Categoría agregada por el Plugin WPeMatico

En cien días Milei presidente asoma un cambio de época

 La economía argentina ante un cambio de época

Diego Dequino, 21/03/2024

especial para La Voz del Interior

https://www.lavoz.com.ar/negocios/la-economia-argentina-ante-un-cambio-de-epoca/


Los estados nacionales, provinciales y municipales avanzaron sin cesar sobre el sector privado en materia de presión fiscal desde el año 2006, agravando la situación desde 2012 porque la economía argentina dejó de crecer.

Los tres niveles de gobierno deberían como mínimo quitar 4% del PBI de presión fiscal, es decir USD 20 mil millones anuales menos de impuestos, para desandar la contradicción de que lo único que crece es el estado.

Los ingresos fiscales de cada nivel del estado deberían bajar entre 10% y 15%, dependiendo del punto de partida, mientras que los gastos deben caer más para tener equilibrio fiscal.

El gobierno nacional parece haberse tomado en serio esta tarea ya que en el bimestre enero-febrero 2024 los ingresos fiscales bajaron 6% y los gastos cayeron 38%, ambos en términos reales. 

Existen nexos causales sutiles, no explícitos, en la retórica del gobierno que dan cuenta de que detrás de la afirmación “no hay plata”, se está instando a la sociedad a ponerse en “modo ahorro”.

La concepción austera en la gestión de los recursos públicos, sumado a un conjunto de medidas de política cuyos resultados comienzan a expresarse, constituyen los primeros rasgos definidos de un cambio de época.

Cien días de motosierra y licuadora

  1. Anticipando el fin del cepo al dólar

Los pesos y las reservas en el Banco Central durante 2020-2023 se sometieron a una emisión desmesurada, sin metas cuantitativas de ningún tipo.

No obstante, al analizar el período de los últimos 200 días, el cambio de tendencia es elocuente.

Cuando se comparan los últimos 100 días del gobierno de Fernandez y los primeros 100 días del gobierno de Milei, si bien la cantidad de dinero emitida ajustada por inflación fue similar, la diferencia en la evolución de las reservas brutas es notable: pasaron de caer 25%, a subir 32%.

Para resumir la magnitud en el cambio de expectativas: pasamos de quemar 70 mil millones de pesos por día para comprar dólares, a capturar diariamente esa misma cantidad de pesos vendiendo dólares.

Mientras tanto la tasa de interés en pesos bajó fuerte de apenas positiva a negativa, forzando un reacomodamiento brutal de las carteras que facilitó al Tesoro Nacional comenzar a adecuar la enorme curva de deuda en pesos.

  1. El plan Bonex que no fué

Antes de ponerse en marcha la convertibilidad en abril de 1991 hubo una apropiación compulsiva desde el estado de los depósitos a plazo en dólares, a cambio de un bono a diez años: Bonex 89.

Las necesidades financieras del gobierno nacional en 2023 se estimaron en treinta billones de pesos según el presupuesto, ese número quedó viejo rápidamente por la inflación creciente.

Cuando el ministro Massa decidió impulsar el plan llamado platita, incluyendo la irracional eliminación del impuestos a las ganancias en cuarta categoría, las reales necesidades financieras dejaron de ser un dato relevante siendo reemplazadas por el monto de los vencimientos de deuda en pesos y su calendario semanal.

Los canjes voluntarios de deuda durante 2024 por cincuenta billones de pesos o dos veces las reservas del Banco Central, estiraron plazos a más de veinticuatro meses, impusieron tasas de interés negativas y se libraron de pagar servicios.

Ello permitió que el gobierno vuelva a disponer del recurso más valioso de la planificación financiera, el tiempo, mientras retiró una enorme cantidad de pesos que semana a semana azuzaban el fuego inflacionario.

  1. Las jubilaciones en la licuadora

Más de la mitad de los actuales jubilados cobran como si hubieran aportado de manera regular durante treinta años, aunque lo hicieron parcialmente o no lo hicieron. 

Esta situación es independiente de si trabajaron o cuánto lo hicieron a lo largo de su vida laboral, pero ayuda a explicar porqué el 90% de ellos cobra la jubilación mínima.

En números duros existe un desfase negativo de 3% del PBI entre lo aportado por el colectivo de trabajadores durante su vida activa, respecto del colectivo de jubilados actuales. 

Desde la aceleración inflacionaria de diciembre de 2023, la fórmula de movilidad jubilatoria vigente desde el año 2021 se transformó en el mecanismo automático de ajuste horizontal que licúa a todos los jubilados por igual. 

  1. Un PAMI de rutas que no se hicieron

Cada vez que cargamos combustibles pagamos un impuesto que recauda 0,5% del PBI, con un promedio superior a los USD 3 mil millones año.

El 20% aproximadamente corresponde a la tasa al gasoil y GNC que desde el año 2001 se reserva para apalancar proyectos de infraestructura de transporte vial y ferroviaria.

Estos fondos recaudados fueron USD 10 mil millones más rentas e intereses, por lo cual por sí solos deberían haber sido suficientes para incorporar aproximadamente 10 mil km de autopistas, pero no fue así.

Mientras la infraestructura vial del país se deterioró, los gobiernos eligieron subsidiar los servicios públicos de transporte de pasajeros, a través de un complejo modelo de gestión plagado de intermediarios cuyos beneficiarios fueron las empresas privadas que componen al sistema de infraestructura de transporte.

La decisión de suspender el giro de estos fondos cortó un mecanismo de pobres resultados en materia de infraestructura (0,1% del PBI) por un monto mayor a la asistencia anual que el gobierno asigna al PAMI.

Un cambio de época para que la economía crezca

Las claves del plan económico parecen cifrarse en torno a sostener un esquema de superávits gemelos, donde el comercio exterior provee las divisas para la economía, mientras el resultado fiscal permite monetizar los dólares sin riesgos inflacionarios.

Logrando los cometidos enunciados, la recuperación de la economía será en forma de U, con un caída vertical que aún no termina pero que se atenuará en el segundo trimestre.

Durante la segunda mitad del año comenzará el recorrido del segundo tramo de la U donde la velocidad de recuperación se irá acelerando progresivamente.

Es necesario señalar que los ganadores serán diferentes a los que protagonizaron los últimos veinte años, debido al cambio en la nube de precios relativos y la quita de prebendas del estado.

Los superávits gemelos implican ahorrar, por lo cual sostenerlos exigirá mantener controlado el conflicto social mientras se encienden los motores apuntados para el crecimiento de la economía: exportaciones e inversiones.

En una sociedad acostumbrada a monitorear desde hace décadas solamente el consumo como medida de éxito de la economía, mientras la infraestructura se cae a pedazos, este enfoque diferente con un gobierno ocupado de implementarlo expresa sin dudas un cambio de época.

Balotaje presidencial 2023 y la economía argentina

¡Escuchá! Muchachos nos volvimos a ilusionar

Diego Dequino, 17/11/2023


La Argentina se prepara para disputar su propia copa, al margen de quienes integren el equipo que ingrese al campo de juego el próximo 10 de diciembre.

La fase grupos la sortearemos cuando vayamos al supermercado sabiendo cuánto valen los productos antes de subirlos al carrito.

Superar la ronda eliminatoria consistirá en volver a guardar un poco de dinero, durante algunas semanas, sin la angustia de saber que cada día vale menos. 

Pasar las semifinales será comprar en cuotitas fijas de 24 o 36 meses una heladera, una tele, una computadora, los materiales del quincho.

Si ganamos la copa, es porque logramos comprar un auto, un departamento, una casa o un terreno en cuotas pagables a lo largo de 15 o 20 años.

Recién en ese momento podremos pasar a disputar las ligas mayores del crecimiento sostenido, de la mejora permanente en el poder adquisitivo, de ser referencia en el desempeño económico, y ¿por qué no? lograr que la Argentina sea el lugar que todos con alegría elijamos para prosperar.

El primer partido, la inflación

El próximo año será duro y complejo en materia económica. Los errores no forzados que puedan cometerse en materia del plan económico nos expondrá al riesgo de dejarnos sin moneda, sin precios relativos y sin dólares.

La inflación de diciembre se acelerará independientemente de si el ganador del balotaje es “dolarizador” o “pesificador”, porque aumentará la cobertura de los sectores debido a inevitables medidas de corrección del tipo de cambio y de precios ancla de la economía.

El año 2023 concluirá con una inflación anual próxima al 170%, valor que casi duplica la inflación del año 2022, que a su vez casi duplicó la inflación del año 2021.

La inflación seguirá su curso hacia valores cercanos al 300% anual, a menos que se produzcan cambios significativos entre los precios relativos del dólar, las tarifas y los ingresos fijos; se cierre la monetización permanente para financiar déficit fiscal y cuasifiscal; y comience la recuperación del crédito para familias y empresas.

Rodando pesos o dólares

El primer gran interrogante que se comienza a desvelar este domingo es la moneda de referencia que utilizaremos en los meses venideros, ello servirá para saber si el calendario de la contienda económica se jugará en un campo signado por el peso o por el dólar.

El feriado del próximo lunes otorga 24hs para reflexionar sobre cómo podrían desarrollarse los meses venideros, aprovechemos e imaginemos los probables escenarios.

Si jugamos en pesos

Con un Massa ganador y su programa de sostener el peso como única moneda de curso legal, es probable que se intente ordenar el mercado de cambios en torno a tres tipos de dólares.

Un dólar de comercio exterior para importaciones, que será el dólar oficial actual con una actualización diaria más acelerada que la inflación. 

Un dólar de comercio exterior para exportaciones con un esquema similar al actual del mix entre 70% valor oficial importador y 30% CCL, que arroja un valor hoy de quinientos treinta pesos aproximadamente.

Un tipo de cambio para cancelar el resto de los contratos (financieros, turismo, atesoramiento, etc) arbitrado contra bonos del tesoro, como el dólar MEP y el dólar CCL, cuyos precios hoy rondan los novecientos pesos.

En tal caso la apuesta será apurar la corrección del tipo de cambio de importación y seguir ralentizando la suba del arbitrado con bonos, para buscar converger a un tipo de cambio único en dieciocho o más meses.

El éxito de esta estrategia dependerá de la evolución de las reservas, donde el gobierno quiere cambiar la ecuación del ingreso-salida de divisas mediante recomponer el saldo exportador neto para el año 2024 en unos USD2 mil millones mensuales promedio; basado en un mejor resultado sostenido por energía y agroexportables.

Si jugamos en dólares

Con un Milei ganador y su programa de dolarización de la economía, es probable que durante al menos los primeros ocho meses tengamos dos tipos de cambio.

Un tipo de cambio comercial para comercio exterior, que seguramente será un valor cercano a los quinientos cincuenta pesos en el inicio.

Un tipo de cambio de libre acceso, con amplia condonación para ofertar dólares atesorados por la población, para todo tipo de operaciones (financieras, ahorro, giro de divisas, servicios personales incluyendo el turismo, etc), con un valor de partida que pondrá el mercado, difícil de predecir aunque por mera intuición podría ser el doble que el anterior.

En este programa la apuesta principal más probable será fortalecer la oferta interna de dólares billetes y dólares bancarios, hoy inexistente, a través de facilitar la cancelación de contratos de la economía en dicha moneda. 

Es previsible entonces que se intente la convergencia de ambos mercados durante esos meses a un valor intermedio. 

En este esquema de una dolarización progresiva de la economía, será importante comprender si el Banco Central será solo regulador del sistema bancario, o también será organizador de la oferta de dinero de la economía.

Todos a alentar

Inflación, déficit fiscal, presión impositiva, normalización cambiaria, recuperación del crédito para la gente, crecimiento del empleo privado, frenar la sangría de informalidad en las relaciones económicas; serán entre otros los partidos del calendario que la economía argentina disputará en 48 meses.

El próximo 10 de diciembre cultores del juego estilizado de Menotti, adherentes al resultadismo de Bilardo y amantes del fútbol champagne de Scaloni, estaremos todos juntos alentando al equipo que la gente decida que dispute el fixture para lograr que la Argentina recupere la moneda y el crédito.

La economía argentina debe dejar de ser el talismán de la frustración permanente para convertirse en una parábola de nuestro fútbol, incluso si perdemos el partido debut como ocurrió en el último mundial.

Balotaje presidencial 2023 y la economía argentina

¡Escuchá! Muchachos nos volvimos a ilusionar

Diego Dequino, 17/11/2023


La Argentina se prepara para disputar su propia copa, al margen de quienes integren el equipo que ingrese al campo de juego el próximo 10 de diciembre.

La fase grupos la sortearemos cuando vayamos al supermercado sabiendo cuánto valen los productos antes de subirlos al carrito.

Superar la ronda eliminatoria consistirá en volver a guardar un poco de dinero, durante algunas semanas, sin la angustia de saber que cada día vale menos. 

Pasar las semifinales será comprar en cuotitas fijas de 24 o 36 meses una heladera, una tele, una computadora, los materiales del quincho.

Si ganamos la copa, es porque logramos comprar un auto, un departamento, una casa o un terreno en cuotas pagables a lo largo de 15 o 20 años.

Recién en ese momento podremos pasar a disputar las ligas mayores del crecimiento sostenido, de la mejora permanente en el poder adquisitivo, de ser referencia en el desempeño económico, y ¿por qué no? lograr que la Argentina sea el lugar que todos con alegría elijamos para prosperar.

El primer partido, la inflación

El próximo año será duro y complejo en materia económica. Los errores no forzados que puedan cometerse en materia del plan económico nos expondrá al riesgo de dejarnos sin moneda, sin precios relativos y sin dólares.

La inflación de diciembre se acelerará independientemente de si el ganador del balotaje es “dolarizador” o “pesificador”, porque aumentará la cobertura de los sectores debido a inevitables medidas de corrección del tipo de cambio y de precios ancla de la economía.

El año 2023 concluirá con una inflación anual próxima al 170%, valor que casi duplica la inflación del año 2022, que a su vez casi duplicó la inflación del año 2021.

La inflación seguirá su curso hacia valores cercanos al 300% anual, a menos que se produzcan cambios significativos entre los precios relativos del dólar, las tarifas y los ingresos fijos; se cierre la monetización permanente para financiar déficit fiscal y cuasifiscal; y comience la recuperación del crédito para familias y empresas.

Rodando pesos o dólares

El primer gran interrogante que se comienza a desvelar este domingo es la moneda de referencia que utilizaremos en los meses venideros, ello servirá para saber si el calendario de la contienda económica se jugará en un campo signado por el peso o por el dólar.

El feriado del próximo lunes otorga 24hs para reflexionar sobre cómo podrían desarrollarse los meses venideros, aprovechemos e imaginemos los probables escenarios.

Si jugamos en pesos

Con un Massa ganador y su programa de sostener el peso como única moneda de curso legal, es probable que se intente ordenar el mercado de cambios en torno a tres tipos de dólares.

Un dólar de comercio exterior para importaciones, que será el dólar oficial actual con una actualización diaria más acelerada que la inflación. 

Un dólar de comercio exterior para exportaciones con un esquema similar al actual del mix entre 70% valor oficial importador y 30% CCL, que arroja un valor hoy de quinientos treinta pesos aproximadamente.

Un tipo de cambio para cancelar el resto de los contratos (financieros, turismo, atesoramiento, etc) arbitrado contra bonos del tesoro, como el dólar MEP y el dólar CCL, cuyos precios hoy rondan los novecientos pesos.

En tal caso la apuesta será apurar la corrección del tipo de cambio de importación y seguir ralentizando la suba del arbitrado con bonos, para buscar converger a un tipo de cambio único en dieciocho o más meses.

El éxito de esta estrategia dependerá de la evolución de las reservas, donde el gobierno quiere cambiar la ecuación del ingreso-salida de divisas mediante recomponer el saldo exportador neto para el año 2024 en unos USD2 mil millones mensuales promedio; basado en un mejor resultado sostenido por energía y agroexportables.

Si jugamos en dólares

Con un Milei ganador y su programa de dolarización de la economía, es probable que durante al menos los primeros ocho meses tengamos dos tipos de cambio.

Un tipo de cambio comercial para comercio exterior, que seguramente será un valor cercano a los quinientos cincuenta pesos en el inicio.

Un tipo de cambio de libre acceso, con amplia condonación para ofertar dólares atesorados por la población, para todo tipo de operaciones (financieras, ahorro, giro de divisas, servicios personales incluyendo el turismo, etc), con un valor de partida que pondrá el mercado, difícil de predecir aunque por mera intuición podría ser el doble que el anterior.

En este programa la apuesta principal más probable será fortalecer la oferta interna de dólares billetes y dólares bancarios, hoy inexistente, a través de facilitar la cancelación de contratos de la economía en dicha moneda. 

Es previsible entonces que se intente la convergencia de ambos mercados durante esos meses a un valor intermedio. 

En este esquema de una dolarización progresiva de la economía, será importante comprender si el Banco Central será solo regulador del sistema bancario, o también será organizador de la oferta de dinero de la economía.

Todos a alentar

Inflación, déficit fiscal, presión impositiva, normalización cambiaria, recuperación del crédito para la gente, crecimiento del empleo privado, frenar la sangría de informalidad en las relaciones económicas; serán entre otros los partidos del calendario que la economía argentina disputará en 48 meses.

El próximo 10 de diciembre cultores del juego estilizado de Menotti, adherentes al resultadismo de Bilardo y amantes del fútbol champagne de Scaloni, estaremos todos juntos alentando al equipo que la gente decida que dispute el fixture para lograr que la Argentina recupere la moneda y el crédito.

La economía argentina debe dejar de ser el talismán de la frustración permanente para convertirse en una parábola de nuestro fútbol, incluso si perdemos el partido debut como ocurrió en el último mundial.

Balotaje presidencial 2023 y la economía argentina

¡Escuchá! Muchachos nos volvimos a ilusionar

Diego Dequino, 17/11/2023


La Argentina se prepara para disputar su propia copa, al margen de quienes integren el equipo que ingrese al campo de juego el próximo 10 de diciembre.

La fase grupos la sortearemos cuando vayamos al supermercado sabiendo cuánto valen los productos antes de subirlos al carrito.

Superar la ronda eliminatoria consistirá en volver a guardar un poco de dinero, durante algunas semanas, sin la angustia de saber que cada día vale menos. 

Pasar las semifinales será comprar en cuotitas fijas de 24 o 36 meses una heladera, una tele, una computadora, los materiales del quincho.

Si ganamos la copa, es porque logramos comprar un auto, un departamento, una casa o un terreno en cuotas pagables a lo largo de 15 o 20 años.

Recién en ese momento podremos pasar a disputar las ligas mayores del crecimiento sostenido, de la mejora permanente en el poder adquisitivo, de ser referencia en el desempeño económico, y ¿por qué no? lograr que la Argentina sea el lugar que todos con alegría elijamos para prosperar.

El primer partido, la inflación

El próximo año será duro y complejo en materia económica. Los errores no forzados que puedan cometerse en materia del plan económico nos expondrá al riesgo de dejarnos sin moneda, sin precios relativos y sin dólares.

La inflación de diciembre se acelerará independientemente de si el ganador del balotaje es “dolarizador” o “pesificador”, porque aumentará la cobertura de los sectores debido a inevitables medidas de corrección del tipo de cambio y de precios ancla de la economía.

El año 2023 concluirá con una inflación anual próxima al 170%, valor que casi duplica la inflación del año 2022, que a su vez casi duplicó la inflación del año 2021.

La inflación seguirá su curso hacia valores cercanos al 300% anual, a menos que se produzcan cambios significativos entre los precios relativos del dólar, las tarifas y los ingresos fijos; se cierre la monetización permanente para financiar déficit fiscal y cuasifiscal; y comience la recuperación del crédito para familias y empresas.

Rodando pesos o dólares

El primer gran interrogante que se comienza a desvelar este domingo es la moneda de referencia que utilizaremos en los meses venideros, ello servirá para saber si el calendario de la contienda económica se jugará en un campo signado por el peso o por el dólar.

El feriado del próximo lunes otorga 24hs para reflexionar sobre cómo podrían desarrollarse los meses venideros, aprovechemos e imaginemos los probables escenarios.

Si jugamos en pesos

Con un Massa ganador y su programa de sostener el peso como única moneda de curso legal, es probable que se intente ordenar el mercado de cambios en torno a tres tipos de dólares.

Un dólar de comercio exterior para importaciones, que será el dólar oficial actual con una actualización diaria más acelerada que la inflación. 

Un dólar de comercio exterior para exportaciones con un esquema similar al actual del mix entre 70% valor oficial importador y 30% CCL, que arroja un valor hoy de quinientos treinta pesos aproximadamente.

Un tipo de cambio para cancelar el resto de los contratos (financieros, turismo, atesoramiento, etc) arbitrado contra bonos del tesoro, como el dólar MEP y el dólar CCL, cuyos precios hoy rondan los novecientos pesos.

En tal caso la apuesta será apurar la corrección del tipo de cambio de importación y seguir ralentizando la suba del arbitrado con bonos, para buscar converger a un tipo de cambio único en dieciocho o más meses.

El éxito de esta estrategia dependerá de la evolución de las reservas, donde el gobierno quiere cambiar la ecuación del ingreso-salida de divisas mediante recomponer el saldo exportador neto para el año 2024 en unos USD2 mil millones mensuales promedio; basado en un mejor resultado sostenido por energía y agroexportables.

Si jugamos en dólares

Con un Milei ganador y su programa de dolarización de la economía, es probable que durante al menos los primeros ocho meses tengamos dos tipos de cambio.

Un tipo de cambio comercial para comercio exterior, que seguramente será un valor cercano a los quinientos cincuenta pesos en el inicio.

Un tipo de cambio de libre acceso, con amplia condonación para ofertar dólares atesorados por la población, para todo tipo de operaciones (financieras, ahorro, giro de divisas, servicios personales incluyendo el turismo, etc), con un valor de partida que pondrá el mercado, difícil de predecir aunque por mera intuición podría ser el doble que el anterior.

En este programa la apuesta principal más probable será fortalecer la oferta interna de dólares billetes y dólares bancarios, hoy inexistente, a través de facilitar la cancelación de contratos de la economía en dicha moneda. 

Es previsible entonces que se intente la convergencia de ambos mercados durante esos meses a un valor intermedio. 

En este esquema de una dolarización progresiva de la economía, será importante comprender si el Banco Central será solo regulador del sistema bancario, o también será organizador de la oferta de dinero de la economía.

Todos a alentar

Inflación, déficit fiscal, presión impositiva, normalización cambiaria, recuperación del crédito para la gente, crecimiento del empleo privado, frenar la sangría de informalidad en las relaciones económicas; serán entre otros los partidos del calendario que la economía argentina disputará en 48 meses.

El próximo 10 de diciembre cultores del juego estilizado de Menotti, adherentes al resultadismo de Bilardo y amantes del fútbol champagne de Scaloni, estaremos todos juntos alentando al equipo que la gente decida que dispute el fixture para lograr que la Argentina recupere la moneda y el crédito.

La economía argentina debe dejar de ser el talismán de la frustración permanente para convertirse en una parábola de nuestro fútbol, incluso si perdemos el partido debut como ocurrió en el último mundial.

COYUNTURA INFLACIONARIA – IPC agos-23 12,4%

 

Opinión sobre
la coyuntura inflacionaria

Diego Dequino

06/09/2023

     
La inflación minorista en agosto
nacional seguramente arrojará valores cercanos al 12%. Dicho valor casi duplica
la inflación del mes anterior julio y eso es un salto significativo en los
precios que no se puede soslayar.

     
Los valores de inflación en
septiembre seguramente seguirán en porcentajes similares, pero en octubre al
ser el mes de las elecciones es muy probable que algunos precios se disparen
aún más. Algunos sectores de actividad económica intentarán cubrirse antes del
resultado de la elección del 22-oct.

     
Si agosto y septiembre fueran
meses típicos de una serie anual, estaríamos ya en 300% anual de inflación.

     
No obstante lo más probable es que
-si no hay una corrida furibunda contra el peso-, la inflación de este año 2023
termine en valores cercanos al 170%-180%.

     
En cuanto a la composición de la
medición de inflación en precios regulados (20% de la canasta), estacionales
(10% de la canasta) y núcleo (70% de la canasta) tienen asimetrías mes a mes,
aunque en la tendencia anual suelen equipararse. No obstante existe una
latencia que por la nominalidad exagerada pasa desapercibida: en el gobierno de
A. Fernandez los precios regulados contienen un atraso en su valor de ajuste
del 25% medido respecto del nivel general de precios, aunque ese retraso es
mayor (40% aprox) si se toma como referencia los precios relativos de los años
2018-2019. Una adecuación de esos precios relativos tendrá un impacto en todo
el resto de los precios, empujando aún más la inflación (similar a cómo operan
las devaluaciones del dólar oficial sobre el resto de los precios de la
economía).

COYUNTURA INFLACIONARIA – IPC agos-23 12,4%

 

Opinión sobre
la coyuntura inflacionaria

Diego Dequino

06/09/2023

     
La inflación minorista en agosto
nacional seguramente arrojará valores cercanos al 12%. Dicho valor casi duplica
la inflación del mes anterior julio y eso es un salto significativo en los
precios que no se puede soslayar.

     
Los valores de inflación en
septiembre seguramente seguirán en porcentajes similares, pero en octubre al
ser el mes de las elecciones es muy probable que algunos precios se disparen
aún más. Algunos sectores de actividad económica intentarán cubrirse antes del
resultado de la elección del 22-oct.

     
Si agosto y septiembre fueran
meses típicos de una serie anual, estaríamos ya en 300% anual de inflación.

     
No obstante lo más probable es que
-si no hay una corrida furibunda contra el peso-, la inflación de este año 2023
termine en valores cercanos al 170%-180%.

     
En cuanto a la composición de la
medición de inflación en precios regulados (20% de la canasta), estacionales
(10% de la canasta) y núcleo (70% de la canasta) tienen asimetrías mes a mes,
aunque en la tendencia anual suelen equipararse. No obstante existe una
latencia que por la nominalidad exagerada pasa desapercibida: en el gobierno de
A. Fernandez los precios regulados contienen un atraso en su valor de ajuste
del 25% medido respecto del nivel general de precios, aunque ese retraso es
mayor (40% aprox) si se toma como referencia los precios relativos de los años
2018-2019. Una adecuación de esos precios relativos tendrá un impacto en todo
el resto de los precios, empujando aún más la inflación (similar a cómo operan
las devaluaciones del dólar oficial sobre el resto de los precios de la
economía).

COYUNTURA INFLACIONARIA – IPC agos-23 12,4%

 

Opinión sobre
la coyuntura inflacionaria

Diego Dequino

06/09/2023

     
La inflación minorista en agosto
nacional seguramente arrojará valores cercanos al 12%. Dicho valor casi duplica
la inflación del mes anterior julio y eso es un salto significativo en los
precios que no se puede soslayar.

     
Los valores de inflación en
septiembre seguramente seguirán en porcentajes similares, pero en octubre al
ser el mes de las elecciones es muy probable que algunos precios se disparen
aún más. Algunos sectores de actividad económica intentarán cubrirse antes del
resultado de la elección del 22-oct.

     
Si agosto y septiembre fueran
meses típicos de una serie anual, estaríamos ya en 300% anual de inflación.

     
No obstante lo más probable es que
-si no hay una corrida furibunda contra el peso-, la inflación de este año 2023
termine en valores cercanos al 170%-180%.

     
En cuanto a la composición de la
medición de inflación en precios regulados (20% de la canasta), estacionales
(10% de la canasta) y núcleo (70% de la canasta) tienen asimetrías mes a mes,
aunque en la tendencia anual suelen equipararse. No obstante existe una
latencia que por la nominalidad exagerada pasa desapercibida: en el gobierno de
A. Fernandez los precios regulados contienen un atraso en su valor de ajuste
del 25% medido respecto del nivel general de precios, aunque ese retraso es
mayor (40% aprox) si se toma como referencia los precios relativos de los años
2018-2019. Una adecuación de esos precios relativos tendrá un impacto en todo
el resto de los precios, empujando aún más la inflación (similar a cómo operan
las devaluaciones del dólar oficial sobre el resto de los precios de la
economía).

La sociedad, lentamente, se acostumbra a niveles cada vez más altos de inflación

ARGENTINA
Y EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA


Diego Dequino

07/07/2023

(especial para  La Voz del Interior) 

Según la bibliografía, si una rana es puesta en una
olla con agua que se lleva a ebullición lentamente, no percibirá el peligro y
se cocerá hasta la muerte.

 

Esta metáfora de incapacidad y falta de voluntad para
reaccionar conscientemente a las amenazas que surgen gradualmente, en vez de
otras que surgen de repente, aplica nuestro país en materia económica.

 

Los registros y cifras en materia económica para la
Argentina del año 2023 expresan valores que bordean el descontrol monetario y
cambiario, aunque la cotidianeidad luce una calma tensamente administrada.

 

Inflación, dólar, pobreza y actividad económica
ingresaron en una nueva etapa de valores que empujan nuestra capacidad de
asombro hasta límites insospechados meses atrás.

 

Como la rana en la olla, endurecer nuestra capacidad
para resistir el daño que nos producen esos valores en nuestra piel de
ciudadanos, no implica que la situación mejore sino que nos ocurre lo
contrario.

 

La inflación que calienta la economía

 

En el año 2022 la inflación anual rozó el 100%, nos
acostumbramos a una inflación mensual del 6%.

 

Esa cifra es algo así como doce veces más que la
inflación de cualquier país comparable en este siglo XXI.

 

Durante el año 2023 la inflación mensual promedia casi
7,5%, es decir casi 140% anual, o veintidós veces la inflación de cualquier
país comparable.

 

La inflación aumentó del 6% al 7,5% mensual en un
semestre, es decir más del 20%.

 

La conciencia de esta situación cobra fuerza cuando
evolucionamos a la siguiente pregunta obligada ¿cómo podrá encontrarnos los
próximos meses en materia de inflación? si no hay una corrección en la
tendencia.

 

Imaginar alternativas para esa respuesta seguramente
asombrará a más de uno.

 

      Si la inflación mensual
escala al 10% mensual, algo probable, la inflación anual escalaría a más del
200%.

      Si la inflación mensual
alcanza 15% mensual, algo menos probable pero no imposible, la inflación anual
escalaría a más del 400%.

      Si la inflación mensual
subiera al 20% mensual, esperemos que no aunque no parece descabellado, la
inflación anual escalaría al 800%.

 

¿Hiperinflación sí o hiperinflación no? Es irrelevante
ya la pregunta, porque como se advierte la palabra hiperinflación está inserta
en todos los escenarios.

 

Las preguntas correctas ¿Cuánto dura? ¿Hasta qué nivel
llega? y ¿Cuánto daño produce? esa hiperinflación.

 

Las respuestas podrán obtenerse de forma posterior vía
análisis forense, cuando la Argentina salga de esta coyuntura de nominalidad
desmesurada recién podremos evaluar las consecuencias.

 

La emisión de
pesos es hoy el combustible de la inflación

Luego de casi cuatro años de soltar la emisión de
dinero por fuera de cualquier pauta cuantitativa, la fuente fundamental que
alimenta el proceso de muy alta inflación actual es la emisión desmesurada de
pesos por encima de la demanda que reclaman empresas y ciudadanos.

Los precios
minoristas acumulan desde el inicio de la cuarentena en marzo de 2020, 456% de
aumento, es decir que los precios en poco más de tres años se multiplicaron por
5,5 veces.

Al revisar la
emisión de pesos, la situación es aún más exagerada.

En 1.200 días
transcurridos desde el inicio de la cuarentena COVID19, la cantidad de dinero
para pagos aumentó a un ritmo de $11 mil millones de pesos diarios o U$D 40
millones por día al tipo de cambio oficial minorista actual.

La Oferta de
Dinero Ampliada (M2) creció al mismo ritmo de la propia inflación
multiplicándose por 5,3 veces, pasando de $3 billones a $16 billones.

Pero la particularidad
es que apenas el 30% de dicho crecimiento fue a créditos para privados, porque
el 70% se lo quedó el propio Estado.

Con las Leliq,
que son los pesos que nadie quiere en su poder, el Banco Central encontró la
manera de emitir dinero unilateralmente por encima de lo que familias y
empresas desean, logrando que no circulen.

Los registros
son elocuentes, las Leliq aumentaron $12 mil millones por día o U$D 45 millones
diarios al tipo de cambio oficial minorista actual.

Las Leliq
aumentaron desde $1,3 billones a $15,8 billones, es decir 1.100%
multiplicándose 12 veces su valor nominal.

El Banco
Central paga para ello un descabellado interés del 140% anual, que produce una
acumulación de energía suficiente para impulsar la expansión del dinero hasta
fronteras inimaginables.

Liberar el
dinero atrapado por las Leliq equivale a que los billetes circulantes se
multiplicarían cinco veces.

La trampa,
entonces, está en que si deja de golpe de alimentar esa expansión desenfrenada
se producirá un verdadero big bang de precios de bienes y del valor del dólar
(1989, 1991).

Apagar el fuego
de las Leliq sin extinguirnos

Las Leliq
crecieron a un ritmo diario igual a los ingresos fiscales diarios sumados de
cuatro provincias grandes: Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos.

Los gobiernos
de esas cuatro provincias podrían dejar de cobrar impuestos y vivir de imprimir
billetes si el Banco Central les cediera sus derechos de franquicia exclusiva,
que posee en todo el territorio nacional para emitir dinero.

Sin dudas que
la agenda de problemas y obstáculos que deberá afrontar el próximo gobierno
nacional son variados, extensos y sumamente desafiantes en materia económica,
pero la urgencia ya tiene nombre.

Se tratará de
encontrar lo más pronto posible la manera de desarmar las Leliq, apagar esa
energía monetaria contenida antes de que ocurra un big bang de precios.

Las cartas
están echadas, logramos disminuir progresivamente el fuego hasta que el agua se
enfríe o la rana será hervida sin siquiera enterarse.

 

 

La sociedad, lentamente, se acostumbra a niveles cada vez más altos de inflación

ARGENTINA
Y EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA


Diego Dequino

07/07/2023

(especial para  La Voz del Interior) 

Según la bibliografía, si una rana es puesta en una
olla con agua que se lleva a ebullición lentamente, no percibirá el peligro y
se cocerá hasta la muerte.

 

Esta metáfora de incapacidad y falta de voluntad para
reaccionar conscientemente a las amenazas que surgen gradualmente, en vez de
otras que surgen de repente, aplica nuestro país en materia económica.

 

Los registros y cifras en materia económica para la
Argentina del año 2023 expresan valores que bordean el descontrol monetario y
cambiario, aunque la cotidianeidad luce una calma tensamente administrada.

 

Inflación, dólar, pobreza y actividad económica
ingresaron en una nueva etapa de valores que empujan nuestra capacidad de
asombro hasta límites insospechados meses atrás.

 

Como la rana en la olla, endurecer nuestra capacidad
para resistir el daño que nos producen esos valores en nuestra piel de
ciudadanos, no implica que la situación mejore sino que nos ocurre lo
contrario.

 

La inflación que calienta la economía

 

En el año 2022 la inflación anual rozó el 100%, nos
acostumbramos a una inflación mensual del 6%.

 

Esa cifra es algo así como doce veces más que la
inflación de cualquier país comparable en este siglo XXI.

 

Durante el año 2023 la inflación mensual promedia casi
7,5%, es decir casi 140% anual, o veintidós veces la inflación de cualquier
país comparable.

 

La inflación aumentó del 6% al 7,5% mensual en un
semestre, es decir más del 20%.

 

La conciencia de esta situación cobra fuerza cuando
evolucionamos a la siguiente pregunta obligada ¿cómo podrá encontrarnos los
próximos meses en materia de inflación? si no hay una corrección en la
tendencia.

 

Imaginar alternativas para esa respuesta seguramente
asombrará a más de uno.

 

      Si la inflación mensual
escala al 10% mensual, algo probable, la inflación anual escalaría a más del
200%.

      Si la inflación mensual
alcanza 15% mensual, algo menos probable pero no imposible, la inflación anual
escalaría a más del 400%.

      Si la inflación mensual
subiera al 20% mensual, esperemos que no aunque no parece descabellado, la
inflación anual escalaría al 800%.

 

¿Hiperinflación sí o hiperinflación no? Es irrelevante
ya la pregunta, porque como se advierte la palabra hiperinflación está inserta
en todos los escenarios.

 

Las preguntas correctas ¿Cuánto dura? ¿Hasta qué nivel
llega? y ¿Cuánto daño produce? esa hiperinflación.

 

Las respuestas podrán obtenerse de forma posterior vía
análisis forense, cuando la Argentina salga de esta coyuntura de nominalidad
desmesurada recién podremos evaluar las consecuencias.

 

La emisión de
pesos es hoy el combustible de la inflación

Luego de casi cuatro años de soltar la emisión de
dinero por fuera de cualquier pauta cuantitativa, la fuente fundamental que
alimenta el proceso de muy alta inflación actual es la emisión desmesurada de
pesos por encima de la demanda que reclaman empresas y ciudadanos.

Los precios
minoristas acumulan desde el inicio de la cuarentena en marzo de 2020, 456% de
aumento, es decir que los precios en poco más de tres años se multiplicaron por
5,5 veces.

Al revisar la
emisión de pesos, la situación es aún más exagerada.

En 1.200 días
transcurridos desde el inicio de la cuarentena COVID19, la cantidad de dinero
para pagos aumentó a un ritmo de $11 mil millones de pesos diarios o U$D 40
millones por día al tipo de cambio oficial minorista actual.

La Oferta de
Dinero Ampliada (M2) creció al mismo ritmo de la propia inflación
multiplicándose por 5,3 veces, pasando de $3 billones a $16 billones.

Pero la particularidad
es que apenas el 30% de dicho crecimiento fue a créditos para privados, porque
el 70% se lo quedó el propio Estado.

Con las Leliq,
que son los pesos que nadie quiere en su poder, el Banco Central encontró la
manera de emitir dinero unilateralmente por encima de lo que familias y
empresas desean, logrando que no circulen.

Los registros
son elocuentes, las Leliq aumentaron $12 mil millones por día o U$D 45 millones
diarios al tipo de cambio oficial minorista actual.

Las Leliq
aumentaron desde $1,3 billones a $15,8 billones, es decir 1.100%
multiplicándose 12 veces su valor nominal.

El Banco
Central paga para ello un descabellado interés del 140% anual, que produce una
acumulación de energía suficiente para impulsar la expansión del dinero hasta
fronteras inimaginables.

Liberar el
dinero atrapado por las Leliq equivale a que los billetes circulantes se
multiplicarían cinco veces.

La trampa,
entonces, está en que si deja de golpe de alimentar esa expansión desenfrenada
se producirá un verdadero big bang de precios de bienes y del valor del dólar
(1989, 1991).

Apagar el fuego
de las Leliq sin extinguirnos

Las Leliq
crecieron a un ritmo diario igual a los ingresos fiscales diarios sumados de
cuatro provincias grandes: Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos.

Los gobiernos
de esas cuatro provincias podrían dejar de cobrar impuestos y vivir de imprimir
billetes si el Banco Central les cediera sus derechos de franquicia exclusiva,
que posee en todo el territorio nacional para emitir dinero.

Sin dudas que
la agenda de problemas y obstáculos que deberá afrontar el próximo gobierno
nacional son variados, extensos y sumamente desafiantes en materia económica,
pero la urgencia ya tiene nombre.

Se tratará de
encontrar lo más pronto posible la manera de desarmar las Leliq, apagar esa
energía monetaria contenida antes de que ocurra un big bang de precios.

Las cartas
están echadas, logramos disminuir progresivamente el fuego hasta que el agua se
enfríe o la rana será hervida sin siquiera enterarse.

 

 

La sociedad, lentamente, se acostumbra a niveles cada vez más altos de inflación

ARGENTINA
Y EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA


Diego Dequino

07/07/2023

(especial para  La Voz del Interior) 

Según la bibliografía, si una rana es puesta en una
olla con agua que se lleva a ebullición lentamente, no percibirá el peligro y
se cocerá hasta la muerte.

 

Esta metáfora de incapacidad y falta de voluntad para
reaccionar conscientemente a las amenazas que surgen gradualmente, en vez de
otras que surgen de repente, aplica nuestro país en materia económica.

 

Los registros y cifras en materia económica para la
Argentina del año 2023 expresan valores que bordean el descontrol monetario y
cambiario, aunque la cotidianeidad luce una calma tensamente administrada.

 

Inflación, dólar, pobreza y actividad económica
ingresaron en una nueva etapa de valores que empujan nuestra capacidad de
asombro hasta límites insospechados meses atrás.

 

Como la rana en la olla, endurecer nuestra capacidad
para resistir el daño que nos producen esos valores en nuestra piel de
ciudadanos, no implica que la situación mejore sino que nos ocurre lo
contrario.

 

La inflación que calienta la economía

 

En el año 2022 la inflación anual rozó el 100%, nos
acostumbramos a una inflación mensual del 6%.

 

Esa cifra es algo así como doce veces más que la
inflación de cualquier país comparable en este siglo XXI.

 

Durante el año 2023 la inflación mensual promedia casi
7,5%, es decir casi 140% anual, o veintidós veces la inflación de cualquier
país comparable.

 

La inflación aumentó del 6% al 7,5% mensual en un
semestre, es decir más del 20%.

 

La conciencia de esta situación cobra fuerza cuando
evolucionamos a la siguiente pregunta obligada ¿cómo podrá encontrarnos los
próximos meses en materia de inflación? si no hay una corrección en la
tendencia.

 

Imaginar alternativas para esa respuesta seguramente
asombrará a más de uno.

 

      Si la inflación mensual
escala al 10% mensual, algo probable, la inflación anual escalaría a más del
200%.

      Si la inflación mensual
alcanza 15% mensual, algo menos probable pero no imposible, la inflación anual
escalaría a más del 400%.

      Si la inflación mensual
subiera al 20% mensual, esperemos que no aunque no parece descabellado, la
inflación anual escalaría al 800%.

 

¿Hiperinflación sí o hiperinflación no? Es irrelevante
ya la pregunta, porque como se advierte la palabra hiperinflación está inserta
en todos los escenarios.

 

Las preguntas correctas ¿Cuánto dura? ¿Hasta qué nivel
llega? y ¿Cuánto daño produce? esa hiperinflación.

 

Las respuestas podrán obtenerse de forma posterior vía
análisis forense, cuando la Argentina salga de esta coyuntura de nominalidad
desmesurada recién podremos evaluar las consecuencias.

 

La emisión de
pesos es hoy el combustible de la inflación

Luego de casi cuatro años de soltar la emisión de
dinero por fuera de cualquier pauta cuantitativa, la fuente fundamental que
alimenta el proceso de muy alta inflación actual es la emisión desmesurada de
pesos por encima de la demanda que reclaman empresas y ciudadanos.

Los precios
minoristas acumulan desde el inicio de la cuarentena en marzo de 2020, 456% de
aumento, es decir que los precios en poco más de tres años se multiplicaron por
5,5 veces.

Al revisar la
emisión de pesos, la situación es aún más exagerada.

En 1.200 días
transcurridos desde el inicio de la cuarentena COVID19, la cantidad de dinero
para pagos aumentó a un ritmo de $11 mil millones de pesos diarios o U$D 40
millones por día al tipo de cambio oficial minorista actual.

La Oferta de
Dinero Ampliada (M2) creció al mismo ritmo de la propia inflación
multiplicándose por 5,3 veces, pasando de $3 billones a $16 billones.

Pero la particularidad
es que apenas el 30% de dicho crecimiento fue a créditos para privados, porque
el 70% se lo quedó el propio Estado.

Con las Leliq,
que son los pesos que nadie quiere en su poder, el Banco Central encontró la
manera de emitir dinero unilateralmente por encima de lo que familias y
empresas desean, logrando que no circulen.

Los registros
son elocuentes, las Leliq aumentaron $12 mil millones por día o U$D 45 millones
diarios al tipo de cambio oficial minorista actual.

Las Leliq
aumentaron desde $1,3 billones a $15,8 billones, es decir 1.100%
multiplicándose 12 veces su valor nominal.

El Banco
Central paga para ello un descabellado interés del 140% anual, que produce una
acumulación de energía suficiente para impulsar la expansión del dinero hasta
fronteras inimaginables.

Liberar el
dinero atrapado por las Leliq equivale a que los billetes circulantes se
multiplicarían cinco veces.

La trampa,
entonces, está en que si deja de golpe de alimentar esa expansión desenfrenada
se producirá un verdadero big bang de precios de bienes y del valor del dólar
(1989, 1991).

Apagar el fuego
de las Leliq sin extinguirnos

Las Leliq
crecieron a un ritmo diario igual a los ingresos fiscales diarios sumados de
cuatro provincias grandes: Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos.

Los gobiernos
de esas cuatro provincias podrían dejar de cobrar impuestos y vivir de imprimir
billetes si el Banco Central les cediera sus derechos de franquicia exclusiva,
que posee en todo el territorio nacional para emitir dinero.

Sin dudas que
la agenda de problemas y obstáculos que deberá afrontar el próximo gobierno
nacional son variados, extensos y sumamente desafiantes en materia económica,
pero la urgencia ya tiene nombre.

Se tratará de
encontrar lo más pronto posible la manera de desarmar las Leliq, apagar esa
energía monetaria contenida antes de que ocurra un big bang de precios.

Las cartas
están echadas, logramos disminuir progresivamente el fuego hasta que el agua se
enfríe o la rana será hervida sin siquiera enterarse.