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Especulación versus crédito

Argentina entre la especulación y la necesidad de crédito

26/09/2025

Diego Dequino

Especial para Pago TIC


En estos días, el anuncio de un acuerdo de asistencia financiera entre Estados Unidos y la Argentina sacudió al mercado como pocas veces se ha visto. Bastó un tuit del secretario del Tesoro norteamericano para que se dispararan los bonos, bajara el riesgo país y se desinflaran, al menos por un rato, las tensiones cambiarias. Lo curioso es que todavía no está del todo claro qué se firmó, ni con qué letra chica. Pero el mercado reaccionó igual, casi con reflejo condicionado.

Más allá del entusiasmo inicial, conviene analizar qué hay detrás de este salvavidas. Se discuten tres mecanismos posibles. El primero, y a mi juicio el más relevante, es que Estados Unidos compre bonos soberanos argentinos en el mercado secundario. Si eso ocurre, y lo hace en volumen —digamos 8, 10 o 15 mil millones de dólares—, el riesgo país podría caer por debajo de los 600 puntos. Esa sola acción nos permitiría volver a los mercados voluntarios de crédito, renovar vencimientos de capital y pagar únicamente intereses. Lo óptimo es que esas tenencias vayan hasta el final del vencimiento de cada título. 

El segundo mecanismo es un swap de monedas. Algo similar a lo que ya tenemos con China, pero esta vez con dólares. Se trata de una línea de crédito recíproca, o una nota de crédito abierta ente USA y Argentina, dólares y pesos se intercambian en asientos contables. Los swaps son acuerdos de plazo definido, pero renovables. Nuestro intercambio comercial con USA es relativamente poco, a diferencia que con China, pero el gesto político es poderoso y le daría más libertad al Banco Central en la administración de reservas.

El primer y segundo mecanismo no implican técnicamente un aumento del endeudamiento externo del país.

La tercera posibilidad, más difusa, es una línea de crédito directa. Pero de los papeles que circulan no se desprende que eso vaya a ocurrir. En todo caso, sería nueva deuda, y esto conlleva el riesgo natural para un país que viene encadenando compromisos sin resolver, sumado a que muy probablemente profundizaría la grieta política en el Congreso.

Las bandas y los anabólicos

Muchos se preguntan: ¿y el dólar? En el corto plazo, hasta las elecciones de octubre, el gobierno intentará mantenerlo en una suerte de “corredor de bandas”. Después, quizás, se libere un poco más. Pero no nos engañemos: el mercado cambiario argentino está inflado con anabólicos.

¿Qué quiero decir con esto? Que buena parte de la oferta de dólares en el último año no provino de la economía real, sino de operaciones extraordinarias: blanqueos, préstamos puntuales del BID, del Banco Mundial, un crédito extraordinario del FMI, colocaciones de bonos pagaderos en pesos pero suscriptos en dólares, REPO -empeño de títulos por dólares- del Banco Central. Es decir, dólares prestados o adelantados que se inyectaron artificialmente. Mientras tanto, el gobierno no compró reservas cuando pudo haberlo hecho. Es probable que dejó pasar unos 8.000 millones que estaban al alcance de ser comprados en este 2025. Eso significa que, si mañana se retiran los anabólicos, veremos el verdadero tipo de cambio de equilibrio.

La tasa y la “tabla salvavidas” de la clase media

Otro tema central es la tasa de interés. El Banco Central en esta semana la bajó en su referencia al 25% anual, luego de haber tocado valores del superiores al 70% en semanas anteriores. A primera vista, parece razonable: una tasa más cercana a la inflación proyectada del 29% para este 2025, esto ayudaría a reactivar el crédito. Y el crédito es la tabla salvavidas de la clase media. Cuando los ingresos no alcanzan, la familia apela a la tarjeta, al crédito personal, al hipotecario o al prendario para sostener consumo o acceder a un bien duradero.

Lo mismo ocurre con las empresas: sin crédito, la reconversión productiva es una quimera. Compiten dañadas frente a rivales globales más eficientes y sin la posibilidad de financiar una transición. En la Argentina, el volumen de crédito es bajísimo. Milagrosamente, la economía argentina funciona con niveles de apalancamiento exiguos, irrisorios, que en otros países serían inviables.

El problema es que el gobierno, hace 60 días, desarmó las letras fiscales, que eran la ventanilla de liquidez del sistema. Eso dejó en el aire en pesos el equivalente a 12 – 14 mil millones de dólares y desató la tormenta. El crédito, que venía creciendo despacio, se cortó en seco. Una decisión que, desde lo profesional, cuesta entender.

La economía real: el elefante en la sala

Con tanto ruido financiero, corremos el riesgo de olvidarnos de lo esencial: la economía real. Y ahí las noticias no lucen buenas en la coyuntura. El indicador adelantado del PBI ya marca entre los dos primeros trimestres de 2025 caída en la tendencia ciclo, eso que implica que la serie está pegando la vuelta está preanunciando al menos dos trimestres de caída, veremos cuanto es la profundidad o si es tocar valle. Los autoservicios mayoristas llevan 24 meses consecutivos en baja, desde julio 2023, arrastrando a los almacenes de barrio. Los supermercados, que habían rebotado tras la paliza de 2024, volvieron a caer en los últimos tres meses entre mayo, junio y julio 2025. La industria, que había mostrado señales de recuperación, se enfría otra vez.

Estas señales están ligadas a Estado que se retiró abruptamente: frenó la obra pública, despidió a más de 50.000 empleados, recortó salarios públicos reales entre 15 a 18 puntos y licuó jubilaciones en al menos 7% comparado con valores muy bajos de 2023. El ajuste, en ese sentido, es innegable. Pero si a esa poda de la demanda agregada no se la compensa con crédito barato y accesible, la transición se convierte en un darwinismo económico: sobreviven pocos y el resto queda en el camino.

El dilema argentino

Estamos, entonces, frente a un dilema. Por un lado, un shock de confianza financiera —impulsado por el aval estadounidense— que puede calmar la fiebre especulativa. Por otro, una economía real que se enfría peligrosamente. Si la asistencia externa se limita a comprar tiempo sin reactivar el crédito interno, el riesgo es claro: un veranito financiero y un ¿largo? invierno productivo.

Argentina no necesita elegir entre oferta o demanda, entre mercado o Estado, como si fueran polos irreconciliables. Necesita equilibrio. El Estado debe retirarse de los excesos, de la presión fiscal excesiva, sí. Pero no puede hacerlo dejando sin oxígeno a la economía real. Y el crédito es la parte vital de ese oxígeno.

La previsión es que las próximas semanas serán especulativas. Habrá ganadores y perdedores en el mercado financiero. Pero lo que definirá nuestro futuro no es si el riesgo país baja 200 puntos más o menos, sino si logramos reconstituir la capacidad de financiar familias y empresas. Porque sin crédito no hay transición posible. Y lo único cierto al momento es que, guste o no, estamos en plena transición.

Economía post elecciones en Buenos Aires

 Un diagnóstico incómodo: errores
autoinfligidos

Diego Dequino, 9/9/2025

(También en Comercio y justicia.info)

No hubo un
tsunami global, ni crisis subprime, ni cierre de los mercados internacionales
como en otras ocasiones. Esta vez, el problema es de factura propia. Se trata
de errores autoinfligidos que terminaron dejando a la economía con pocas herramientas,
en un momento donde el gobierno debería haber guardado municiones.

El primer daño
autoinfligido fue no acumular dólares cuando el mercado ofrecía condiciones
para hacerlo. En tiempos de vacas gordas, cualquier familia ahorra para el
período de vacas flacas. Pero se eligió dejar pasar esa oportunidad, confiando
en que el tipo de cambio bajaría más, como si fuera razonable pensar en un
dólar a 1.000 pesos o menos. Luce hoy absurdo. El resultado es que cuando las
condiciones se endurecen, no hay suficiente colchón de reservas.

El segundo daño
autoinfligido fue desarmar de golpe las LEFI (ex LELIQ) desconectando el
crédito justo cuando más falta hacía. Los bancos argentinos no son la panacea,
pero venían prestando a buen ritmo en el último año, otorgando cierto oxígeno a
una clase media cada vez más estrangulada en ingresos. Cortar ese flujo fue
quitarles la tabla de flotación en medio del río. Se hizo con la excusa de que “exterminaría”
la inflación, pero el efecto al momento fue dejar a las familias sin
financiamiento, agravando la gestión del consumo en amplios sectores de la
población.

La economía
no se quiebra por la micro. Es cierto que la micro lastima el bolsillo diario,
la panadería que no llega a pagar la luz o la familia que no puede cubrir las
cuotas. Pero lo que dinamita económicamente a los países no es la
microeconomía, sino la macro. Se derrumban por pérdida de reservas, por un
default de deuda, por emisión descontrolada de dinero, por un atraso cambiario
insoportable o por el colapso productivo de algún sector crítico de la
economía. Esto es lo que se volvió a poner en juego.

Podríamos
realizar una analogía simple, imaginando un gobierno que se preparó para correr
un sprint en 2024 con el fin sortear la hiperinflación, y lo logró. Apagó
riesgos inmediatos con motosierra, frenó obra pública, contuvo déficits, ordenó
la política monetaria.

Imaginó que esa
carrera terminaba en aquel momento, y que luego venía otro sprint. Pero lo que
seguía en 2025 era el inicio de una maratón. En una maratón se necesita
resistencia, administración de fuerzas, planificación y capacidad de
adaptación. No se corre igual 100 metros que 42 kilómetros. Sin ese cambio de
mentalidad, el agotamiento está garantizado.

Luego, desde
el domingo último, se sumó el tema político. El gobierno enfrenta un dilema:
¿puede gestionar la economía sin sostén político amplio? La experiencia
argentina demuestra que no. Y aquí surge la paradoja: en un contexto externo
incluso favorable, sin shocks internacionales, con aliados de lujo (Trump y
FMI), logró complicarse solo.

El futuro
será tan complicado como sincero sea este diagnóstico. Porque negar lo evidente
no arregla los problemas: solo los agrava. Aceptar los problemas, tampoco los
resuelve, pero facilita administrar soluciones.

No obstante,
mientras se siga creyendo que con fórmulas de corto plazo se resuelven problemas
de largo aliento, seguiremos en un círculo vicioso desgastando a nuestra economía
y erosionando la confianza social.

 

Dólar y tasa de interés

Dólar y tasa de interés, esperemos no tropezar con la
misma piedra.

Diego Dequino,
02/09/2025

(también en Comercio y Justicia Diario)

Las medidas tomadas por el gobierno en materia de política
monetaria y financiera en los últimos 60 días, luego del desarme de las letras
fiscales (LEFI, anteriormente las LELIQ), produjo en primer orden sorpresa en
el mercado para progresivamente transformarse en consternación.

El gobierno al desarmar de pronto las letras fiscales, que
era la manera última que tenía el Banco Central y el Tesoro Nacional de
remunerar los excedentes de depósitos que tienen los bancos, excedentes
acumulados porque los bancos prestan muy poco con relación a los depósitos que
tienen, produjo un desbarajuste en el sistema de negocio que manejan las
entidades financieras.

Este desbarajuste consistió en quitarles de pronto la fuente
de rentabilidad que tenían los bancos y también la herramienta que les
facilitaba administrar el dinero en caja o liquidez al cual están obligados a
disponer.

Desde ese momento en adelante, el sistema financiero empezó
a corcovear y arrojar señales en un sentido con el precio del dólar y en el
otro sentido con la tasa de interés.

Lo cierto es que el gobierno se encuentra en una
encrucijada, donde ellos mismos decidieron ingresar, jugando todas sus fichas a
las elecciones de medio término, empezando por las del próximo domingo en la
provincia de Buenos Aires, para proseguir en las elecciones nacionales de
octubre.

Esta encrucijada está poniendo a la economía en una
situación de conflicto productivo, porque con las tasas extraordinarias de
interés que existen hoy, nadie puede en su sano juicio endeudarse para consumir
o para producir.

Por otro lado, esta incertidumbre, en Argentina ya lo
sabemos, produce un aumento inmediato en el deseo por poseer y atesorar
dólares, sean personas, sean empresas.

¿Cómo continuará esta coyuntura en materia del precio del
dólar y de la tasa de interés?

Lo más probable es que el gobierno siga jugando todas las
herramientas que tiene, inclusive algunas más, para mantener a raya al dólar,
al menos hasta este viernes.

A partir del lunes 8 de septiembre próximo, si el gobierno obtuvo
una buena elección en la provincia de Buenos Aires, entonces profundizará las
medidas actuales, corrigiendo y aumentando con nueva reglamentación y nuevas
restricciones al sistema financiero.

Ahora bien, si el gobierno no hace una buena elección, va a
tener que sentarse a negociar con el sistema financiero que tiene alrededor del
equivalente a 14 o 15 mil millones de dólares en el aire. De manera de volver a
aterrizar ese dinero, para quitarle presiones sobre al dólar y la tasa de
interés. Eso significaría que muy probablemente tengan que restablecer una
herramienta similar a lo que fueron las LELIQ en su momento o las letras
fiscales (LEFI) últimamente.

Y si el gobierno hace una mala elección en el domingo
próximo en la provincia de Buenos Aires, lo más probable es que se siente, pero
de forma debilitada, para llevar a cabo esta negociación con el sistema financiero,
agregando incertidumbre extraordinaria en materia económica y financiera de
cara a las elecciones de octubre.

Pero lo cierto es que, con este sistema de precios
relativos, donde el dólar no encuentra un lugar de valor que deje a la mayoría
de los argentinos seguros de que quedará allí estacionado, o que el precio del
dinero -que es la tasa de interés- tenga valores razonables. O que los salarios
tengan una capacidad adquisitiva acorde a un proyecto de vida que puedan llevar
a cabo las familias, e inclusive algunos otros precios como las tarifas de
servicios públicos, o algunos impuestos muy distorsivos como las retenciones. Si
todos estos precios relativos no terminan de estabilizarse, será muy difícil
que luego de octubre prenda un crecimiento robusto y sostenido de la economía
argentina.

La economía Argentina previo a las elecciones oct-2025

Cuando la
economía entra en “los últimos cinco minutos”.

Diego Dequino, 27/08/2025

(también en La Voz del Interior)

En la
Argentina, los mercados financieros y la política suelen relacionarse de
maneras extrañas. Lo visto en las últimas semanas es una muestra clara: un
Gobierno que parecía tener el partido ganado, pero que decidió arriesgar
demasiado en los últimos minutos.

Lo
económico y lo político se entrelazan. El reciente aumento del dólar, la tasa
de interés y del riesgo país no se explican solo por un escándalo coyuntural:
detrás hay dudas de sostenibilidad sobre la política monetaria y financiera.

El mercado
percibe que el esquema actual está sobre intervenido y, al mismo tiempo, se
sorprendió por la velocidad con la que el Gobierno decidió desarmar las Lefis
(antes Leliq), una herramienta clave para sostener la rentabilidad y el dinero
en caja (liquidez) de los bancos.

En otras
palabras, se tocaron los dos resortes vitales del sistema financiero:
rentabilidad y liquidez. En los últimos sesenta días, se dieron licitaciones
improvisadas, suba de encajes en varias tandas y medidas que parecen responder
más a la urgencia que a un plan ordenado.

El apretón monetario.

El corazón
del problema, con los actuales encajes y tasas de interés, es que el mercado de
crédito para producir y consumir se vuelve inviable.

El sistema
bancario argentino, sobredimensionado en relación con la demanda real, depende
desde hace décadas de colocar dinero en bonos públicos o en operaciones con el
Banco Central. Al cambiar esas reglas de golpe, se cortó de raíz la principal
fuente de rentabilidad y se complicó el esquema de liquidez o dinero disponible
en caja de los bancos.

El
resultado: un sector que venía creciendo en colocación de crédito, se topa
ahora con un freno abrupto. La economía real se aleja de la posibilidad de
recibir financiamiento en cantidad y calidad, golpeando tanto a las empresas
como a las familias.

Una tormenta que enloda la realidad.

El
panorama se parece a una tormenta que dificulta el desarrollo normal del
partido económico.

De un
lado, un gobierno con apoyos importantes tales como Trump, el FMI, algunos
grandes jugadores del mercado, empresarios prominentes dueños de empresas que
cotizan en Nueva York, le otorga un aire distinto al que tuvieron otras
gestiones en crisis.

Del otro,
una sucesión de medidas que parecen agotar los trucos financieros y generan más
dudas que certezas.

El asunto
de fondo es el reacomodamiento de los precios relativos: dólar, tarifas,
retenciones y salarios. Ese ajuste de largo plazo, inevitable en todos ellos o
en algunos, obliga a empresas y familias a replantearse cómo producir y vivir
en el nuevo escenario.

Para las
empresas, el dilema es binario: invertir o reducir producción, sostenerse o
cerrar. Para las familias, que no cierran, el ajuste es más silencioso pero
igualmente real. Para empezar deberán cargar menos combustible, caminar más,
usar más transporte público, revisar el gasto educativo, resignar salidas.

Adaptarse o quedar atrás.

La
economía argentina, como la vida misma, impone adaptaciones. Lo vivimos en las
crisis de los años ‘80, ‘90 y en los 2000. Algunos logran salir fortalecidos,
otros quedan rezagados. El darwinismo económico que promueve este Gobierno
consciente o inconscientemente funciona así: cada familia, cada empresa, debe
escribir su propia historia de supervivencia, éxito o fracaso.

Hoy los
asalariados formales, públicos y privados, han recuperado algo de poder
adquisitivo, aunque la brecha con siete u ocho años atrás sigue siendo enorme y
la percepción de bienestar de corto plazo ingresa en un impasse.

En el caso
de los trabajadores informales, quienes venían más castigados en años
anteriores, han mejorado sus ingresos a mejor velocidad y al ser un sector con
ingresos más bajos la baja de la inflación les permite organizarse mejor en el
día a día.

En el
extremo opuesto, los sectores de mejores ingresos tienen acceso al consumo de
bienes de lujo, pueden viajar al exterior o atesorar dólares sin restricciones.

Pero lo
cierto es que una gran parte de la clase media se enfrenta a la necesidad de
recalcular, ajustar, resignar y reacomodarse. Los grupos familiares que ganan
entre 1,5 y 3 millones de pesos por mes, amplia franja de la clase media,
deberán elegir entre intentar “salir por arriba” o ajustar su estilo de vida.

Un final abierto.

Lo que se
juega en los próximos meses no es solo una cuestión electoral o financiera. Es
un proceso más profundo: redefinir las reglas del juego económico para la
próxima década. El dólar, las tarifas, los salarios y los impuestos marcarán la
cancha donde empresas y familias deberán aprender a moverse.

El desafío
es enorme. Si el Gobierno logra ordenar las variables, podrá abrir un ciclo de
relativa estabilidad donde pueda prender un crecimiento robusto y sostenido de
la economía. Si no, el costo lo pagaremos todos, en forma de más incertidumbre,
más ajustes y menos futuro.

Como en el
fútbol, no alcanza con ir ganando 2 a 0 si en los últimos cinco minutos uno se
dedica a provocar al rival y a la hinchada contraria, porque el partido puede
terminar mucho más complicado de lo que parecía.

 

El fallo sobre YPF y la economía en tensión

 El fallo sobre YPF y los precios que marcan el
rumbo. Una economía en tensión.

04/07/2025

Diego Dequino

Argentina atraviesa un momento económico
cargado de tensión y expectativas. Mientras el gobierno insiste en mantener un
tipo de cambio estable hasta fin de año, el mercado empieza a dudar de su
sostenibilidad bajo las condiciones actuales. El Tesoro y el Banco Central no
están comprando dólares en el mercado spot; están operando con futuros, cuando
deberían estar acumulando reservas. Con superávit fiscal y liquidaciones del
campo y la energía, lo lógico sería comprar y guardar. Es lo que cualquier
ciudadano haría con un excedente: ahorrar.

El FMI lo sabe y lo insinúa. Aunque
reconoce que se están implementando políticas fiscales y monetarias apropiadas,
está preocupado por el nivel de reservas. A esto se suma el reciente fallo de
la jueza Preska que vuelve a poner a la Argentina en el radar judicial
internacional. Esto, como en 2014 con Griesa, no es un detalle menor: marca la
cancha y condiciona cualquier intento de regreso a los mercados de deuda.

Lo que debe quedar claro es que el
gobierno ha conseguido resultados técnicos. El ajuste fiscal se hizo, el
déficit bajó, y la emisión monetaria se contuvo. ¿Cómo se logró? Esa es otra
discusión. La ejecución de ese ajuste ha golpeado a muchos sectores,
especialmente a la clase media, que se encuentra en un proceso de redefinición.
El pacto conservador-popular que propone este gobierno deja a la ancha avenida
del medio en el lugar más frágil. Es esa franja, entre 1,5 y 3 millones de
pesos mensuales por hogar, la que más siente el impacto. Ya no trabaja para
progresar, sino para sobrevivir.

El gobierno debe convencer a la sociedad
y al mundo de que los precios actuales son precios de equilibrio. Pero hay
cuatro precios clave que hoy presentan un desfase del orden del 30%: el tipo de
cambio, las tarifas públicas, las retenciones al agro y los salarios. Todos
están por debajo de su valor histórico, todos distorsionan, y todos presionan.

El caso del dólar es paradigmático: la
UVA ha evolucionado al ritmo de la inflación minorista, mientras que el dólar
ha quedado 25% por detrás. Las tarifas tienen un retraso del 23%. Las
retenciones, un impuesto excepcional, afectan a un sector que sostiene a
millones de argentinos. Y los salarios tienen un retraso que varía entre el 18%
y el 35%, dependiendo del rubro.

El gobierno parece decidido a llegar a
las elecciones de 2025 con estos cuatro precios congelados. Eso implica
riesgos. La economía no es matemática pura, no es que si algo no cierra, se
cae. Depende de los apoyos y de quién esté dispuesto a sostener un modelo que
reconfigura ganadores y perdedores. Milei intenta lo que Macri no pudo:
redistribuir el mapa económico con otros actores, en un contexto de mayor
confrontación y con una clase media que, una vez más, debe ajustar su proyecto
de vida.

Mientras tanto, los sectores populares
encuentran cierto alivio en la baja de la inflación y en la desintermediación
de la asistencia. Allí, el gobierno parece haber ganado algo de tiempo. Pero el
reloj no se detiene, y la economía tampoco. Habrá que ver si este rumbo puede
sostenerse o si habrá que corregir el desfasaje inevitable de los precios.
Porque si no lo hace el gobierno, lo hará el mercado. Y ya sabemos cómo termina
esa historia.

 

Deuda Provincia Córdoba – Una lectura financiera sobre nueva colocación

 Una lectura financiera de la nueva colocación de deuda de Córdoba

Diego Dequino, 26/06/2025

ver en Comercio y Justicia

El Bono de la Provincia de Córdoba, deuda en dólares con vencimiento 2030-2032 a una tasa del 9,75% anual colocado en jurisdicción Nueva York en el día de la fecha, desde el punto de vista financiero permite, a nuestra Provincia, despejar los vencimientos de los próximos meses y años. En ese sentido, es positivo porque el gobierno provincial tendrá más grados de libertad durante la gestión actual.

En cuanto a la tasa de interés, se está pagando el precio de ser los primeros en salir al mercado como gobierno. Porque una tasa que roza el 10% cuando hay Obligaciones Negociables casi idénticas emitidas por empresas que no son de primera línea, como es YPF Energía Eléctrica S.A. (YFCJO), con un monto significativamente más grande en relación a su negocio (420 millones de dólares para YPF Eléctrica es un monto proporcionalmente más significativo que 725 millones de dólares para la provincia de Córdoba), tuvo una tasa de corte en octubre del 2024 de 7,875% y actualmente cotiza con una TIR del orden del 7,3%.

En materia de plazo para ser gobierno, la devolución de capital entre el 5to a 7mo año luce estructuralmente corto, en especial en un momento en que el país es market friendly y, tendencialmente, lo seguirá siendo. Es decir, si el gobierno nacional actual y su plan económico se sostienen, en los próximos meses debería haber mejores oportunidades, especialmente en materia de plazo, para colocar deuda de subsoberanos a 10 años o más para la devolución del capital.

Es probable que el timing de la operación haya sido inducido como una manera de encontrar una respuesta financiera rápida a circunstancias impostergables de caja.

Por otra parte debe considerarse el colateral positivo o negativo, según pueda el gobierno administrar la parte líquida del stock de dólares tomados, netos del repago o recompra del bono hoy vigente con vencimiento 2027. Será crítico en tal sentido para el gobierno provincial, si prevén una corrección en el tipo de cambio en los próximos meses. Porque en tal caso no es indiferente financieramente si son obligados a liquidar toda la operación en los próximos días al tipo de cambio oficial -pasarse a pesos-.

En cuanto a la recompra del Bono vigente con vencimiento 2027, el cálculo es mucho más fino, porque la tasa de ese Bono 2027 (7,125%) es menor a la tasa de colocación del nuevo Bono 2032. No obstante, hay que considerar que el Bono 2027 es fruto de una negociación que se llevó a cabo en el marco de la reestructuración de toda la deuda argentina durante 2020-2021, mientras que la actual colocación es de mercado.

Si bien el gobierno podría comparar la tasa de colocación del 9,75% contra la TIR de los Bonos soberanos actuales, debemos saber que no hay ningún bono comparable contra el hoy emitido. El que está más cerca en duration es el Global 2035, con TIR cercana al 10%. Pero, conceptualmente, no se debe comparar la tasa de colocación del Bono Córdoba 2032 contra tasa de Bonos que están arbitrados por el propio deudor (gobierno nacional) y que son fruto de un canje, cuya tasa nominal de lámina y la cadencia de devolución del capital fueron diseñados fuera del mercado, en la reestructuración de deuda del 2020. La mejor referencia es la mencionada emisión de ON YFCJO, porque fue una salida al mercado reciente (oct 2024) y de una empresa estatal de segunda línea (YPF Energia Eléctrica S.A.).

SIN DÓLARES NO HAY PARAÍSO

 


SIN DÓLARES NO HAY PARAÍSO

Diego Dequino, 12/06/2025

Argentina pudo esquivar el infierno de la hiperinflación, pero desde ese momento se asentó en el purgatorio y parece aún no salir de él. 

Ya sabemos, son demasiados los pecados económicos cometidos por los argentinos, como para asegurarnos una larga estadía en el purgatorio.

Por eso, mientras el peso argentino se hace fuerte, fruto de la baja en la inflación, las medidas de austeridad en materia de gasto público, el manejo profesional de la política monetaria que ha llevado a no emitir en demasía moneda por encima de la demanda, mientras eso ocurre, los argentinos, sin embargo, seguimos obsesionados con el dólar.

El foco, entonces, sigue estando sobre el precio del dólar, sus causas y sus consecuencias.

En el blanqueo de capitales para que las personas y empresas llevaran a los bancos sus dólares atesorados o los trajeran del exterior.

En las medidas para que la gente saque los dólares del colchón y los gaste.

En la sangría de dólares gastados debido a la expansión exagerada de los viajes al exterior de los argentinos. 

En la búsqueda de financiamiento que lleva adelante el Tesoro con el crédito plus del FMI  o con bonos de nueva deuda.

También con el Banco Central haciendo REPO -préstamos transitorios- con bancos del exterior o emitiendo deuda para las empresas que quieren girar dividendos al exterior.

Entonces el gobierno, aunque reniega, siempre vuelve sobre el punto: conseguir de manera creativa los dólares que  no quieren comprar en el mercado, para no convalidar un valor más alto en el precio de la divisa.

Muchos de los votantes del presidente Milei siguen aguardando, de forma velada, la medida más radicalizada que había propuesto previo y durante su campaña electoral e incluso luego de asumir: la dolarización de la economía.

Es muy probable que la falta de respuesta ante esta propuesta que había hecho el presidente pueda conducir progresivamente a una mayor aversión al riesgo por parte de los inversores y a una conducta más beligerante por parte de los consumidores, que si bien, perciben una baja en la intensidad de la suba de los precios, no logran apropiarse aún de los beneficios en sus bolsillos.

La escalera que conduce desde el purgatorio al paraíso tiene algunos escalones obligatorios, en general vinculados a terminar de estabilizar un conjunto de precios relativos críticos de la economía.

En particular, nos referimos -por supuesto – al precio de la divisa extranjera, que tiene un retraso del orden del 25% al 30% en términos de la inflación de los últimos ocho años.

El segundo son los impuestos distorsivos que recaen sobre un sector clave de la economía como es el complejo agroindustrial, corazón productivo y culturalmente identitario de nuestro país. 

La carga extraordinaria y exagerada de las retenciones, son una mochila de piedra fiscal difícil de cargar por el motor principal de nuestra producción.

El tercero está vinculado a las tarifas de los servicios públicos, que aún contienen 30% de retraso respecto de sus costos, tema que el gobierno en algún momento deberá afrontar a un costo político y social difícil de adivinar.

El cuarto precio relativo, es el escalón dorado para alcanzar el paraíso: los salarios reales o el poder adquisitivo de la gente, de todos y cada uno de los argentinos.

No es un tema de culpables, pero allí hay un claro retraso respecto a los últimos ocho años que oscila entre el 15% y el 35%, dependiendo de cuán formal o informal sea el trabajador. 

Este último escalón dorado, si se completa, sería la coronación para una recuperación decidida y consistente.

Pero de manera realista es difícil imaginar que ocurra de forma rápida.

Quizás deberemos encontrar el bypass que implique que una generación laboral de la Argentina resigne poder adquisitivo presente, para que la generación siguiente sea más próspera. No muy diferente a la Argentina entre 1880 y 1930.

Si estos cuatro precios relativos terminan de alinearse y estabilizarse, el proceso de inversión en la Argentina será decidido y potente, llevándonos a ese lugar que todos ansiamos: una Argentina próspera que tenga lo suficiente para dar cabida a todos y cada uno de nosotros.

Pero seamos claros: sin dólares no habrá paraíso.


 Argentina “baratísima” para invertir: con cuáles fundamentos

21/05/2025
DIEGO DEQUINO

El presidente Javier Milei cerró el martes por la noche su discurso en AmCham Summit ante un nutrido grupo de empresarios con una frase propia de su estilo: “es una excelente oportunidad de compra porque Argentina está baratísima y Argentina va a subir …(mucho)”.

Para analizar si Argentina está barata o cara para invertir, creo que hay que ser un poco más meticulosos, saliendo de lugares comunes.

Primero, si estamos caros o baratos en términos generales. Obviamente que con un atraso en el precio del dólar respecto de la inflación del orden del 25-30%, que simplemente se advertir al comparar el día de la creación de la unidad de valor adquisitivo (UVA) cuyo valor el 31 de marzo de 2016 fue 14,05 pesos; mientras el dólar libre y único ese día tenía un valor similar. Hoy la UVA alcanza $1.474 y el dólar $1.166. Ello produce, en términos generales, que la Argentina respecto de sus valores históricos propios parezca cara en dólares en términos de los salarios y, como mucha gente lo interpreta, de vivir (alimentación, vestimenta). También la comparación arroja resultados similares respecto de otros países.

Ahora bien, para entender el mensaje que el Presidente envía a los inversores en cuanto a que la Argentina está barata para invertir, creo si es correcto si ese mensaje se recorta y circunscribe a sectores de actividad específicos.

Fundamentalmente porque el razonamiento para saber si se está barata o cara, en materia de inversión para producir, tiene que ver con la rentabilidad y la competitividad de cada negocio.

Baratos

Entonces ¿dónde está barata Argentina? para invertir. En el agro, en el campo, la tierra, la producción agropecuaria, cuando se compara con el mundo, es decir con quienes competimos. ¿Y por qué está barata? Porque es un sector que tiene deprimidos los precios de sus activos principales, por ejemplo la tierra, porque es un sector que es competitivo, que tiene capacidad para competir, pero que está castigado en la determinación de su margen de utilidad. Si las retenciones no existieran, o el valor del dólar se acoplara más a la inflación (precios internos), el precio de las propiedades agrícolas aumentaría de forma significativa. Pasaría a ser un negocio con mucho mayor margen de utilidades, lo cual impactaría positivamente en el valor de los activos que componen el capital del sector.

Otro sector donde somos baratos en términos relativos, es el vinculado a la energía y minerales. Por caso, en especial en este momento el gas, el litio, el cobre, tienen abundancia relativa y por lo tanto oportunidades de inversión convenientes. Adicionalmente, cuando hay costos vinculados a una matriz de producción donde la energía, gas, petróleo o electricidad, si existe contratos de oferta asegurada también hay una ventaja -menor- de precios relativos.

También la pesca, porque tenemos una plataforma submarina enorme que combinado con las regulaciones presentes que dificultan la actividad, los activos de dicho sector también están deprimidos en términos relativos. Para un inversor de largo plazo, que tenga ventanas de regulación que le permitan controlar costos extraordinarios locales también hay oportunidades. 

En paralelo, otro sector donde también todavía tiene margen, tiene que ver con las empresas de servicios de valor agregado tecnológico, donde no somos competitivos en términos globales, pero sí en términos regionales. Los servicios digitales en Argentina tienen aún ciertas ventajas competitivas de alcance regional que permiten imaginar condiciones favorables para inversores externos, en especial cuando esas ventajas provienen del capital humano cuya curva de formación y acumulación requiere al menos tres décadas.

En síntesis, las alternativas de que la Argentina está barata para inversores extranjeros, aún con un dólar 25%-30% retrasado respecto de los precios internos en pesos, está ligada a tres vertientes: actividades muy competitivas que son castigadas en sus márgenes de utilidades por impuestos (retenciones) y distorsiones en la formación de su precio de venta (dólar barato), que degradan el valor de sus activos (la tierra); actividades ligadas a recursos naturales abundantes que tiene la Argentina; actividades competitivas de alcance regional cuyo corazón del handicap proviene de los recursos humanos, que por definición requieren procesos de formación de al menos tres décadas.

Caros

¿Dónde estamos caros? Para no decir simplemente en el resto de la economía, o que somos caros en todos aquellos sectores donde no somos competitivos respecto a otros países. 

Y aquí sí el retraso en el precio del dólar en términos históricos de nuestros propios precios internos en pesos, nos impone un costo argentino extra y alto. Este valor es aquello que se emparenta con el costo de vivir o con una mirada que combina con la percepción del lado del consumo.

Resumiendo, debemos entender o hagamos votos para que así sea, que el Presidente le habló a los inversores y que pensaba en determinados sectores de la economía donde efectivamente hay oportunidades para invertir. Pero que a su vez, en algunos casos, esas oportunidades están retroalimentadas por marcos jurídicos especiales como el RIGI que otorgan “bonus extras” de utilidades aseguradas en el mediano y largo plazo.

 Argentina “baratísima” para invertir: con cuáles fundamentos

21/05/2025
DIEGO DEQUINO

El presidente Javier Milei cerró el martes por la noche su discurso en AmCham Summit ante un nutrido grupo de empresarios con una frase propia de su estilo: “es una excelente oportunidad de compra porque Argentina está baratísima y Argentina va a subir …(mucho)”.

Para analizar si Argentina está barata o cara para invertir, creo que hay que ser un poco más meticulosos, saliendo de lugares comunes.

Primero, si estamos caros o baratos en términos generales. Obviamente que con un atraso en el precio del dólar respecto de la inflación del orden del 25-30%, que simplemente se advertir al comparar el día de la creación de la unidad de valor adquisitivo (UVA) cuyo valor el 31 de marzo de 2016 fue 14,05 pesos; mientras el dólar libre y único ese día tenía un valor similar. Hoy la UVA alcanza $1.474 y el dólar $1.166. Ello produce, en términos generales, que la Argentina respecto de sus valores históricos propios parezca cara en dólares en términos de los salarios y, como mucha gente lo interpreta, de vivir (alimentación, vestimenta). También la comparación arroja resultados similares respecto de otros países.

Ahora bien, para entender el mensaje que el Presidente envía a los inversores en cuanto a que la Argentina está barata para invertir, creo si es correcto si ese mensaje se recorta y circunscribe a sectores de actividad específicos.

Fundamentalmente porque el razonamiento para saber si se está barata o cara, en materia de inversión para producir, tiene que ver con la rentabilidad y la competitividad de cada negocio.

Baratos

Entonces ¿dónde está barata Argentina? para invertir. En el agro, en el campo, la tierra, la producción agropecuaria, cuando se compara con el mundo, es decir con quienes competimos. ¿Y por qué está barata? Porque es un sector que tiene deprimidos los precios de sus activos principales, por ejemplo la tierra, porque es un sector que es competitivo, que tiene capacidad para competir, pero que está castigado en la determinación de su margen de utilidad. Si las retenciones no existieran, o el valor del dólar se acoplara más a la inflación (precios internos), el precio de las propiedades agrícolas aumentaría de forma significativa. Pasaría a ser un negocio con mucho mayor margen de utilidades, lo cual impactaría positivamente en el valor de los activos que componen el capital del sector.

Otro sector donde somos baratos en términos relativos, es el vinculado a la energía y minerales. Por caso, en especial en este momento el gas, el litio, el cobre, tienen abundancia relativa y por lo tanto oportunidades de inversión convenientes. Adicionalmente, cuando hay costos vinculados a una matriz de producción donde la energía, gas, petróleo o electricidad, si existe contratos de oferta asegurada también hay una ventaja -menor- de precios relativos.

También la pesca, porque tenemos una plataforma submarina enorme que combinado con las regulaciones presentes que dificultan la actividad, los activos de dicho sector también están deprimidos en términos relativos. Para un inversor de largo plazo, que tenga ventanas de regulación que le permitan controlar costos extraordinarios locales también hay oportunidades. 

En paralelo, otro sector donde también todavía tiene margen, tiene que ver con las empresas de servicios de valor agregado tecnológico, donde no somos competitivos en términos globales, pero sí en términos regionales. Los servicios digitales en Argentina tienen aún ciertas ventajas competitivas de alcance regional que permiten imaginar condiciones favorables para inversores externos, en especial cuando esas ventajas provienen del capital humano cuya curva de formación y acumulación requiere al menos tres décadas.

En síntesis, las alternativas de que la Argentina está barata para inversores extranjeros, aún con un dólar 25%-30% retrasado respecto de los precios internos en pesos, está ligada a tres vertientes: actividades muy competitivas que son castigadas en sus márgenes de utilidades por impuestos (retenciones) y distorsiones en la formación de su precio de venta (dólar barato), que degradan el valor de sus activos (la tierra); actividades ligadas a recursos naturales abundantes que tiene la Argentina; actividades competitivas de alcance regional cuyo corazón del handicap proviene de los recursos humanos, que por definición requieren procesos de formación de al menos tres décadas.

Caros

¿Dónde estamos caros? Para no decir simplemente en el resto de la economía, o que somos caros en todos aquellos sectores donde no somos competitivos respecto a otros países. 

Y aquí sí el retraso en el precio del dólar en términos históricos de nuestros propios precios internos en pesos, nos impone un costo argentino extra y alto. Este valor es aquello que se emparenta con el costo de vivir o con una mirada que combina con la percepción del lado del consumo.

Resumiendo, debemos entender o hagamos votos para que así sea, que el Presidente le habló a los inversores y que pensaba en determinados sectores de la economía donde efectivamente hay oportunidades para invertir. Pero que a su vez, en algunos casos, esas oportunidades están retroalimentadas por marcos jurídicos especiales como el RIGI que otorgan “bonus extras” de utilidades aseguradas en el mediano y largo plazo.

 Argentina “baratísima” para invertir: con cuáles fundamentos

21/05/2025
DIEGO DEQUINO

El presidente Javier Milei cerró el martes por la noche su discurso en AmCham Summit ante un nutrido grupo de empresarios con una frase propia de su estilo: “es una excelente oportunidad de compra porque Argentina está baratísima y Argentina va a subir …(mucho)”.

Para analizar si Argentina está barata o cara para invertir, creo que hay que ser un poco más meticulosos, saliendo de lugares comunes.

Primero, si estamos caros o baratos en términos generales. Obviamente que con un atraso en el precio del dólar respecto de la inflación del orden del 25-30%, que simplemente se advertir al comparar el día de la creación de la unidad de valor adquisitivo (UVA) cuyo valor el 31 de marzo de 2016 fue 14,05 pesos; mientras el dólar libre y único ese día tenía un valor similar. Hoy la UVA alcanza $1.474 y el dólar $1.166. Ello produce, en términos generales, que la Argentina respecto de sus valores históricos propios parezca cara en dólares en términos de los salarios y, como mucha gente lo interpreta, de vivir (alimentación, vestimenta). También la comparación arroja resultados similares respecto de otros países.

Ahora bien, para entender el mensaje que el Presidente envía a los inversores en cuanto a que la Argentina está barata para invertir, creo si es correcto si ese mensaje se recorta y circunscribe a sectores de actividad específicos.

Fundamentalmente porque el razonamiento para saber si se está barata o cara, en materia de inversión para producir, tiene que ver con la rentabilidad y la competitividad de cada negocio.

Baratos

Entonces ¿dónde está barata Argentina? para invertir. En el agro, en el campo, la tierra, la producción agropecuaria, cuando se compara con el mundo, es decir con quienes competimos. ¿Y por qué está barata? Porque es un sector que tiene deprimidos los precios de sus activos principales, por ejemplo la tierra, porque es un sector que es competitivo, que tiene capacidad para competir, pero que está castigado en la determinación de su margen de utilidad. Si las retenciones no existieran, o el valor del dólar se acoplara más a la inflación (precios internos), el precio de las propiedades agrícolas aumentaría de forma significativa. Pasaría a ser un negocio con mucho mayor margen de utilidades, lo cual impactaría positivamente en el valor de los activos que componen el capital del sector.

Otro sector donde somos baratos en términos relativos, es el vinculado a la energía y minerales. Por caso, en especial en este momento el gas, el litio, el cobre, tienen abundancia relativa y por lo tanto oportunidades de inversión convenientes. Adicionalmente, cuando hay costos vinculados a una matriz de producción donde la energía, gas, petróleo o electricidad, si existe contratos de oferta asegurada también hay una ventaja -menor- de precios relativos.

También la pesca, porque tenemos una plataforma submarina enorme que combinado con las regulaciones presentes que dificultan la actividad, los activos de dicho sector también están deprimidos en términos relativos. Para un inversor de largo plazo, que tenga ventanas de regulación que le permitan controlar costos extraordinarios locales también hay oportunidades. 

En paralelo, otro sector donde también todavía tiene margen, tiene que ver con las empresas de servicios de valor agregado tecnológico, donde no somos competitivos en términos globales, pero sí en términos regionales. Los servicios digitales en Argentina tienen aún ciertas ventajas competitivas de alcance regional que permiten imaginar condiciones favorables para inversores externos, en especial cuando esas ventajas provienen del capital humano cuya curva de formación y acumulación requiere al menos tres décadas.

En síntesis, las alternativas de que la Argentina está barata para inversores extranjeros, aún con un dólar 25%-30% retrasado respecto de los precios internos en pesos, está ligada a tres vertientes: actividades muy competitivas que son castigadas en sus márgenes de utilidades por impuestos (retenciones) y distorsiones en la formación de su precio de venta (dólar barato), que degradan el valor de sus activos (la tierra); actividades ligadas a recursos naturales abundantes que tiene la Argentina; actividades competitivas de alcance regional cuyo corazón del handicap proviene de los recursos humanos, que por definición requieren procesos de formación de al menos tres décadas.

Caros

¿Dónde estamos caros? Para no decir simplemente en el resto de la economía, o que somos caros en todos aquellos sectores donde no somos competitivos respecto a otros países. 

Y aquí sí el retraso en el precio del dólar en términos históricos de nuestros propios precios internos en pesos, nos impone un costo argentino extra y alto. Este valor es aquello que se emparenta con el costo de vivir o con una mirada que combina con la percepción del lado del consumo.

Resumiendo, debemos entender o hagamos votos para que así sea, que el Presidente le habló a los inversores y que pensaba en determinados sectores de la economía donde efectivamente hay oportunidades para invertir. Pero que a su vez, en algunos casos, esas oportunidades están retroalimentadas por marcos jurídicos especiales como el RIGI que otorgan “bonus extras” de utilidades aseguradas en el mediano y largo plazo.