuerte en muchos papeles que cotizan en otras bolsas del mundo. Corregir el valor del yen, entre otros, ha tenido que rehacer sus posiciones de caja progresivamente para reducir esa deuda para que le cierren sus planillas del prorrateo financiero de la inversión.

El orden de la magnitud del ajuste es muy grande porque en el caso de Japón tiene una monetización líquida de alrededor de entre quince billones y veinte billones de dólares y, en el caso de las tecnológicas, en los últimos veinte meses han acumulado ganancias que están en el orden de los tres billones o cuatro billones de dólares, con lo cual estos movimientos son de una magnitud muy significativa y han producido esta baja en los mercados.

En el caso de Argentina es muy posible que en los próximos 90 días nuestra economía esté muy agredida y muy sometida a estrés porque este tipo de cisnes negros suelen tener este efecto en en las economías reales en tiempo que van de los noventa a cien días.

Por último, Argentina -en situación de estrés financiero- con este cisne negro se enfrenta con dos condiciones diferenciales respecto a situaciones anteriores, con un resultado fiscal contenido, situación que no le genera una necesidad inmediata de apalancamiento y, por otro lado, la oferta de peso está muy contenida por la política muy restrictiva el Banco Central. Las contras son dos: por un lado, la economía está en recesión y -además- con niveles de pobreza sumamente altos.

Lunes negro en los mercados financieros

 Un cisne negro asoma en el horizonte financiero

Diego Dequino, 05 de Agosto 2024

Especial para Comercio y Justicia – Columna

La caída significativa en los mercados financieros globales de ayer fue producto de un conjunto de circunstancias. El jueves se produjo un anticipo, con datos negativos en el último balance que presentó la empresa Intel en función de las regulaciones que tiene en el mercado que cotiza, que es el de Nueva York. Este indicador produjo una caída del orden de 25% del valor de esta tecnológica y ello, si bien representa un dato muy específico, en rigor puso una sombra sobre todo el mercado de la producción de microchips, muy ligado al desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial.

Luego, el viernes se conoció el dato de desempleo en Estados Unidos que, a contramano de lo que se imaginaba, aumentó por encima de lo previsto y esto puso una presión sobre la decisión que ya había tomado la Reserva Federal de no bajar las tasas para el mes de septiembre. 

¿Esto qué significa? Que esta suba en el desempleo, ligada a una métrica que se utiliza para seguir el resultado la macroeconomía estadounidense, sugiere serios indicios de que EEUU podría estar entrando en una recesión, con lo cual iría a contramano de la visión que venía teniendo la Reserva Federal, que no veía riesgo inminente de una recesión y había postergado la baja de tasa de interés para fortalecer la liquidez de los mercados financieros. Y -en tercer término- de manera relativamente sorpresiva este lunes el Banco Central de Japón decidió interrumpir una política de más de dos décadas de tasa de interés que era cero o negativa, subiendo 0,25% porcentual. Esto en sí no fue sorpresivo pero sí la manera en que ocurrió, porque no estaba previsto por los mercados. La decisión produjo una revaluación del yen con relación al dólar del orden de 20 por ciento, aproximadamente, y el efecto colateral que produjo esta medida es que está anticipando que esta política de ir subiendo la tasa de interés sería una política en marcha pero es un dato muy diferente al que venía ocurriendo desde hace más de dos décadas, con lo cual todo el financiamiento que había otorgado Japón a través de esta política monetaria muy laxa empezaría un proceso de corrección. Esto lo que ha hecho es que muchos fondos de inversión que estaban apalancados en yenes hayan tenido que recalcular su rentabilidad y sus planillas, con lo cual empezaron a desarmar muchas posiciones especialmente en las zonas de inversión especulativa y ahí se linkea al sector de las tecnológicas ligada a esta novedad que es el desarrollo de los chips y la inteligencia artificial.

Esta suba en la tasa de interés de Japón, como mencionaba en el párrafo anterior, ha comenzado a “secar” el apalancamiento barato que se obtenía de la emisión laxa que tenía o la política laxa monetaria que tenía el Banco Central de Japón y esto ha ocurrido de forma relativamente rápida, lo que produjo una caída muy fuerte en muchos papeles que cotizan en otras bolsas del mundo. Corregir el valor del yen, entre otros, ha tenido que rehacer sus posiciones de caja progresivamente para reducir esa deuda para que le cierren sus planillas del prorrateo financiero de la inversión.

El orden de la magnitud del ajuste es muy grande porque en el caso de Japón tiene una monetización líquida de alrededor de entre quince billones y veinte billones de dólares y, en el caso de las tecnológicas, en los últimos veinte meses han acumulado ganancias que están en el orden de los tres billones o cuatro billones de dólares, con lo cual estos movimientos son de una magnitud muy significativa y han producido esta baja en los mercados.

En el caso de Argentina es muy posible que en los próximos 90 días nuestra economía esté muy agredida y muy sometida a estrés porque este tipo de cisnes negros suelen tener este efecto en en las economías reales en tiempo que van de los noventa a cien días.

Por último, Argentina -en situación de estrés financiero- con este cisne negro se enfrenta con dos condiciones diferenciales respecto a situaciones anteriores, con un resultado fiscal contenido, situación que no le genera una necesidad inmediata de apalancamiento y, por otro lado, la oferta de peso está muy contenida por la política muy restrictiva el Banco Central. Las contras son dos: por un lado, la economía está en recesión y -además- con niveles de pobreza sumamente altos.

La economía argentina, la Odisea y los cantos de sirenas

Mientras la economía navega por aguas inmóviles, Milei conduce atado al mástil

Diego Dequino, 25/05/2024

(también en Milei como Ulises moderno en La Voz)


El gobierno argentino tomó el 10 de diciembre de 2023 una decisión irrenunciable, reducir la participación del Estado en la economía.

Desde ese momento, entre medidas previsibles y acciones repentistas, se dió a la tarea de dejar de gastar sin importar demasiado las formas y sostener los recursos fiscales a como dé lugar.

El enfoque adoptado es el de la sindicatura cuando se hace cargo de una empresa concursada: no pagar a nadie al inicio, hacer caja para tener algo de espalda financiera y luego administrar las presiones de los acreedores mientras se diseña el futuro.

La duda siempre en un concurso de acreedores es si la empresa será rescatada para volver a crecer; o si ineluctablemente deberá ser liquidada antes de quebrar.

Cuando revisamos las acciones de la política económica en curso, predomina la idea que la economía argentina será rescatada para volver a crecer, al margen de los sectores dañados en el camino.

Pero al prestar atención a la retórica política del gobierno, aparecen dudas que nos llevan a pensar que la economía argentina se administra para ser liquidada como mal menor antes de la quiebra.

Debemos comprender que la Argentina durante este año 2024 se moverá con pocos argumentos tecnocráticos sobre la economía y lejos de la sintonía fina, para sostener su trayectoria solo por tensión entre la pura convicción de algunos versus la desesperanza de otros.

Desde la tempestad a la quietud del estanque

En el final de 2023 la Argentina alcanzaba un déficit fiscal incontenible del 15% del PBI, que combinado con la devaluación del 118% con quita de subsidios y liberación de precios regulados, produjeron una llamarada inflacionaria cercana al 1.500% anual.

Cinco meses después la inflación viaja al 90% anual y con pronóstico de seguir descendiendo.

El peso argentino pasó de ser una moneda de fuga, a ser la unidad de cuenta indexada -con CER o UVA- más requerida para atesoramiento a plazos inferiores a tres años y para préstamos a más de cinco años.

Mientras tanto la economía argentina entró en modo stand by, con una caída estimada del 6% del PBI en el primer cuatrimestre, que se suma al -1,6% en 2023.

Los efectos sobre el consumo y la inversión tanto pública como privada, son palpables.

La Argentina al igual que en el relato de la Odisea, mientras Ulises estaba en tránsito hacia Ítaca para volver con su amada Penélope, hubo un determinado momento en que los vientos se transformaron en quietud inmóvil.

Remar para seguir avanzando

La retórica del gobierno al afirmar “no hay plata”, insta a los ciudadanos a ponerse en “modo ahorro” o stand by, en una concepción austera tanto del Estado como de la sociedad.

Las claves económicas de los próximos años están cifradas en torno a la estabilidad monetaria, la desregulación de la actividad económica, achicar el Estado con reducción de la presión fiscal, el regreso del crédito interno para el sector privado y el retorno a los mercados internacionales de créditos.

Los pilares del crecimiento económico seguirán ligados a nuestro sector más competitivo que es el complejo agroexportador, al cuál se sumarán la producción de energía convencional y no convencional, la minería y los sectores blandos de la innovación y la tecnología digital.

Lamentablemente la infraestructura y la construcción deberán esperar que exista claridad sobre los anteriores pilares para sumarse al envión de crecimiento.

Los aumentos en las tarifas de los servicios públicos combinados con un freno en la evolución de los salarios, la reducción de las jubilaciones, el aumento de la informalidad laboral está produciendo un fenómeno de igualación hacia abajo en gran parte de la población.

Cartografía con forma de U

Mientras los ciudadanos subsistimos como trabajadores, desempleados, estudiantes o retirados deberemos seguir aguantando con estoicidad los cantos de sirenas que nos invitan a abandonar el viaje.

Evitar que la población renuncie a los esfuerzos económicos extraordinarios en volumen e inéditos en alcance que está afrontando, es una llave crítica para que el plan económico del gobierno no se dilapide en la mitad del proceso.

El final de la inmovilidad económica comenzará cuando los nuevos precios relativos se consoliden, allí será el final -cada vez más ansiado- en la caída de la economía.

La recuperación económica, esperada a partir del segundo semestre, dependerá de cuán rápidos prendan los créditos al consumo y la inversión que incipientemente comenzaron a ofrecer las entidades bancarias.

Esta recuperación con forma de U solamente se consolidará si el gobierno es capaz de encontrar una solución al cepo sobre el dólar, simple y comprensible para todos.

La vuelta al crecimiento

Los argentinos fuimos seducidos reiteradas veces y de variadas formas, incluso de manera poco ética, para convencernos de que la política era capaz de conducir a la economía a un mejor lugar.

Milei, visto a sí mismo como un Ulises moderno, quiere demostrar que superaremos las adversidades, liderados por su temple y astucia.

Intenta convencernos de que se preparó debidamente para enfrentarse al peor de los escenarios, guiándonos para salvarnos de la muerte segura por hiperinflación.

Pero también nos muestra a alguien impulsivo y temerario, que incluso se pone a sí mismo en peligro con tal de lograr su propósito.

Como Ulises, Milei viaja atado al mástil para resistir la tentación de conducirnos a un nuevo estancamiento económico, mientras todos los ciudadanos remamos con fuerza aceptando no escuchar los cantos de sirenas que buscan atraernos a las calmadas costas de bellas islas con el fin de ahogarnos.

Si bien el relato es narrado con éxito en la Odisea, no siempre se tiene la misma suerte que Ulises.

 

La economía argentina, la Odisea y los cantos de sirenas

Mientras la economía navega por aguas inmóviles, Milei conduce atado al mástil

Diego Dequino, 25/05/2024

(también en Milei como Ulises moderno en La Voz)


El gobierno argentino tomó el 10 de diciembre de 2023 una decisión irrenunciable, reducir la participación del Estado en la economía.

Desde ese momento, entre medidas previsibles y acciones repentistas, se dió a la tarea de dejar de gastar sin importar demasiado las formas y sostener los recursos fiscales a como dé lugar.

El enfoque adoptado es el de la sindicatura cuando se hace cargo de una empresa concursada: no pagar a nadie al inicio, hacer caja para tener algo de espalda financiera y luego administrar las presiones de los acreedores mientras se diseña el futuro.

La duda siempre en un concurso de acreedores es si la empresa será rescatada para volver a crecer; o si ineluctablemente deberá ser liquidada antes de quebrar.

Cuando revisamos las acciones de la política económica en curso, predomina la idea que la economía argentina será rescatada para volver a crecer, al margen de los sectores dañados en el camino.

Pero al prestar atención a la retórica política del gobierno, aparecen dudas que nos llevan a pensar que la economía argentina se administra para ser liquidada como mal menor antes de la quiebra.

Debemos comprender que la Argentina durante este año 2024 se moverá con pocos argumentos tecnocráticos sobre la economía y lejos de la sintonía fina, para sostener su trayectoria solo por tensión entre la pura convicción de algunos versus la desesperanza de otros.

Desde la tempestad a la quietud del estanque

En el final de 2023 la Argentina alcanzaba un déficit fiscal incontenible del 15% del PBI, que combinado con la devaluación del 118% con quita de subsidios y liberación de precios regulados, produjeron una llamarada inflacionaria cercana al 1.500% anual.

Cinco meses después la inflación viaja al 90% anual y con pronóstico de seguir descendiendo.

El peso argentino pasó de ser una moneda de fuga, a ser la unidad de cuenta indexada -con CER o UVA- más requerida para atesoramiento a plazos inferiores a tres años y para préstamos a más de cinco años.

Mientras tanto la economía argentina entró en modo stand by, con una caída estimada del 6% del PBI en el primer cuatrimestre, que se suma al -1,6% en 2023.

Los efectos sobre el consumo y la inversión tanto pública como privada, son palpables.

La Argentina al igual que en el relato de la Odisea, mientras Ulises estaba en tránsito hacia Ítaca para volver con su amada Penélope, hubo un determinado momento en que los vientos se transformaron en quietud inmóvil.

Remar para seguir avanzando

La retórica del gobierno al afirmar “no hay plata”, insta a los ciudadanos a ponerse en “modo ahorro” o stand by, en una concepción austera tanto del Estado como de la sociedad.

Las claves económicas de los próximos años están cifradas en torno a la estabilidad monetaria, la desregulación de la actividad económica, achicar el Estado con reducción de la presión fiscal, el regreso del crédito interno para el sector privado y el retorno a los mercados internacionales de créditos.

Los pilares del crecimiento económico seguirán ligados a nuestro sector más competitivo que es el complejo agroexportador, al cuál se sumarán la producción de energía convencional y no convencional, la minería y los sectores blandos de la innovación y la tecnología digital.

Lamentablemente la infraestructura y la construcción deberán esperar que exista claridad sobre los anteriores pilares para sumarse al envión de crecimiento.

Los aumentos en las tarifas de los servicios públicos combinados con un freno en la evolución de los salarios, la reducción de las jubilaciones, el aumento de la informalidad laboral está produciendo un fenómeno de igualación hacia abajo en gran parte de la población.

Cartografía con forma de U

Mientras los ciudadanos subsistimos como trabajadores, desempleados, estudiantes o retirados deberemos seguir aguantando con estoicidad los cantos de sirenas que nos invitan a abandonar el viaje.

Evitar que la población renuncie a los esfuerzos económicos extraordinarios en volumen e inéditos en alcance que está afrontando, es una llave crítica para que el plan económico del gobierno no se dilapide en la mitad del proceso.

El final de la inmovilidad económica comenzará cuando los nuevos precios relativos se consoliden, allí será el final -cada vez más ansiado- en la caída de la economía.

La recuperación económica, esperada a partir del segundo semestre, dependerá de cuán rápidos prendan los créditos al consumo y la inversión que incipientemente comenzaron a ofrecer las entidades bancarias.

Esta recuperación con forma de U solamente se consolidará si el gobierno es capaz de encontrar una solución al cepo sobre el dólar, simple y comprensible para todos.

La vuelta al crecimiento

Los argentinos fuimos seducidos reiteradas veces y de variadas formas, incluso de manera poco ética, para convencernos de que la política era capaz de conducir a la economía a un mejor lugar.

Milei, visto a sí mismo como un Ulises moderno, quiere demostrar que superaremos las adversidades, liderados por su temple y astucia.

Intenta convencernos de que se preparó debidamente para enfrentarse al peor de los escenarios, guiándonos para salvarnos de la muerte segura por hiperinflación.

Pero también nos muestra a alguien impulsivo y temerario, que incluso se pone a sí mismo en peligro con tal de lograr su propósito.

Como Ulises, Milei viaja atado al mástil para resistir la tentación de conducirnos a un nuevo estancamiento económico, mientras todos los ciudadanos remamos con fuerza aceptando no escuchar los cantos de sirenas que buscan atraernos a las calmadas costas de bellas islas con el fin de ahogarnos.

Si bien el relato es narrado con éxito en la Odisea, no siempre se tiene la misma suerte que Ulises.

 

La economía argentina, la Odisea y los cantos de sirenas

Mientras la economía navega por aguas inmóviles, Milei conduce atado al mástil

Diego Dequino, 25/05/2024

(también en Milei como Ulises moderno en La Voz)


El gobierno argentino tomó el 10 de diciembre de 2023 una decisión irrenunciable, reducir la participación del Estado en la economía.

Desde ese momento, entre medidas previsibles y acciones repentistas, se dió a la tarea de dejar de gastar sin importar demasiado las formas y sostener los recursos fiscales a como dé lugar.

El enfoque adoptado es el de la sindicatura cuando se hace cargo de una empresa concursada: no pagar a nadie al inicio, hacer caja para tener algo de espalda financiera y luego administrar las presiones de los acreedores mientras se diseña el futuro.

La duda siempre en un concurso de acreedores es si la empresa será rescatada para volver a crecer; o si ineluctablemente deberá ser liquidada antes de quebrar.

Cuando revisamos las acciones de la política económica en curso, predomina la idea que la economía argentina será rescatada para volver a crecer, al margen de los sectores dañados en el camino.

Pero al prestar atención a la retórica política del gobierno, aparecen dudas que nos llevan a pensar que la economía argentina se administra para ser liquidada como mal menor antes de la quiebra.

Debemos comprender que la Argentina durante este año 2024 se moverá con pocos argumentos tecnocráticos sobre la economía y lejos de la sintonía fina, para sostener su trayectoria solo por tensión entre la pura convicción de algunos versus la desesperanza de otros.

Desde la tempestad a la quietud del estanque

En el final de 2023 la Argentina alcanzaba un déficit fiscal incontenible del 15% del PBI, que combinado con la devaluación del 118% con quita de subsidios y liberación de precios regulados, produjeron una llamarada inflacionaria cercana al 1.500% anual.

Cinco meses después la inflación viaja al 90% anual y con pronóstico de seguir descendiendo.

El peso argentino pasó de ser una moneda de fuga, a ser la unidad de cuenta indexada -con CER o UVA- más requerida para atesoramiento a plazos inferiores a tres años y para préstamos a más de cinco años.

Mientras tanto la economía argentina entró en modo stand by, con una caída estimada del 6% del PBI en el primer cuatrimestre, que se suma al -1,6% en 2023.

Los efectos sobre el consumo y la inversión tanto pública como privada, son palpables.

La Argentina al igual que en el relato de la Odisea, mientras Ulises estaba en tránsito hacia Ítaca para volver con su amada Penélope, hubo un determinado momento en que los vientos se transformaron en quietud inmóvil.

Remar para seguir avanzando

La retórica del gobierno al afirmar “no hay plata”, insta a los ciudadanos a ponerse en “modo ahorro” o stand by, en una concepción austera tanto del Estado como de la sociedad.

Las claves económicas de los próximos años están cifradas en torno a la estabilidad monetaria, la desregulación de la actividad económica, achicar el Estado con reducción de la presión fiscal, el regreso del crédito interno para el sector privado y el retorno a los mercados internacionales de créditos.

Los pilares del crecimiento económico seguirán ligados a nuestro sector más competitivo que es el complejo agroexportador, al cuál se sumarán la producción de energía convencional y no convencional, la minería y los sectores blandos de la innovación y la tecnología digital.

Lamentablemente la infraestructura y la construcción deberán esperar que exista claridad sobre los anteriores pilares para sumarse al envión de crecimiento.

Los aumentos en las tarifas de los servicios públicos combinados con un freno en la evolución de los salarios, la reducción de las jubilaciones, el aumento de la informalidad laboral está produciendo un fenómeno de igualación hacia abajo en gran parte de la población.

Cartografía con forma de U

Mientras los ciudadanos subsistimos como trabajadores, desempleados, estudiantes o retirados deberemos seguir aguantando con estoicidad los cantos de sirenas que nos invitan a abandonar el viaje.

Evitar que la población renuncie a los esfuerzos económicos extraordinarios en volumen e inéditos en alcance que está afrontando, es una llave crítica para que el plan económico del gobierno no se dilapide en la mitad del proceso.

El final de la inmovilidad económica comenzará cuando los nuevos precios relativos se consoliden, allí será el final -cada vez más ansiado- en la caída de la economía.

La recuperación económica, esperada a partir del segundo semestre, dependerá de cuán rápidos prendan los créditos al consumo y la inversión que incipientemente comenzaron a ofrecer las entidades bancarias.

Esta recuperación con forma de U solamente se consolidará si el gobierno es capaz de encontrar una solución al cepo sobre el dólar, simple y comprensible para todos.

La vuelta al crecimiento

Los argentinos fuimos seducidos reiteradas veces y de variadas formas, incluso de manera poco ética, para convencernos de que la política era capaz de conducir a la economía a un mejor lugar.

Milei, visto a sí mismo como un Ulises moderno, quiere demostrar que superaremos las adversidades, liderados por su temple y astucia.

Intenta convencernos de que se preparó debidamente para enfrentarse al peor de los escenarios, guiándonos para salvarnos de la muerte segura por hiperinflación.

Pero también nos muestra a alguien impulsivo y temerario, que incluso se pone a sí mismo en peligro con tal de lograr su propósito.

Como Ulises, Milei viaja atado al mástil para resistir la tentación de conducirnos a un nuevo estancamiento económico, mientras todos los ciudadanos remamos con fuerza aceptando no escuchar los cantos de sirenas que buscan atraernos a las calmadas costas de bellas islas con el fin de ahogarnos.

Si bien el relato es narrado con éxito en la Odisea, no siempre se tiene la misma suerte que Ulises.

 

En cien días Milei presidente asoma un cambio de época

 La economía argentina ante un cambio de época

Diego Dequino, 21/03/2024

especial para La Voz del Interior

https://www.lavoz.com.ar/negocios/la-economia-argentina-ante-un-cambio-de-epoca/


Los estados nacionales, provinciales y municipales avanzaron sin cesar sobre el sector privado en materia de presión fiscal desde el año 2006, agravando la situación desde 2012 porque la economía argentina dejó de crecer.

Los tres niveles de gobierno deberían como mínimo quitar 4% del PBI de presión fiscal, es decir USD 20 mil millones anuales menos de impuestos, para desandar la contradicción de que lo único que crece es el estado.

Los ingresos fiscales de cada nivel del estado deberían bajar entre 10% y 15%, dependiendo del punto de partida, mientras que los gastos deben caer más para tener equilibrio fiscal.

El gobierno nacional parece haberse tomado en serio esta tarea ya que en el bimestre enero-febrero 2024 los ingresos fiscales bajaron 6% y los gastos cayeron 38%, ambos en términos reales. 

Existen nexos causales sutiles, no explícitos, en la retórica del gobierno que dan cuenta de que detrás de la afirmación “no hay plata”, se está instando a la sociedad a ponerse en “modo ahorro”.

La concepción austera en la gestión de los recursos públicos, sumado a un conjunto de medidas de política cuyos resultados comienzan a expresarse, constituyen los primeros rasgos definidos de un cambio de época.

Cien días de motosierra y licuadora

  1. Anticipando el fin del cepo al dólar

Los pesos y las reservas en el Banco Central durante 2020-2023 se sometieron a una emisión desmesurada, sin metas cuantitativas de ningún tipo.

No obstante, al analizar el período de los últimos 200 días, el cambio de tendencia es elocuente.

Cuando se comparan los últimos 100 días del gobierno de Fernandez y los primeros 100 días del gobierno de Milei, si bien la cantidad de dinero emitida ajustada por inflación fue similar, la diferencia en la evolución de las reservas brutas es notable: pasaron de caer 25%, a subir 32%.

Para resumir la magnitud en el cambio de expectativas: pasamos de quemar 70 mil millones de pesos por día para comprar dólares, a capturar diariamente esa misma cantidad de pesos vendiendo dólares.

Mientras tanto la tasa de interés en pesos bajó fuerte de apenas positiva a negativa, forzando un reacomodamiento brutal de las carteras que facilitó al Tesoro Nacional comenzar a adecuar la enorme curva de deuda en pesos.

  1. El plan Bonex que no fué

Antes de ponerse en marcha la convertibilidad en abril de 1991 hubo una apropiación compulsiva desde el estado de los depósitos a plazo en dólares, a cambio de un bono a diez años: Bonex 89.

Las necesidades financieras del gobierno nacional en 2023 se estimaron en treinta billones de pesos según el presupuesto, ese número quedó viejo rápidamente por la inflación creciente.

Cuando el ministro Massa decidió impulsar el plan llamado platita, incluyendo la irracional eliminación del impuestos a las ganancias en cuarta categoría, las reales necesidades financieras dejaron de ser un dato relevante siendo reemplazadas por el monto de los vencimientos de deuda en pesos y su calendario semanal.

Los canjes voluntarios de deuda durante 2024 por cincuenta billones de pesos o dos veces las reservas del Banco Central, estiraron plazos a más de veinticuatro meses, impusieron tasas de interés negativas y se libraron de pagar servicios.

Ello permitió que el gobierno vuelva a disponer del recurso más valioso de la planificación financiera, el tiempo, mientras retiró una enorme cantidad de pesos que semana a semana azuzaban el fuego inflacionario.

  1. Las jubilaciones en la licuadora

Más de la mitad de los actuales jubilados cobran como si hubieran aportado de manera regular durante treinta años, aunque lo hicieron parcialmente o no lo hicieron. 

Esta situación es independiente de si trabajaron o cuánto lo hicieron a lo largo de su vida laboral, pero ayuda a explicar porqué el 90% de ellos cobra la jubilación mínima.

En números duros existe un desfase negativo de 3% del PBI entre lo aportado por el colectivo de trabajadores durante su vida activa, respecto del colectivo de jubilados actuales. 

Desde la aceleración inflacionaria de diciembre de 2023, la fórmula de movilidad jubilatoria vigente desde el año 2021 se transformó en el mecanismo automático de ajuste horizontal que licúa a todos los jubilados por igual. 

  1. Un PAMI de rutas que no se hicieron

Cada vez que cargamos combustibles pagamos un impuesto que recauda 0,5% del PBI, con un promedio superior a los USD 3 mil millones año.

El 20% aproximadamente corresponde a la tasa al gasoil y GNC que desde el año 2001 se reserva para apalancar proyectos de infraestructura de transporte vial y ferroviaria.

Estos fondos recaudados fueron USD 10 mil millones más rentas e intereses, por lo cual por sí solos deberían haber sido suficientes para incorporar aproximadamente 10 mil km de autopistas, pero no fue así.

Mientras la infraestructura vial del país se deterioró, los gobiernos eligieron subsidiar los servicios públicos de transporte de pasajeros, a través de un complejo modelo de gestión plagado de intermediarios cuyos beneficiarios fueron las empresas privadas que componen al sistema de infraestructura de transporte.

La decisión de suspender el giro de estos fondos cortó un mecanismo de pobres resultados en materia de infraestructura (0,1% del PBI) por un monto mayor a la asistencia anual que el gobierno asigna al PAMI.

Un cambio de época para que la economía crezca

Las claves del plan económico parecen cifrarse en torno a sostener un esquema de superávits gemelos, donde el comercio exterior provee las divisas para la economía, mientras el resultado fiscal permite monetizar los dólares sin riesgos inflacionarios.

Logrando los cometidos enunciados, la recuperación de la economía será en forma de U, con un caída vertical que aún no termina pero que se atenuará en el segundo trimestre.

Durante la segunda mitad del año comenzará el recorrido del segundo tramo de la U donde la velocidad de recuperación se irá acelerando progresivamente.

Es necesario señalar que los ganadores serán diferentes a los que protagonizaron los últimos veinte años, debido al cambio en la nube de precios relativos y la quita de prebendas del estado.

Los superávits gemelos implican ahorrar, por lo cual sostenerlos exigirá mantener controlado el conflicto social mientras se encienden los motores apuntados para el crecimiento de la economía: exportaciones e inversiones.

En una sociedad acostumbrada a monitorear desde hace décadas solamente el consumo como medida de éxito de la economía, mientras la infraestructura se cae a pedazos, este enfoque diferente con un gobierno ocupado de implementarlo expresa sin dudas un cambio de época.

En cien días Milei presidente asoma un cambio de época

 La economía argentina ante un cambio de época

Diego Dequino, 21/03/2024

especial para La Voz del Interior

https://www.lavoz.com.ar/negocios/la-economia-argentina-ante-un-cambio-de-epoca/


Los estados nacionales, provinciales y municipales avanzaron sin cesar sobre el sector privado en materia de presión fiscal desde el año 2006, agravando la situación desde 2012 porque la economía argentina dejó de crecer.

Los tres niveles de gobierno deberían como mínimo quitar 4% del PBI de presión fiscal, es decir USD 20 mil millones anuales menos de impuestos, para desandar la contradicción de que lo único que crece es el estado.

Los ingresos fiscales de cada nivel del estado deberían bajar entre 10% y 15%, dependiendo del punto de partida, mientras que los gastos deben caer más para tener equilibrio fiscal.

El gobierno nacional parece haberse tomado en serio esta tarea ya que en el bimestre enero-febrero 2024 los ingresos fiscales bajaron 6% y los gastos cayeron 38%, ambos en términos reales. 

Existen nexos causales sutiles, no explícitos, en la retórica del gobierno que dan cuenta de que detrás de la afirmación “no hay plata”, se está instando a la sociedad a ponerse en “modo ahorro”.

La concepción austera en la gestión de los recursos públicos, sumado a un conjunto de medidas de política cuyos resultados comienzan a expresarse, constituyen los primeros rasgos definidos de un cambio de época.

Cien días de motosierra y licuadora

  1. Anticipando el fin del cepo al dólar

Los pesos y las reservas en el Banco Central durante 2020-2023 se sometieron a una emisión desmesurada, sin metas cuantitativas de ningún tipo.

No obstante, al analizar el período de los últimos 200 días, el cambio de tendencia es elocuente.

Cuando se comparan los últimos 100 días del gobierno de Fernandez y los primeros 100 días del gobierno de Milei, si bien la cantidad de dinero emitida ajustada por inflación fue similar, la diferencia en la evolución de las reservas brutas es notable: pasaron de caer 25%, a subir 32%.

Para resumir la magnitud en el cambio de expectativas: pasamos de quemar 70 mil millones de pesos por día para comprar dólares, a capturar diariamente esa misma cantidad de pesos vendiendo dólares.

Mientras tanto la tasa de interés en pesos bajó fuerte de apenas positiva a negativa, forzando un reacomodamiento brutal de las carteras que facilitó al Tesoro Nacional comenzar a adecuar la enorme curva de deuda en pesos.

  1. El plan Bonex que no fué

Antes de ponerse en marcha la convertibilidad en abril de 1991 hubo una apropiación compulsiva desde el estado de los depósitos a plazo en dólares, a cambio de un bono a diez años: Bonex 89.

Las necesidades financieras del gobierno nacional en 2023 se estimaron en treinta billones de pesos según el presupuesto, ese número quedó viejo rápidamente por la inflación creciente.

Cuando el ministro Massa decidió impulsar el plan llamado platita, incluyendo la irracional eliminación del impuestos a las ganancias en cuarta categoría, las reales necesidades financieras dejaron de ser un dato relevante siendo reemplazadas por el monto de los vencimientos de deuda en pesos y su calendario semanal.

Los canjes voluntarios de deuda durante 2024 por cincuenta billones de pesos o dos veces las reservas del Banco Central, estiraron plazos a más de veinticuatro meses, impusieron tasas de interés negativas y se libraron de pagar servicios.

Ello permitió que el gobierno vuelva a disponer del recurso más valioso de la planificación financiera, el tiempo, mientras retiró una enorme cantidad de pesos que semana a semana azuzaban el fuego inflacionario.

  1. Las jubilaciones en la licuadora

Más de la mitad de los actuales jubilados cobran como si hubieran aportado de manera regular durante treinta años, aunque lo hicieron parcialmente o no lo hicieron. 

Esta situación es independiente de si trabajaron o cuánto lo hicieron a lo largo de su vida laboral, pero ayuda a explicar porqué el 90% de ellos cobra la jubilación mínima.

En números duros existe un desfase negativo de 3% del PBI entre lo aportado por el colectivo de trabajadores durante su vida activa, respecto del colectivo de jubilados actuales. 

Desde la aceleración inflacionaria de diciembre de 2023, la fórmula de movilidad jubilatoria vigente desde el año 2021 se transformó en el mecanismo automático de ajuste horizontal que licúa a todos los jubilados por igual. 

  1. Un PAMI de rutas que no se hicieron

Cada vez que cargamos combustibles pagamos un impuesto que recauda 0,5% del PBI, con un promedio superior a los USD 3 mil millones año.

El 20% aproximadamente corresponde a la tasa al gasoil y GNC que desde el año 2001 se reserva para apalancar proyectos de infraestructura de transporte vial y ferroviaria.

Estos fondos recaudados fueron USD 10 mil millones más rentas e intereses, por lo cual por sí solos deberían haber sido suficientes para incorporar aproximadamente 10 mil km de autopistas, pero no fue así.

Mientras la infraestructura vial del país se deterioró, los gobiernos eligieron subsidiar los servicios públicos de transporte de pasajeros, a través de un complejo modelo de gestión plagado de intermediarios cuyos beneficiarios fueron las empresas privadas que componen al sistema de infraestructura de transporte.

La decisión de suspender el giro de estos fondos cortó un mecanismo de pobres resultados en materia de infraestructura (0,1% del PBI) por un monto mayor a la asistencia anual que el gobierno asigna al PAMI.

Un cambio de época para que la economía crezca

Las claves del plan económico parecen cifrarse en torno a sostener un esquema de superávits gemelos, donde el comercio exterior provee las divisas para la economía, mientras el resultado fiscal permite monetizar los dólares sin riesgos inflacionarios.

Logrando los cometidos enunciados, la recuperación de la economía será en forma de U, con un caída vertical que aún no termina pero que se atenuará en el segundo trimestre.

Durante la segunda mitad del año comenzará el recorrido del segundo tramo de la U donde la velocidad de recuperación se irá acelerando progresivamente.

Es necesario señalar que los ganadores serán diferentes a los que protagonizaron los últimos veinte años, debido al cambio en la nube de precios relativos y la quita de prebendas del estado.

Los superávits gemelos implican ahorrar, por lo cual sostenerlos exigirá mantener controlado el conflicto social mientras se encienden los motores apuntados para el crecimiento de la economía: exportaciones e inversiones.

En una sociedad acostumbrada a monitorear desde hace décadas solamente el consumo como medida de éxito de la economía, mientras la infraestructura se cae a pedazos, este enfoque diferente con un gobierno ocupado de implementarlo expresa sin dudas un cambio de época.