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POBREZA E INDIGENCIA ANOTACIONES

 

Reflexiones y señalamientos sobre pobreza
e indigencia en el Gran Córdoba, en base a la medición realizada por el INDEC

Diego Dequino

29/09/2022

·      Gran Córdoba, 40% POBREZA en la
última medición del 28/9/2022, DIEZ VIÑETAS:

1)    
Desde
que se comenzó a medir nuevamente la pobreza por el INDEC, 1er semestre 2016,
hubo 12 mediciones en 6 años.

2)    
El
promedio general de los 31 aglomerados urbanos medidos tuvo piso en 25,7% en
segundo semestre 2017 y máximo en plena pandemia con 42% en segundo semestre
2020.

3)    
En
las últimas 8 mediciones (3 últimos años) de las 12 realizadas, Gran Córdoba
marcó valores que van del 36,5% hasta 46,6% en plena pandemia.

En las últimas 5 mediciones (2,5 años
atrás) son todos valores superiores al 40%.

Se debe volver al primer semestre
2018 (3,5 años atrás) para encontrar un registro del 30,3%.

Solamente en 3 mediciones se
alcanzaron valores menores al 35%.

4)    
Si
se hiciera un ranking negativo (del peor al mejor valor) entre los
aglomerados urbanos medidos, Gran Córdoba siempre ocupó el tercio peor

entre las 31 urbes medidas.

5)    
Gran
Córdoba tuvo su mejor registro con la posición 13° en las dos mediciones del
año 2019 y su peor medición con el 3° peor puesto en 2016, año donde hubo
controversia metodológica sobre cómo se ejecutó la medición. Lo cierto es que Córdoba
siempre tuvo el 5° y 10° peor valor de los 31 aglomerados medidos.

6)    
En
particular en la última medición, en Gran Córdoba la POBREZA baja apenas
0,4% y ello en el ranking negativo le empeora 2 lugares su posición (se
posiciona como 6° peor valor, desde el 8° peor que ocupaba en la medición
anterior).

Gran Córdoba en este año 2022:

6.1) Se aleja más de Gran Rosario que
logró bajar una veinteava parte, desde 33% a 31,2% y por lo tanto tiene a la
fecha 9% menos de pobreza que Gran Córdoba.

6.2) Gran Mendoza con una baja muy
notoria del 6% desde 44,6% a 38,6% muestra una dinámica contraria y mejor.

6.3) Se mantiene “a
distancia” de la CABA con 2,5 veces más de personas pobres en términos
proporcionales, pero siendo CABA lejos el menor valor nacional.

6.4)Gran Córdoba parece moverse
similar que la pobreza en el conurbano Bonaerense, ya que tuvo caída también insignificante,
desde 42,3% al 42%.

7)    
Una
particularidad para Gran Córdoba que se advierte: sus valores de pobreza tienen
poca movilidad o variabilidad al descenso, a diferencia de lo que indican los
valores nacionales y los correspondientes a otros aglomerados equivalentes como
CABA, Conurbano, Gran Rosario y Gran Mendoza.

8)    
La
referencia de 7) aparece consistente con el deterioro -o la NO mejora- en los
indicadores de desocupación que arroja el mercado de trabajo en Gran Córdoba, cuando
se los compara con aquellos mismos aglomerados urbanos de referencia que
también mide el INDEC.

Recordemos que Gran Córdoba tiene hoy
la tasa de desocupación más alta del país. Tiene DOBLE de tasa de desocupación
que Rosario (8,7% vs 4,3%); tenemos 50% más de desocupación que CABA y Mendoza
(8,7% vs 5,4% y 5,6% c/u.) e incluso superamos al Conurbano Bonaerense en
desocupación.

Vale señalar como
nota técnica: el argumento muchas veces esgrimido de tasa de actividad más alta
para Córdoba hoy NO es válido. Ello porque Rosario, Mendoza y CABA tiene TODAS
MAYOR tasa de actividad que Córdoba. Entonces no es correcto afirmar que hay
“más gente con ganas de trabajar en Córdoba” (para igual empleo).

9)    
Si
bien no hay cruces/estudios por el momento disponibles entre las mediciones de
desempleo y pobreza, se advierte al menos que en Gran Rosario, en el Conurbano,
en Gran Mendoza (e incluso en la CABA que tiene otra escala en ambos
indicadores) existe una correlación visual entre caída del desempleo y caída de
la pobreza.

10) Entonces si hubiera que buscar
razones de fondo sobre los valores altos y que no descienden de pobreza en
Córdoba, me inclino en la explicación en poner foco en la formación de empleo y
la dinámica del mercado de trabajo local,
que junto a un marco de muy alta
inflación deja sumamente expuestos a los trabajadores de baja productividad y retribución.

En otros términos, la estabilidad
relativa en los indicadores de pobreza del Gran Córdoba expone anquilosamiento
en la distribución del ingreso y pérdida de movilidad social, que son
CONSISTENTES CON LOS DATOS DE DESEMPLEO que expone el propio INDEC.

 

·      Gran Córdoba, 9,9% INDIGENCIA en la
última medición del 28/9/2022, el razonamiento debe ser diferente al enfoque de
la pobreza, CINCO VIÑETAS:

1)    
Primero
porque la magnitud del problema en términos cuantitativos entre cuatro y cinco veces
menor.

2)    
Segundo
porque la indigencia debería ser un problema de más fácil resolución que la
pobreza. Depende de proveer ingresos mínimos de subsistencia a la población y
ello está ligado a la acción social directa del Estado en todos sus niveles.

3)    
Tercero
porque la mayor responsabilidad e injerencia en la política social está en el
Estado nacional, por volumen y envergadura, con ello cualquier movimiento de
desacople político de una jurisdicción provincial o Municipal con el Estado
Nacional produce impactos rápidos y negativos.

4)    
Cuarto
porque la Indigencia medida por INDEC le cuesta “capturar” los
ingresos en especie (comidas por caso) que suelen brindar Municipios y
Provincias y que tienen mucha incidencia en el resultado de esta medición.

5)    
En
el caso de Gran Córdoba los valores de indigencia, desde que se miden
nuevamente por INDEC en 2016, acompañaron los movimientos de los valores
nacionales, estuvieron en una relación esperable con el conurbanos bonaerense
(en general Córdoba tuvo menores valores), se ubicaron en una relación también
esperable con CABA (siempre Córdoba tuvo valores alrededor del doble de
indigencia que CABA), y valores más o menos similares que Gran Mendoza o Gran
Rosario, pero con el distingo que en la última medición Córdoba tuvo
movimientos inversos que éstas últimas y un movimiento remarcado respecto al
promedio nacional.

En efecto Gran Córdoba tuvo un
aumento de un tercio en la indigencia,
desde 7,5% a 9,9%; mientras que Gran Rosario y Gran Mendoza
cayeron casi a la mitad de sus valores anteriores del 7,2% ambas hasta 3,6% y
4,6% respectivamente. A su vez, la suba del promedio nacional fue de 0,6% o una
treceava parte, desde 8,2% al 8,8%.

Gran Córdoba cae en el ranking de los
peores aglomerados en Indigencia 4 lugares, siendo ahora la 7° peor cuando
ocupaba el 11° peor lugar en 2021.

En
materia técnica es necesario señalar que en esta medición no está anotado un
alto Coeficiente de Variación para Córdoba, eso significa que INDEC está
diciendo que prima facie no se pueden señalar problemas de “volatilidad”
muestral.

PRESUPUESTO NACIONAL 2023

PRESUPUESTO
2023, ENTRE LA PROMESA Y LA PIRÁMIDE DE PONZI

 

20/09/2022

Diego Dequino

(también en https://www.lavoz.com.ar/negocios/presupuesto-2023-entre-la-promesa-y-la-piramide-de-ponzi/)

Hace diez días el gobierno nacional
presentó el proyecto de presupuesto para el año 2023.

 

El documento es una pieza
indispensable para conocer las ideas y decisiones principales que se impulsan
en materia económica.

 

Con sus cinco mil carillas (leyó
bien) que incluyen textos y cuadros, es una pieza documental que desborda el
discurso y los argumentos del sofisma político.

 

Es el primer remedio efectivo luego
de un año sin previsiones claras sobre las cuentas públicas, debido al fiasco
del ministro Guzmán cuando su propia coalición gobernante le reprobó los
contenidos del que hubiera sido el presupuesto del año en curso.

 

Los cambios en el gabinete nacional
de agosto pasado sirvieron para que la coalición volviera a pactar sus acuerdos
internos, quedando sin excusas para desconocer los números propuestos para el
último año de gobierno del presidente Alberto Fernández.

 

Este año 2022 debemos considerarlo
perdido para el análisis de las cuentas públicas del país, porque el gobierno
decidió gestionar al “bulto”.

 

Resta comparar los planes para los
años 2021 y 2023, para observar cuánta distancia existe entre dichos y
realidad, entre el presente escrito y el futuro prometido.

 

Pasen y vean.

 

Asfixiando
al sector privado

 

Los gastos totales del Estado Nacional para 2023 se estiman en 29 billones de pesos
(veintinueve con doce ceros), valor 3.45 veces superior al último presupuesto
aprobado por el Congreso Nacional correspondiente al año
2021 y presentado en septiembre de 2020.

 

En términos porcentuales el
presupuesto del año 2023 es 245% superior al del año 2021.

 

En los mismos dos años transcurridos
entre la presentación de ambos presupuestos, la inflación minorista alcanzó
170%.

 

El gobierno aumenta los gastos a un ritmo mensual de 1% por encima de la inflación
minorista.

 

Este crecimiento nominal exacerbado, según datos
del propio presupuesto, se explica más de la
mitad por decisión de las autoridades de aumentar la participación del Estado,
correspondiendo el resto a la recuperación de la economía post COVID19.

 

En términos de producción implica un
pase -inquietante- desde el sector privado hacia al sector público del orden
del 5% del PBI, en apenas dos años.

 

Ello siempre y cuando la economía
crezca según las predicciones oficiales: 4% en el año 2022 y 2% en el año 2023.

 

La asfixia a los privados parece una
emboscada porque el pase desde lo privado a lo público será mayor si el
crecimiento económico es menor al previsto, y será menor si la inflación es
mayor a la prevista.

 

Peor
resultado económico con menor inversión

 

Los recursos corrientes o habituales
para el año 2023 se estiman en 22.4 billones de pesos, un valor de 3.25 veces
superior al presentado en el presupuesto 2021.

 

En el caso de los gastos corrientes
o impostergables serán 26.6 billones de pesos, representando un valor de 3.54
veces superior al presupuesto 2021.

 

El resultado económico corriente
se deteriora al doble de velocidad que los gastos y los recursos, aumentando
unas extravagantes 6.7 veces en veinticuatro meses
.

 

Por su parte los gastos de
capital
como estimación de la inversión pública aumentan apenas igual que
la inflación cayendo su participación en el total de los gastos desde
el 10% en 2021 hasta menos del 8% en 2023
.

 

Los resultados señalan que lo
escrito en el presupuesto nacional contradice las afirmaciones públicas del
propio gobierno que lo envió.

 

Tomándose
todo el crédito

 

El déficit fiscal se puede medir de varias maneras
pero tomemos como en casa el valor final, el que duele a fin de mes, a ese se
lo conoce como déficit financiero.

Para el año 2023 se estima un déficit financiero de 6.4
billones de pesos, con un crecimiento del 184% respecto al presupuesto
2021.

Ese
crecimiento sería un estrafalario 340% si fuéramos estrictos y dejáramos una
“avivada” de aquel momento del Ministro Guzmán, al poner como fuente de
recursos a las ganancias del Banco Central, es decir el impuesto inflacionario.

El déficit crece entonces, de piso, 14% por encima de la
inflación minorista entre la presentación de ambos presupuestos.

El gobierno nacional decidió parece cambiar de táctica desde
la máquina de imprimir dinero hacia la máquina de aspirar crédito.

El crédito del gobierno es muy corto y con tasas altas, por
ello tendrá que realizar colocaciones brutas durante el año 2023 por 30
billones de pesos (leyó bien), en una estrategia de tapar los agujeros de los
vencimientos que él mismo generó por 23,7 billones (leyó bien de nuevo).

La apuesta entre montos de colocaciones y montos de
vencimientos, es aspirar la diferencia mientras los agentes económicos “no se
dan cuenta”.

Por las dudas se asegura una parte de ese crédito con la
emisión de dinero por 880 mil millones como anticipos netos del Banco Central.

Mientras en el sector privado si se suman los stocks de
todas las hipotecas, prendas y saldos de tarjeta de los argentinos y sus
empresas, se alcanza apenas tres cuartas partes del financiamiento en un solo
año del gobierno nacional.

Para agravar la perspectiva debemos remarcar que el
financiamiento a privados para inversión está disminuyendo en valores reales, y
el crédito para el consumo de las personas apenas acompaña la inflación.

 

La
contabilidad es enemiga de Ponzi

 

El apalancamiento financiero total o cantidad bruta de
dinero que se pide representará en 2023 el 103% del total de los gastos,
mientras que en 2021 ese valor alcanzaba 84%.

Esos veinte puntos de mayor necesidad bruta de
apalancamiento podrían alcanzar los treinta puntos si descontamos las
travesuras contables del ministro Guzmán.

Las alertas se intensifican cuando aparecen en el margen
anotaciones por valores sorprendentes, que parecen cheques al portador, como
por ejemplo la ANSeS prestando un increíble número redondo (sí, redondo) por un
billón de pesos exactos.

Las relaciones entre el total de gastos, el agujero fiscal
por falta de recursos, los vencimientos de deuda y la duración de las
colocaciones financieras del Tesoro Nacional revelan riesgos efectivos de que
la Argentina desemboque en una corrección disruptiva en los próximos meses.

Y recordemos que las pirámides del tipo Ponzi cuando
fracasan, lo hacen por los documentos contables que no cierran y por los
vencimientos que superan a los créditos.

 

  

EL BIMONETARISMO COMO SOLUCION

LA
SALIDA ES BIMONETARIA

Diego Dequino

28 de julio 2022

      (también en https://www.lavoz.com.ar/negocios/la-salida-es-bimonetariai)

 

Un
escritor que lleve a los productores de Netflix un guion basado en la historia épica
de una Nación que está dispuesta a arriesgarlo todo con el fin de escapar de su
cruel destino de degradación económica, podría conseguir dinero para su
proyecto e incluso lograr que muchos de los habitantes protagonizaran gratis esa
idea en tiempo real, como docudrama no ficcional.

La
Argentina podría ser esa Nación, pero no obstante desde hace muchos años, ya no
importan cuantos, está inserta en un giro recurrente en materia de moneda,
dólares e inflación donde siempre está el Estado medrando sobre el crédito
disponible con una voracidad desmedida sobre la renta nacional.

Las
dudas de todos por estos días ya no solamente alcanzan a las medidas de
política económica que se toman o podrían tomar, sino al más profundo ¿qué
puede pasar? como solemos autointerrogarnos.

Hagamos
un repaso de las opciones inmediatas.

 

SIN PESOS, NO HAY PARAISO 


Cualquier
país que desee tener plena disposición de sus herramientas de política
económica, debería contar con una moneda propia que permita a sus ciudadanos
ejecutar las funciones básicas: hacer cálculos, realizar las compras y ahorrar
para planificar.

Digámoslo,
tener moneda propia confiable, estable y competitiva es el paraíso para un país
como la Argentina, donde el peso a duras penas permite hacer las compras del
día.

Para
llegar al paraíso habría que realizar un ajuste fiscal acumulado superior al 5%
del PBI en 3 años, ahorrando USD25 mil millones al cambio oficial, que equivale
a recortar 7% del gasto anual del Estado nacional.

Pero
también se debería lograr que los Bancos coloquen ese dinero liberado para
financiar la producción y el consumo a tasas de interés reales positivas que
hoy serían superiores al 80%.

Ese
crédito liberado podría, por ejemplo, como piso financiar 500 mil hipotecas de
25 mil dólares blue cada una.

Volviendo
a este presente, el acceso al paraíso luce como quimera porque requiere
gerenciar un nivel de conflicto en el recorte del gasto público que el gobierno
no está dispuesto a afrontar.


EL BIMONETARISMO FUNCIONAL NO ALCANZA 


Si
el paraíso es tener moneda propia, el bimonetarismo funcional actual representa
el purgatorio donde se intentan purificar todos los problemas de precios y
ahorro.

Las
tensiones recurrentes entre pesos que se emiten por encima de lo que la gente
desea, en una economía que sí produce dólares, se resuelve siempre con un
ajuste del tipo de cambio de libre acceso.

Los
ciudadanos ejercen su derecho de proteger propiedad y patrimonio en el campo
libre de sus decisiones, mal le pese al gobierno al afirmar que son los especuladores
los responsables.

El
único que puede especular con éxito es el que más sabe y esos son los gobiernos
que pueden saber día-hora en la cual modificarán el valor oficial del dólar o
el acceso a la compra de dólares.

Los
particulares, en cambio, como máximo pueden apostar a su riesgo.

Desde
el inicio de la cuarentena se sumaron $11,5 billones a los agregados monetarios
líquidos, el 70% se los quedó el propio Estado y apenas el 30% fue a créditos
para privados.

Sepamos,
sin especulaciones, que el valor del dólar siempre se acerca a su valor de
conversión
: que es el cociente entre los pesos emitidos y las reservas del
Banco Central, ajustado por agregados, regulaciones y expectativas.

Ese
valor hoy está entre $280-$520, donde su piso coincide con el primer salto de
la corrida a fines de junio y su mediana estadística de $400 equivale al dólar
de octubre 2020 ($190).

Los
valores $320/$340 en CCL, MEP y Blue parecen zona de confort, teniendo margen
para aumentar en la medida que se deterioren aún más las expectativas. 

Entonces,
si solo se tratara de especulación, el Banco Central es el dueño del casino donde
los particulares ingresan a apostar con la única moneda que aquel acepta:
dólares.

Pero
las apuestas se deben hacer en pesos que son como fichas del juego que vende el
Central mientras fija precio, cantidad entregada, se reserva el derecho de admisión
y por si fuera poco puede cambiar esas reglas todos los días a su antojo.

Pensando
en el presente, el Purgatorio no parece ser el lugar adecuado para transcurrir la
eternidad.

 

SE NECESITA UN BIMONETARISMO ABIERTO Y REGULADO


Hoy
los ciudadanos prefieren al dólar por sobre el peso para hacer los cálculos y
ahorrar, y parece que comienzan a utilizarlo para una variedad creciente de
compras.

Los
argentinos atesoran al menos USD75 mil millones en el territorio, el doble de
las reservas brutas del Banco Central, por la sencilla razón que pueden hacerlo
dado que nuestro país genera dólares.

La
Argentina produce regularmente divisas basada en el valor agregado que crean sus
empresas y trabajadores organizados en sectores económicos competitivos
relativamente diversos, desde agro y agroindustria pasando por la industria
general hasta servicios y desarrollo de tecnología.

Se
engañan quienes creen que la producción de divisas se sostiene en rentas
naturales como ocurre por caso con países petroleros.

El
esfuerzo, ingenio, creatividad y capacidad de nuestros ciudadanos es lo que consigue
traer divisas al país.

Estabilizar
los precios relativos de la economía y reducir la incertidumbre se logrará
cuando aumente la oferta de dólares internos mejorando la posición consolidada
de reservas del país, junto con generar un mercado de crédito robusto que
permita apalancar el crecimiento.

Una
manera rápida de acordar una solución de compromiso entre todos los actores y
sectores de la sociedad se alcanzaría con un régimen que permita coexistir de
manera abierta y regulada dos monedas: el peso y el dólar, bajo un esquema de
paridad flexible regido por la relación entre la cantidad de ambas monedas
existentes en todo el territorio, no solamente en el Banco Central.

Para
aumentar sólidamente la oferta de dólares, se necesitan remover obstáculos
reconociendo las preferencias de ciudadanos y empresas que tienen capacidad de
generar excedentes económicos, facilitando el giro de sus negocios y su vida
cotidiana en la moneda que prefieran según oportunidad y conveniencia.

Para
alentar a quienes producen y crean empleo, es necesario actualizar la métrica
fiscal según valores equivalentes en países desarrollados, eliminando el “pitufismo” tributario, liberando a los sectores más emprendedores de la economía
de cargas y regulaciones inservibles para que puedan aumentar su producción y
crear empleo.

Para
tener crédito y moneda el Estado necesita confiar en sus ciudadanos, así los
ciudadanos podrán confiar en el Estado y sus políticas.

Un
Estado inteligente debería comenzar por reconocer las preferencias del público
por monedas duras por encima del peso.

Un
Estado necio seguirá insistiendo en su papel policíaco y dueño del casino donde
obliga a los particulares a jugarse diariamente sus salarios, patrimonio y
futuro en un juego de apuestas entre precios y plenos de ruleta.